Rusia ha lanzado un nuevo ataque combinado de drones y misiles contra Ucrania la madrugada de este martes, cuando está previsto que se retomen las negociaciones a tres bandas para el fin del conflicto. Kiev y Moscú, con la mediación de Washington, tienen en la agenda de la reunión programada en Ginebra para el martes y el miércoles —cuyo inicio previsto para el mediodía aún no se ha confirmado— asuntos como la cesión territorial que bloquea el avance de las conversaciones.
Según afirmó el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, este lunes, “esta vez, la idea es discutir un abanico más amplio de cuestiones, incluidas, de hecho, las principales. Las cuestiones principales se refieren tanto a los territorios como a todo lo demás relacionado con las demandas que hemos planteado”.
Las reuniones previstas en Suiza, que siguen a las rondas previas celebradas en Emiratos Árabes Unidos, están programadas a una semana de que se cumplan cuatro años del inicio de la invasión a gran escala, el próximo 24 de febrero. En Abu Dabi, las delegaciones lograron avanzar en asuntos técnicos militares para definir una estrategia de salida al conflicto, como mecanismos de retirada, alto el fuego y control del mismo.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ejerce presión en especial sobre Kiev. A bordo del Air Force One, Trump afirmó este lunes: “Bueno, tenemos grandes conversaciones. Va a ser muy fácil. Quiero decir, miren, hasta ahora, Ucrania más vale que se siente a la mesa rápido. Eso es todo lo que les digo”.
Los grandes escollos permanecen bloqueados. Especialmente la demanda rusa del 22% del territorio de Donetsk, en la región de Donbás, por el que pugna militarmente y que todavía no ha conseguido, y la gestión de la planta nuclear de Zaporiyia, en zona ocupada por Rusia. En otros asuntos del documento de 20 puntos sobre el que trabajan sí han logrado avances. Entre otras cuestiones, se establece que una parte del frente de guerra se congele en las provincias de Zaporiyia y Jersón. Los rusos se retirarían de las zonas que han ocupado en las provincias de Sumi, Járkov y Dnipropetrovsk. El ejército ucranio no podrá tener más de 800.000 soldados y Kiev renuncia a formar parte de la OTAN.
Como resultado tangible, en la segunda ronda de encuentros solo se cerró el intercambio de prisioneros de guerra. El canje, el primero de ese tipo después de cinco meses, permitió el regreso de 157 cautivos de cada lado. En esta ocasión se plantea también la posibilidad de acordar una tregua temporal sobre los ataques a las infraestructuras energéticas, en una semana en la que las temperaturas en Ucrania han vuelto a desplomarse al entorno de los -15ºC. Pese a las condiciones extremas, Moscú lanzó 365 drones y 24 misiles en la madrugada de este martes.
“Para que la paz sea real y justa, la acción debe dirigirse a la única fuente de esta agresión, porque es Moscú quien continúa con los asesinatos, los ataques masivos y las ofensivas”, ha afirmado el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, tras informar sobre los ataques este martes.
La delegación ucrania sigue estando encabezada por Rustem Umerov, secretario del Consejo de Seguridad y Defensa Nacional de Ucrania. El resto del equipo, según ha dicho él mismo, “ha sido formado teniendo en cuenta los componentes militares, políticos y de seguridad del proceso”. “El objetivo permanece inalterado: una paz sostenible y duradera”, ha afirmado en redes sociales.
Putin ha dado un giro en las conversaciones de paz y en vez de militares o diplomáticos de alto rango ha enviado esta vez como negociador jefe a una figura de perfil bajo que exaspera a los ucranios, Vladímir Medinski, responsable de la autoproclamada Unión de escritores de Rusia y justificador oficial del imperialismo ruso.
Autor de los propagandísticos libros de historia de los colegios rusos y acusado de falsear su currículum, Medinski es una de las “voces duras” del entorno del Kremlin. Con él al mando, las conversaciones de paz de Turquía del año pasado fracasaron estrepitosamente.
“No creo que podamos esperar ningún tipo de noticia hoy”, ha advertido Peskov antes del encuentro previsto el martes. “Como sabéis, está previsto que el trabajo continúe mañana y, realmente, será en un régimen cerrado a la prensa”, ha agregado el alto cargo.
Los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner representarán a la Administración Trump en las conversaciones. Esta semana tienen previsto celebrar en la misma ciudad suiza conversaciones con Irán.
Estados Unidos presiona a Ucrania para alcanzar un acuerdo antes del verano. Kiev hace equilibrismos para mostrar su disposición a negociar y no contrariar a Washington, que se ha mostrado impaciente. A la vez, se aferra a cuestiones que considera esenciales, como la firma de garantías de seguridad que le permitan garantizar que Moscú no retomará la ofensiva militar tras firmar un acuerdo.
Como dijo Zelenski, en una entrevista con Politico que reprodujo después en sus redes sociales, Estados Unidos quiere que primero se alcance un acuerdo y después, se firmen esas garantías. Zelenski, por el contrario, pide primero blindar la seguridad y sostenibilidad de la paz mediante la firma de garantías. “¿Qué hay que temer? No lo entiendo. Podemos firmar el documento sobre las garantías de seguridad para Ucrania con los líderes. Será una señal fuerte para la gente: Estados Unidos te ayudará y te apoyará, los europeos estarán contigo si Rusia vuelve de nuevo. Y después se puede hablar con los ucranianos sobre para qué están preparados”.
Tras un año de negociaciones infructuosas, Putin se acerca a un momento decisivo: seguir la guerra o renunciar a sus objetivos y dejar viva a Ucrania. La crisis económica rusa se ha agudizado en el último año pese a las afirmaciones optimistas de la propaganda rusa. Un tercio de los negocios dio números rojos el año pasado, la inflación sigue disparada y los cierres se han multiplicado con la subida generalizada de impuestos desde enero para la guerra. Según la agencia de estadísticas oficial Rosstat, los rusos viven al límite y solo la alimentación copa ya un 39% de sus ingresos.










