Puede parecer a veces alocada, pero la política de la Administración de Donald Trump de acoso a las energías renovables para beneficiar a los combustibles fósiles está muy medida. Porque la campaña de la Casa Blanca de negación del cambio climático y de las políticas para evitar las peores consecuencias del calentamiento, que pasan por una transición energética para dejar atrás el petróleo, el gas y el carbón, se modula mucho según dónde tenga que plantear la batalla.
Por ejemplo, EE UU ha decidido abandonar una serie de organismos internacionales y pactos, como el Acuerdo de París y la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Pero, en otros casos, ha decidido permanecer dentro con una activa campaña de amenazas para obligar a que se deje atrás la agenda relacionada con el cambio climático. El caso más evidente en estos momentos es el de la Agencia Internacional de la Energía (AIE).
El secretario de Energía de Trump, el exdirectivo de la industria petrolera Chris Wright, ha dado un ultimátum de 12 meses a esta agencia, vinculada a la OCDE, para que deje atrás la “agenda climática”. Wright ha asegurado que su país empleará “toda la presión” de la que dispone para que reniegue de los escenarios que plantean el fin de las emisiones de gases de efecto invernadero, que son principalmente responsabilidad de los combustibles fósiles. Wright ha avisado este jueves en una conferencia de prensa en París de que “si la AIE no es capaz de regresar a su misión inicial” su país dejará de ser miembro de esta agencia.
Sus declaraciones ante los medios se han producido horas antes del cierre de la reunión ministerial de la Agencia Internacional de la Energía, que durante dos días se ha celebrado en la capital francesa, donde está la sede de esta organización. Durante toda la semana, a puerta cerrada y cada vez que se le ha puesto un micrófono delante, Wright ha insistido en esa amenaza de abandonar la AIE si no reniega de las políticas climáticas. Pero varios países —entre los que figuran España, Francia y el Reino Unido— han defendido la labor de la agencia en la transición energética para el abandono de los combustibles fósiles.
EE UU es el primer productor mundial de petróleo y este sector está metido hasta el tuétano en el Gobierno federal. En los informes anuales de la AIE esta organización, partiendo de los datos existentes, plantea escenarios de evolución del sector energético mundial en los que se apuntaba al fin del reinado de los combustibles fósiles y una nueva era basada en la electrificación. Por ejemplo, en el análisis de 2024 la AIE pronosticaba que la demanda de petróleo, gas y carbón tocará techo a finales de esta década, mientras se avecina un periodo de precios bajos debido al exceso de producción.
En julio de 2025, Wright lanzó la primera amenaza en público a la AIE amenazando con marcharse —y dejar sin al 15% de su presupuesto a esta agencia formada por una treintena de países miembros—. En el informe de ese año, publicado en noviembre, la agencia mantenía los escenarios que apuntan al fin de los combustibles, pero incluyó uno nuevo en el que la demanda de petróleo no caía de forma tan clara, que Wright ha aplaudido.
Pero lo que pide ahora es que directamente la agencia abandone cualquier mención a las trayectorias de emisiones netas cero a partir de mediados de este siglo, que es lo que se necesita para cumplir con el Acuerdo de París y que el calentamiento no alcance los niveles más catastróficos. “Eso no va a pasar”, sostiene el exdirectivo de la industria fósil.
Mientras EE UU rema en contra de las renovables, China sigue ganando terreno como el principal productor de energía renovable en el mundo y como el primer exportador de la tecnología solar y eólica. Preguntado sobre el riesgo de que si EE UU se retira de la AIE su lugar lo ocupe también ahí China, Wright ha reconocido que “ese riesgo existe” y que por eso quieren transformar la agencia y no abandonarla.
Oposición
Debido a estas presiones, la reunión ministerial de la AIE ha sido de las más tensas de los últimos años. Los ministros de varios países, encabezados por España, Francia y el Reino Unido, han defendido la labor de la agencia. “La crisis climática, sin lugar a duda, es un riesgo”, ha enfatizado este jueves la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, ante sus colegas. “Los trabajos de la agencia siempre han sido rigurosos basados en datos, en evidencias”, ha añadido, quien ha destacado que esa labor permite alejarse de otro enorme riesgo: “la desinformación”. “Necesitamos más que nunca seguir con esos trabajos rigurosos y analíticos que proporcionáis desde la agencia”, ha defendido Aagesen.
Algo parecido ha resaltado, también en las reuniones a puerta cerrada, la representante de Francia, que ha insistido en la necesidad de que la agencia siga manteniendo esos escenarios de emisiones netas cero para poder marcar la senda clara de abandono de los combustibles fósiles, según fuentes presentes. Lo mismo ha manifestado el secretario de Energía del Reino Unido, Ed Miliband.
A esta defensa de la AIE y de la transición hacia las energías renovables se sumó el martes del secretario general de la ONU, António Guterres, quien sostuvo que la Humanidad ha “entrado en la era de la energía limpia”. “Las renovables son ahora la fuente más barata, rápida y segura de nueva electricidad en casi todas partes. Los inversores lo saben”, dijo Guterres. Sin embargo, también advirtió de que los “intereses” del sector de los combustibles fósiles intentan “frenar el progreso” y para ello no duda en “difundir desinformación” o “fingir que una transición es poco realista o inasequible”.










