Cuando Haruki Murakami se sienta a escribir no tiene idea de lo que va a pasar. La confesión parece sorprendente viniendo de un novelista experimentado, en particular un ícono literario mundial que ha escrito más de 40 libros y vendido decenas de millones de ejemplares en docenas de idiomas. Pero al cabo de casi medio siglo de iniciada su carrera, el proceso creativo de Murakami sigue siendo un misterio, incluso para él.
“No tengo ningún plan, simplemente escribo, y mientras escribo suceden cosas extrañas de forma muy natural, muy automática”, dijo en diciembre durante una entrevista en Nueva York.
“Cada vez que escribo ficción entro en otro mundo —quizá podríamos llamarlo subliminal— y en ese mundo puede suceder cualquier cosa”, continuó. “Veo allí muchísimas cosas y después vuelvo a este mundo real y las escribo».
No se considera estilista de prosa magistral ni narrador brillante. En sus relatos su única habilidad es la capacidad de viajar entre mundos y luego rendir cuentas.
«No creo ser artista exactamente. Creo que soy una persona común y corriente», comentó. «No soy un genio ni tampoco muy inteligente, pero puedo hacer eso; puedo descender a ese mundo.»
Afinidad por las cuevas
Murakami y yo nos encontramos en el cavernoso bar subterráneo de un hotel en Midtown Manhattan, entorno que nos pareció extrañamente apropiado dada la afinidad de él por las cuevas y los túneles que es motivo recurrente en su obra. A las 10 de la mañana el lugar estaba inquietantemente vacío. Contra la pared jugueteaban patrones de luz geométricos.
Vestido informalmente con un buzo con capucha y zapatillas, él parecía sentirse como en casa en la penumbra. Permanecía casi inmóvil, sentado —su mirada desviándose de vez en cuando hacia arriba, como para capturar un pensamiento flotante—, y hablaba despacio, pausada y reflexivamente, respondiendo sobre todo en inglés.
No le gusta aparecer en público y tampoco parece entusiasmarlo hablar de sí mismo ni del significado de su obra. Evita salir en televisión, aunque ha sido grabado en video sin saberlo. Pero en diciembre, a regañadientes, pronunció dos discursos abiertos en Nueva York ante un auditorio numeroso y entusiasmado.
“No soy bueno para hacer vida social y por eso no disfruto de ir a fiestas ni dar discursos, pero a veces tengo que hacerlo”, explicó. “El resto del año estoy en casa, trabajando. Soy bastante adicto al trabajo«.
Durante un evento en el salón de conciertos del Town Hall de Nueva York, el 11 de diciembre habló ante un auditorio abarrotado sobre la globalización de la literatura y la cultura japonesas, evolución que él mismo contribuyó a producir. A principios de esa misma semana pronunció unas breves palabras al aceptar el premio a la trayectoria del Center for Fiction, que recibió de la música y escritora Patti Smith. (A las personas invitadas a la gala se les indicó que no tomaran fotos ni videos de Murakami.)
Murakami terminó de escribir una nueva novela, que actualmente se está traduciendo al inglés. Es la primera que escribe principalmente desde la perspectiva de una mujer. Foto: Dana Scruggs para The New York TimesEl autor agradeció a su esposa desde hace más de 50 años, que, según dio a saber él, es su primera lectora y a menudo su editora más exigente. Y recordó que cuando firmó su primer libro en Estados Unidos décadas atrás solo acudió un grupito de gente.
«Me acuerdo de estar sentado con una lapicera en la mano y sin nada que hacer», confió al público. «Fue una de las horas más largas de mi vida.»
Hoy sería impensable una recepción tan tibia. Murakami es de esos pocos escritores con una reputación literaria imponente que además goza de inmensa popularidad entre lectores de todo el mundo. Sus novelas nuevas se celebran con fiestas de lanzamiento a medianoche en las que multitudes de superfans se reúnen en las librerías para comprar ejemplares apenas salen a la venta. Parte de sus fans ha creado listas de reproducción con temas musicales a los que él ha hecho referencia y han publicado libros de cocina basados en la comida de sus novelas. Incluso hay una cuenta en X dedicada exclusivamente a menciones de espaguetis en su obra.
Murakami ha ganado una serie de galardones literarios internacionales importantes, como el Premio Franz Kafka y el Premio Jerusalén y se lo considera candidato perenne al Premio Nobel. «A estas alturas simplemente nos reímos de la cuestión», señaló Amanda Urban, agente literaria de Murakami, en relación con la ola de llamadas anticipadas que recibe cada mes de octubre cerca de la fecha del Nobel.
