Godoy Cruz tenía una misión clara para este encuentro: devolverle la ilusión a esa multitud de gente que colmó el Feliciano Gambarte. Pero, a su vez, Ciudad de Bolívar tenía su libreto clarísimo. No intimidarse por los pergaminos que trae el Tomba pese a haber descendido el año pasado. Y por eso el partido fue de ida y vuelta. Los mendocinos sabían que no debían ceder el protagonismo y las Águilas no se apichonaron contra un plantel que, por nombres, podría uno de Primera División.
Pero con el correr de los minutos, l a jerarquía del local empezó a pesar en el partido y dominó a Ciudad de Bolivar, mientras el visitante buscaba hacer daño a base de contras. Pero los de Toedtli se fueron a la charla en el vestuario con el tanteador a cero. Y en el complemento, comenzó la pesadilla de Godoy Cruz. Los murmullos ante cada pase errado y el nerviosismo desde las tribunas impactó y se contagió en la cancha. Y eso los condenó. Un saque desde el arco de Rufinetti terminó detrás de la defensa Tombina y Guillermo Sánchez fue más rápido que nadie, quedó mano a mano y la mandó a guardar. Desatención fatal.
Pero ese gol le hizo peor al que lo convirtió que al que lo recibió. Sí, porque Ciudad de Bolívar se replegó y se quedó visiblemente sin nafta. Y los jugadores de Godoy Cruz -ahora sí- en comunión con su gente, tomaron la posta y no pararon de atacar. Jugadas claras que milagrosamente no terminaron en gol fueron el aviso de lo que se vendría. Con una serie de carambolas, a falta de cinco minutos y monedas, Vicente Poggi empujó la pelota al fondo de la red. Bolívar estuvo cerca de meter el batacazo, pero el Tomba rescató un punto que, más que una unidad, es un alivio.














