Estamos muy acostumbrados a pensar en “maquillaje” y rápidamente asociarlo a una fiesta o evento social. Pero hay una especialidad -el maquillaje terapéutico- donde la intervención también es estética, pero va más allá: se vuelve una opción para dar dignidad y bienestar emocional a una persona que -usualmente- está atravesando una enfermedad grave o terminal.
“Terapéutico” es, justamente, el maquillaje al que se dedica Claudia Eboli en el Maria Curie, el hospital oncológico porteño. “Esta opción la usamos para ayudar a los enfermos a reconectar con su imagen que, muchas veces, se va perdiendo en tratamiento oncológico. Y también en la locura o en el encierro”, le explicó a PERFIL.
Claudia es la fundadora y directora del “Programa Maquillaje Terapéutico” que funciona en el hospital Maria Curie, y también concurre a ayudar y a dar cursos en el Hospital Borda, “porque el aspecto se puede perder en la enfermedad grave, pero también en la cárcel o en una institución psiquátrica. Y nuestro grupo trabaja en esos tres ámbitos, siempre tratando de que la persona afectada se reconecte con la que fue y pueda mirarse al espejo con tranquilidad”.
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Eboli hace esta tarea voluntaria desde hace ya catorce años; una vez por semana, trabajan cuatro o cinco horas en los diferentes pabellones del hospital. “Es voluntariado en serio. No solo no cobramos nada, sino que solemos poner nuestros propios materiales de trabajo, cremas, pinceles, viáticos. Todo”, cuenta con sencillez. Y en cada “sesión” pueden estar entre 15 y 20 minutos con cada paciente. Al final del día, trabajaron con una treintena de personas internadas o en el hospital de día.
—¿Cómo empezaste?
—Fue algo personal Yo trabajaba en la Hemeroteca de la Legislatura Porteña y tuve una patología cardíaca grave. Ahí vi en carne propia cómo cambiaba el color y la textura de mi piel. Y -sobre todo- noté cómo eso se reflejaba en la mirada de mis compañeros y colegas. Obviamente, en oncología pasa algo similar; ya sea por la enfermedad o por los mismos tratamientos, sobreviene cierta palidez, aparecen manchas, hematomas. Yo justo había terminado un curso de maquillaje cuando tuve dos operaciones complejas y ahí sentí el tema en carne propia. Luego de curarme, en lugar de dedicarme al maquillaje social, empecé a hacer este formato “terapéutico”.
—¿Y cómo siguió?
—Es una especialidad difícil por varias cosas. Por ejemplo, no hay material ni profesores de estos temas. Yo empecé a tomar diferentes clases de perfeccionamiento y fui aprendiendo y desarrollando las técnicas mientras hacía el voluntariado. Además, no se trata solo de maquillar. También tuve que aprender, con psicólogos, cómo manejarme con los pacientes graves o terminales. Todo eso requiere de técnicas, como mantener la “distancia operativa”, para que podamos hacer un trabajo tan comprometido en forma cotidiana, sin terminar afectados personalmente. Algo parecido a lo que hacen los médicos y enfermeras que se ocupan de estas salas. Además, hay que respetar los tiempos y modos de la persona enferma, que son otros.

VOLUNTARIA. Claudia Eboli, trabaja todas las semanas en el Hospital Maria Curie de Caba.
Crecimiento del equipo
De a poco, gracias al trabajo constante de Claudia, comenzaron a aparecer otras voluntarias que querían aprender. Así, comenzó a dar cursos presenciales y también online de maquillaje terapéutico.
“No es fácil”, asegura. “Porque, como es un voluntariado total, es un tema en el que hay mucha rotación. Los voluntarios se quedan, en promedio, un par de años y luego suelen dejar muchas veces de ir a los hospitales por tener que tomar algún trabajo rentado. Además, es una opción cara de sostener porque no cobramos nada, ni los materiales, y tampoco es común recibir donaciones”. Así y todo, calcula que en estos tres lustros ya pasaron por sus clases unas 550 maquilladoras terapéuticas. En forma previsible, la casi totalidad de sus exalumnos son mujeres.
Claudia se especializa en el maquillaje de pacientes que están en cuidados paliativos. “No solo buscamos que estas personas puedan verse en un espejo sin sufrir, sino también, muchas veces, que puedan despedirse de sus familiares en un entorno de respeto y dignidad”.
“Hoy”, cuenta, “tenemos una alta tasa de personas jóvenes con cáncer que se despiden no solo de sus padres, sino también de sus hijos. Nosotras intervenimos con maquillaje para colaborar con algo así como la última foto, y es importante que se vean bien, sobre todo si tienen chicos pequeños. Es una forma de sumar y estar mejor preparados para despedirse y que puedan hacerlo de una manera amorosa”, afirma.

—¿Cómo sentís que mejorás la calidad de vida de estas personas?
—Cuando le escuchás a la paciente decir: “Esta soy yo.” Ahí te das cuenta de que le recuperaste su imagen. Por supuesto, esta tarea es algo de dos vías. “Hacer este tipo de maquillaje me enseñó mucho. Trabajar con pacientes graves y en relación con la muerte te ayuda a perderle el miedo, a desdramatizarla, a saber que la vida sigue”. Es algo que ayuda a los demás, pero también a nosotros”.
Un libro de experiencias
Para poder contar en detalle su experiencia de vida, Claudia acaba de terminar de escribir “Maquillaje terapéutico: un legado detrás de mi pasión”, un libro donde cuenta su camino y sus aprendizajes en este rubro. “Está ahí cómo y por qué comencé, quiénes me ayudaron, cómo hice los cursos y desarrollé la idea, etc.”. Para más adelante, planea sacar otras ediciones más técnicas, con las bases, consejos y los tips para seguir divulgando a todos los interesados en sumarse a este voluntariado los secretos del maquillaje terapéutico.
Algo llamativo que cuenta Claudia es que en muchas instituciones médicas especializadas en oncología, sobre todo en las provincias, no suele ser fácil el acceso de las maquilladoras. “En los lugares de punta en tratamientos de oncología, las autoridades, los médicos y todo el equipo de salud nos entienden, nos estimulan y nos ayudan en el trabajo. Pero muchas veces nuestras voluntarias han tenido problemas para acceder a los pacientes en otros lugares menos especializados. O en geriátricos y hospicios. Es como si a muchos médicos este tema les molestara. Es raro, pero me ha pasado cantidad de veces. De hecho, es una especialidad que todavía tiene poca difusión en el mundo. Solo en EE.UU. es algo bastante común y conocido por el sistema. Pero en otros países, incluso de Europa, a veces se nos ponen trabas y dificultades, pese a que nuestro trabajo ayuda mucho a mejorar la calidad de vida de esas personas.








