En 2026 el futuro dejó de ser sexy y parece que lo que cotiza ahora es el pasado. En estos días, es tendencia en TikTok “volver a 2016”, como si hubiera sido el último momento feliz antes de la crisis económica global, la pandemia, la inteligencia artificial generativa y la sensación de que todo se acelera y nada se estabiliza.
Se trata, por supuesto, de un recuerdo idealizado pero sobre todo de una de las estrategias para lidiar con un presente agotador.
Un análisis de los contenidos más compartidos en estos dos primeros meses del año muestra dos respuestas culturales que, aunque parecidas, no son lo mismo.
Por un lado, la llamada “economía de la nostalgia”, esto es, un exitoso modelo de negocios que rescata lo vintage y, por otro, el llamado “despertar de lo analógico”, un movimiento que va más allá de la mera estética retro.
Ambas tendencias miran hacia atrás, pero lo hacen por razones distintas. La economía de la nostalgia funciona como una economía de consuelo en la que los algoritmos de recomendación nos crean una burbuja perfecta de confort.
Frente a la incertidumbre y el agobio, nos abrazamos a recuerdos en forma del regreso de marcas de la década del ‘90, la reaparición de la estética Y2K y la revitalización de viejas franquicias en cine y series. además de playlists con reversiones de canciones que fueron éxito hace 30 años.
No se trata siempre de añorar lo que se vivió sino que incluye una suerte de memoria prestada en la que muchos de los jóvenes que vuelven tendencia la moda y los objetos culturales de los ‘90 no estaban vivos por entonces. Más que recordar, entonces, es habitar una fantasía colectiva de estabilidad.
Y en este ecosistema, una parte de la generación Z empezó a desconfiar de lo digital y abrazó lo analógico, poniendo de moda las cámaras de fotos con rollo este verano, impulsando el regreso de los discos de vinilo y subiendo las ventas de los libros de papel entre los jóvenes.
Y si bien no hay dudas de que hay mucho de performático en estas acciones (conocemos que son tendencia porque justamente se comparten fotos y videos de estos elementos en TikTok) existe verdaderamente algo provocador en el gesto.
Lo analógico, después de todo, exige algo que lo digital no: prestar atención. Poner un disco implica elegirlo, sostenerlo, girarlo y escuchar. Revelar un rollo obliga a aceptar la demora y el error. Leer en papel significa, al menos por un rato, salir del ritmo infinito de las notificaciones.
Por qué lo físico y lo imperfecto ganan terreno frente a la inteligencia artificial
Ante una cultura de optimización permanente, el objeto físico introduce fricción y eso lo vuelve valioso.
Así, en un presente que avanza hacia la saturación de contenido generado por IA no sólo en redes sino también en espacios de entretenimiento, oficinas y aulas, el deseo por lo tangible y material crece. Cuando cualquier imagen puede ser creada en segundos, la que tiene textura, error y límite adquiere otro peso.
Mientras que la economía de la nostalgia vende el pasado como producto y consolida industrias de lo retro en el capitalismo de plataformas, el despertar analógico introduce incomodidad y cambio, porque no se trata tanto de regresar al pasado sino que es una forma de escapar de la sensación de que todo debe ser eficiente, escalable y medible.









