River fue a San Luis en busca de un alivio y, más allá del triunfo contra Ciudad de Bolívar, se llevó apenas un bálsamo. El penal agónico convertido por Juan Fernando Quintero, el único que dio la cara por el entrenador Marcelo Gallardo, significó apenas la clasificación a 16avos de final de la Copa Argentina. El «Muñeco» necesitó del pibe Joaquín Freitas, de 19 años, para encontrar el rebulsivo que necesitaba su equipo.
A continuación, el análisis uno por uno de la actuación de los futbolistas de River contra Ciudad de Bolívar, de la Primera Nacional.
El arquero de River casi no tuvo trabajo, pero en los pocos intentos del conjunto bonaerense, mostró seguridad.
Muchos más activo en ofensiva que en defensa, donde eligieron atacarlo poco. Le faltó decisión en el último cuarto de la cancha, pero siempre se mostró y pidió intervención con la pelota.
Lo castigaron bastante al marcador central, que en varias acciones tuvo que equilibrar el desequilibrio del medio en los contragolpes del rival.
El chileno sufrió en algún momento por el contacto físico de los delanteros de Ciudad de Bolívar. A veces parece estar fuera de timing con la jugada.
El uruguayo no iba a ser titular pero tuvo que saltar a la cancha por el cuadro febril de Marcos Acuña. Estuvo muy impreciso.
Intentó ser la segunda guitarra de Juan Fernando Quintero, al tener un poco más de espacio para jugar por la línea defensiva baja del rival. Le faltaron buenas decisiones.
Muchos errores en la toma de decisiones que impactaron directamente en la generación de juego del equipo. Le costó muchísimo encontrar el ritmo que necesitaba el partido.
El «pibe» de 25 años volvió a demostrar que es una de las buenas decisiones de Gallardo. Aportó movilidad, algo de desequilibrio pero le faltó lo más importante: la finalización. El travesaño le negó lo que era un golazo colectivo.
El único que pareció jugar para respaldar a Gallardo. El que más se movió, el que más la pidió y el que más claro jugó con la pelota. De yapa, convirtió sin dudas un penal caliente, de pelota pesada, con un fuerte remate al medio del arco.
Muy solitario en el ataque. Fue contenido por la defensa rival y no encontró su lugar para desequilibrar.
Sigue siendo una sombra del que llegó desde Racing. Errático en los pases -muchas veces «sencillos» con la pelota dominada- y sin desequilibrio ante rivales inferiores por contexto y categoría. No encuentra la mejor forma ni su lugar en la cancha.
Fue uno de los cambios para modificar la ofensiva de Gallardo. Fue de volante y no encontró cómo marcar diferencia. En el cierre falló un mano a mano que pudo haber sentenciado la historia.
El que mejor entró de los cambios de Marcelo Gallardo. Pese a sus pocos minutos en Primera División, fue el que demostró más ganas para romper el 0-0 y quedó de manifiesto cuando gambeteó entre tres y recibió la falta del penal salvador para Gallardo.
Se ubicó sobre la derecha y buscó asociaciones, pero estuvo muy atolondrado ante la marea de camisetas celestes que era el borde del área de Ciudad de Bolívar.










