De manera directa o colateral, el estadounidense Donald Trump sigue creando división y desorden en Europa. Ahora, a cuenta de su controvertida Junta de Paz, un órgano ideado y dirigido por él con el supuesto objetivo de resolver el conflicto de Gaza —y después otros en el resto del mundo—. La participación de Italia como país observador en la primera reunión, que se celebrará este jueves en Washington, ha arrastrado a otros gobiernos europeos.
Al menos 14 Estados miembros de la UE enviarán a algún tipo de representante, pese a que la Unión no reconoce al organismo creado por EE UU. Entre esos países no está ninguna de las potencias europeas, pero sí gobiernos como los de Chipre, Grecia, Rumanía o Eslovaquia. Un paso que se ha acelerado tras la decisión de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, de enviar a un representante (su ministro de Exteriores, Antonio Tajani, según los medios italianos). Además, la comisaria europea para el Mediterráneo, Dubravka Suica, también estará presente en la reunión, según una portavoz comunitaria.
La presencia de la alto cargo europea, que no ha sido coordinada con los Estados miembros, ha enfurecido a algunos, como Francia, España, Bélgica o Irlanda. París critica que la asistencia de Suica viola los tratados de la UE, ya que la Comisión no tiene potestad para establecer la política exterior comunitaria.
Italia, que participará como país observador, será el único de los grandes de la UE en acudir a la Junta de Paz. Solo la Hungría de Viktor Orbán y Bulgaria han aceptado la invitación para ser miembros del club. Giorgia Meloni sigue haciendo equilibrios cada vez más difíciles para ser la mejor amiga de Donald Trump en Europa y al mismo tiempo ejercer de líder europea en la línea de las instituciones de Bruselas.
La controvertida propuesta del presidente de los Estados Unidos de fundar una Junta de Paz ha supuesto un nuevo salto mortal para la primera ministra italiana. Participar plenamente como país miembro significaba para Italia ser el único gran Estado europeo en prestarse al papelón de estar en la foto con una mayoría de líderes autoritarios o dudosamente democráticos a las órdenes de Trump, en un organismo que aspira a sustituir a la ONU. Pero no participar era renegar de la ideología trumpista, que Meloni se ufana de encabezar en Europa.
Al final, ha encontrado una vez más un delicado equilibrio con la fórmula de que Italia acuda como país observador. Está pero no está. Es lo que los propios italianos llaman una solución a la italiana. Aun así, ha suscitado feroces críticas de la oposición, que acusa al Gobierno de “vender la dignidad de Italia a un club privado de empresarios inmobiliarios y hombres de negocios”.
Tajani compareció el miércoles en el Parlamento italiano para explicar la decisión y rechazó las críticas. Alegó que Italia siempre ha estado presente en los procesos de paz de los territorios palestinos “y no puede ni debe quedarse al margen de este”. “Sería políticamente incomprensible”, remató. “Italia quiere ser parte de la solución”, argumentó el ministro, tras subrayar que el plan de paz de Trump es el único que hay sobre la mesa. También señaló que la Comisión europea envía a un representante, la comisaria para el Mediterráneo. Y aseguró que otros países europeos acuden como observadores.
La Comisión Europea, bajo el foco por enviar a Dubravka Suica, se escuda en el mismo argumento: que otros países europeos tendrán en la reunión de este jueves a sus representantes y que, pese a la presencia de la comisaria, la UE no reconoce a la organización creada por Trump y ha expresado sus dudas y preocupación por su funcionamiento.
Varios Estados miembros ya han cargado contra la decisión del Ejecutivo comunitario. Sostienen que la presencia de Suica en la junta supone “un gran problema jurídico y político”, señalan fuentes diplomáticas. La posición general es que la Junta de Paz, tal y como esta formulada y con la presencia de regímenes autocráticos, compite con la ONU.
“Si la Comisión Europea cree que hay que estar para no quedar fuera en otras negociaciones y saber de qué se habla, podría haber enviado a otro representante de menos nivel, como han hecho otros países, que mandan a sus embajadores o a otros funcionarios”, critica un veterano diplomático europeo.
Negativa del Vaticano
En Italia ha tenido mucho eco el contraste con la posición del Vaticano, siempre en una situación muy particular en las relaciones con Trump desde la elección de León XIV, primer Papa estadounidense, el pasado mes de mayo. El secretario de Estado y número dos de la Santa Sede, Pietro Parolin, dijo el miércoles que el Vaticano “no participará en la Junta de Paz debido a su naturaleza particular, que claramente no es la de otros Estados”.
“Hay puntos que nos dejan un poco perplejos”, admitió Parolin. Y citó el más claro en la línea de flotación de la nueva entidad, pensada para resolver conflictos al margen del derecho internacional: “Una preocupación es que, a nivel internacional, es principalmente la ONU quien gestiona estas situaciones”.
La negativa del Vaticano a la Casa Blanca, consciente de la autoridad moral de un Papa estadounidense, no ha hecho mucha gracia en Washington: “Creo que es profundamente desafortunada. No creo que la paz deba ser una cuestión de parte, o política o controvertida”, declaró poco después con cierta irritación Karoline Leavitt, portavoz de la Casa Blanca y de religión católica. “Esta es una organización legítima”, subrayó.
El choque se veía venir desde que la Santa Sede reveló en enero, con cierta perplejidad, que había recibido la invitación para participar en la Junta de Paz. León XIV siempre ha defendido la ONU, el multilateralismo y el derecho internacional, y Parolin echó entonces balones fuera. Dijo que era “una cuestión que necesita tiempo” y que lo estudiarían, pero dejó claro que no veían clara la exigencia de pagar mil millones de dólares para ser socio prioritario de la Junta. “No participaríamos desde un punto de vista económico, ni siquiera estaríamos en condiciones de hacerlo”, señaló.
Italia, en cambio, estará presente. Meloni ha dudado hasta el final de si ir o no en persona a Washington. Estaba pendiente de ver qué hacía el canciller alemán, Friedrich Merz, con quien ha reforzado lazos en las últimas semanas, ante la debilidad del francés Emmanuel Macron, en busca de una nueva alianza que sustituya al histórico eje Francia-Alemania como núcleo de la UE. Aunque ella lo llama “motor Roma-Berlín”, evitando el término “eje”, de funestas connotaciones fascistas. Pero cuando Merz dejó claro que no pensaba ir a esa primera reunión de la Junta de Paz, la líder ultraderechista italiana optó por el perfil bajo y ha mandado a Tajani, líder de Forza Italia, el partido del difunto Silvio Berlusconi.

Meloni se ha sentido presionada desde el primer momento por Trump, muy enfadado por la negativa general de la UE a su idea, y dio con una forma de decirle que no: la Constitución italiana prohíbe que el país integre instituciones internacionales donde se encuentre en una posición de subordinación. Y eso es lo que es la polémica Junta de Paz, en la que Trump cuenta con poderes absolutos.
Tras la reivindicación que hicieron Merz y Macron en Munich, la semana pasada, de los valores europeos frente a la ideología trumpista, Meloni tuvo que apresurarse de nuevo a hacer de contrapeso con la Casa Blanca. Se desmarcó el sábado de la espantada general de la Junta de Paz —y de las críticas directas de Merz al movimiento MAGA (Make America Great Again)— y confirmó que Italia estaría presente de alguna manera, aunque aún no sabía cómo. Finalmente asistirá a la primera reunión de la Junta como país observador.