“Siempre es agradable que el Nobel se le otorgue a alguien que pueda aprovechar el poder que hay detrás de él, pero creo que Haruki ya lo tiene”, observó Urban. “Su obra les habla a lectores a través de todas las fronteras, de todos los idiomas, de todas las culturas y de una forma que nunca he visto que lo consiga otro autor».
Más de seis millones de ejemplares
En Estados Unidos, donde se han vendido más de seis millones de ejemplares de sus libros, Murakami tiene una serie de lanzamientos próximos. Este otoño, el sello editorial Knopf publicará Abandoning a Cat (Abandonando un gato), una obra corta y conmovedora sobre la relación de Murakami con el padre. El sello planea publicar un libro sobre su colección de discos de música clásica el año que viene. También está reeditando sus trabajos más antiguos, que siguen teniendo gran demanda, con portadas nuevas.
A los 77 años el escritor sigue siendo notablemente prolífico. Hace poco terminó una nueva novela que se publicará en Japón este verano y actualmente se está traduciendo al inglés.
El autor japonés Haruki Murakami hizo dos apariciones públicas en Estados Unidos el mes pasado, algo poco habitual, incluida una ceremonia en la que se reconoció su trayectoria. Foto: Dana Scruggs para The New York TimesEscribió gran parte de ella el año pasado tras recuperarse de una enfermedad seria de la que no quiso dar detalles, que lo mantuvo hospitalizado durante un mes y le hizo perder alrededor de 18 kilos. Estar enfermo fue una experiencia desconcertante para él, que habitualmente corre una hora por día, porque le costaba caminar. En la etapa aguda de la enfermedad no tenía ganas de escribir. Una vez recuperado sintió alivio al descubrir que las ganas no lo habían abandonado.
“Es una especie de resurrección”, opinó sobre la escritura de la novela nueva. “Volví».
La historia que se le ocurrió le pareció diferente a su obra anterior, más optimista, precisó. También le resulta un territorio nuevo, ya que es su primera novela encarada principalmente desde la perspectiva de una mujer. Murakami, que ha sido criticado por gente que considera a sus personajes femeninos unidimensionales, marginales y excesivamente sexualizados, manifestó que había encontrado diferente escribir desde el punto de vista de una mujer joven, pero sorprendentemente natural.
“Me convertí en ella”, afirmó. Se mostró reacio a revelar mayormente la trama, salvo para mencionar que Kaho, la joven protagonista de la historia, es dibujante e ilustradora de libros infantiles y que las cosas toman un giro extraño.
“Es una chica muy común, ni muy bonita ni muy inteligente”, dijo, “pero le pasan muchísimas cosas extrañas, y también ocurren a su alrededor». Al preguntarle qué tipo de cosas extrañas ocurren sonrió. «Es un secreto», contestó.
Las historias de Murakami suelen comenzar en un escenario cotidiano: una mujer atrapada en un embotellamiento de tráfico al principio de 1Q84, o el narrador que cocina espaguetis al principio de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Después las cosas pasan a ser una realidad paralela, onírica.
Aun así, ni siquiera sus argumentos más extraños se leen como fantasías. En todo caso se los percibe hiperrealistas, arraigados en detalles minuciosos de la vida cotidiana que parecen comunes y corrientes pero que se vuelven misteriosos.
«Empieza en nuestro mundo y luego te lleva al suyo», destacó Lexy Bloom, la editora de Murakami en Knopf. «Ni siquiera te das cuenta de que estás ahí, simplemente te has dejado llevar por él.»
Un alumno indiferente
Murakami no se sentía destinado a ser escritor. Criado en los suburbios de Kobe y Osaka, hijo único de dos docentes, quería ser músico, pero no se atrevía a practicar. Fue un alumno mediocre e indiferente, sobre todo en lo relacionado con la literatura japonesa.
“Sinceramente, no leía nada de literatura japonesa en mi adolescencia porque mis padres enseñaban literatura japonesa, así que yo la odiaba”, aclaró. En cambio, leía obras de escritores estadounidenses como Hemingway, Capote y Scott Fitzgerald, y clásicos rusos como Crimen y castigo y Los hermanos Karamázov de Dostoievski.
Incluso más que a los libros que ha leído le atribuye la formación de su escritura a su amor por la música (posee un gusto ecléctico y una extensa colección de discos de vinilo): «He aprendido muchas cosas de la buena música: ritmo constante, melodía y armonía hermosas, la improvisación libre del jazz».
A sus veintitantos años abrió un club de jazz llamado Peter Cat en el oeste de Tokio. Llevaba varios años a cargo del lugar cuando, un día que había ido a ver un partido de béisbol, decidió escribir una novela por capricho. Al darse cuenta de que le costaba escribir, intentó primero hacerlo en inglés y luego traducirlo al japonés. Componer las frases en inglés le ayudó a dominar el remolino de sus pensamientos y a desarrollar su estilo sobrio y sin adornos.
Presentó su única copia mecanografiada de la novela Escucha la canción del viento a un premio literario para escritores noveles. Ganó y la novela se publicó en Japón en 1979, cuando él tenía 30 años.
Desde que escribe, también ha traducido libros del inglés al japonés, entre ellos obras de grandes autores del siglo XX como Raymond Chandler, J.D. Salinger y Raymond Carver. Recientemente terminó de traducir el volumen de relatos de Andre Dubus Adultery and Other Choices (aproximadamente, Adulterio y otras opciones) y planea centrarse próximamente en la obra de Dashiell Hammett, según comentó. A menudo recurre a la traducción cuando se aburre de su propia escritura y sostiene que le ayuda a mantener la mente ágil y lo pone en contacto con diferentes estilos.
“Utilizo una parte diferente de mi cerebro”, apuntó. “Se puede aprender muchísimas cosas del trabajo de traducción. Se puede estar en el lugar de otras personas».
Su reputación internacional creció rápidamente a principios de la década de 1980 cuando estuvo traducida al inglés La caza del carnero salvaje, novela surrealista acerca de un ejecutivo publicitario de Tokio en busca de un ovino mítico que fue muy elogiada en Estados Unidos.
En su país natal, sin embargo, a Murakami lo trataron como a un paria literario al principio de su carrera, aun cuando el público lector se volcaba en masa a sus libros. La crítica lo castigó duramente por estar demasiado influenciado por la literatura occidental y menospreció sus tramas fantásticas y su prosa sencilla, considerándolas infantiles. Dolido por las evaluaciones adversas el novelista se mudó al extranjero por varios años; vivió en Europa y Estados Unidos para escribir lo que quería, lejos del fragor de la crítica.
“Yo era una especie de oveja negra. Tenían la idea de que en literatura hay un camino principal y yo no estaba en él; pensaban que lo mío era una especie de espectáculo secundario. Así que no me encontraba muy cómodo en la escena literaria japonesa”, contó. “En aquella época yo sentía que la crítica prácticamente no podía decir cosas positivas sobre mí».
Estatura internacional
Eso fue cambiando a medida que su estatura internacional crecía y el público lector de literatura japonesa se ampliaba. El éxito de Murakami allanó el camino para escritores y escritoras de su país más jóvenes y más experimentales que alcanzaron reconocimiento internacional, como Yoko Tawada y Mieko Kawakami. A través de un correo electrónico, Kawakami se declaró maravillada por la capacidad de Murakami para “estimular los sentidos del lector, a menudo mediante metáforas que te permiten acceder a lo que parece un momento que nadie ha vivido antes”.
El autor japonés Haruki Murakami hizo dos apariciones públicas en Estados Unidos el mes pasado, algo poco habitual, incluida una ceremonia en la que se reconoció su trayectoria. Foto: Dana Scruggs para The New York TimesYoko Tawada empezó a leer a Murakami en la escuela secundaria y sintió que se encontraba con «una literatura completamente nueva», me escribió en un mail. Para ella, leer la prosa de Murakami «era exactamente como el viento que sopla desde una tierra extranjera lejana».
Hoy en día Haruki Murakami ya no se siente tan extraño en Japón. «Me hice mayor y la gente respeta a los mayores», concluyó.
En los últimos años su escritura ha adquirido una orientación más filosófica e inclinada a la reflexión, giro evidente en La ciudad y sus muros inciertos, que aborda la nostalgia de la juventud perdida y la inevitabilidad de la muerte.
“Encuentro una profundidad y una seriedad que nunca antes habíamos visto; algo más sustancial y, en definitiva, muy conmovedor”, expresó Philip Gabriel, uno de los traductores de Murakami desde hace largos años.
Últimamente Murakami ha estado felizmente inmerso en su rutina habitual: se despierta temprano para escribir, hace tareas domésticas como lavar platos y planchar, y corre.
“No sé cuántas novelas más podré escribir”, sopesó. “Siento que lograré hacer más, porque escribir ficción es maravilloso; es como explorarme a mí mismo. Aunque envejezco, todavía queda espacio para explorar».
© The New York Times / Traducción al español: Román García Azcárate










