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El director Joaquín del Paso admite que hace cine de forma intuitiva y visceral. No suele analizar de forma estratégica cómo será su siguiente proyecto, simplemente va sacando lo que siente de las dos partes de su forma de ser. Una que, según cuenta, es cercana a la gente, sensible al humor, a los modismos, a la naturaleza, la fotografía y al paisaje. Su otro lado es analítico y crítico sobre los sistemas de poder. Así nació la idea para El jardín que soñamos, una película emocional cubierta por una capa política y social. En su tercer largometraje, seleccionado para competir en la sección Panorama del Festival de Cine de Berlín, el realizador relata la historia de una familia haitiana de migrantes a su paso por México, que se asienta en lo profundo del bosque por un trabajo y queda inmersa en la tala ilegal que afecta la región.
Del Paso (Ciudad de México, 40 años) cuenta que comenzó a escribir el guion en 2021, durante la pandemia por la covid-19, cuando las fronteras en EE UU se cerraron y los inmigrantes comenzaron a hacer latente su presencia en la capital mexicana. Llegaban del sur del continente, de Centroamérica y el Caribe, en particular de Haití, un país sumergido en una crisis política y seguridad que ha ocasionado más de un millón de desplazados. Al director le impactó mucho ver ese flujo de gente que pausa sus vidas y lo arriesga todo para construir algo mejor.
“De cierta forma fue una de las semillas de la película. Al mismo tiempo se declaró a la mariposa Monarca una especie en peligro de extinción en México y empezaron a salir todas estas noticias sobre la tala ilegal, sobre bosques completamente devastados, a manos de grupos que normalmente se dedicaban al tráfico de drogas. Encontré un hilo y los tres temas se me hicieron perfectos para unirlos en una película”, cuenta por videollamada.
Aunque la presencia de la mariposa Monarca en los bosques mexicanos de hibernación se duplicó en el invierno de la temporada 2024-2025, su recuperación sigue siendo frágil. Cada otoño, millones de ejemplares de este polinizador cruzan el continente americano para llegar a los bosques templados del centro de México. Uno de los impactos negativos en la vida de este insecto es la tala clandestina de árboles, principalmente en los bosques de pino u oyamel localizados en los céntricos estados de Michoacán y Estado de México.
La cinta, producida por el mismo Del Paso, por Fernanda de la Peza e Itzel Sierra, fue filmada en esas zonas boscosas donde se ubican sus santuarios. El jardín que soñamos busca retratar la inmensidad y belleza del bosque mientras convierte a la mariposa Monarca en un personaje más que acompaña a los protagonistas. Hablada en criollo haitiano y español, cuenta como protagonista con la cantante y actriz Nehemie Bastien, quien da vida a Esther, una mujer joven que emprende el éxodo, junto a sus dos hijas, Flor y Aisha, en busca de un nuevo un hogar y en el camino se enamora de Junior, interpretado por el actor haitiano Faustin Pierre. En medio de la travesía, la pareja es reclutada para trabajar en el bosque con los talamontes, lo que cambiará sus vidas de manera definitiva.
Del Paso dedicó un año de trabajo para encontrar las locaciones de la película. Consiguió trabajar con las comunidades que se dedican al aprovechamiento forestal y que al mismo tiempo están sufriendo la tala ilegal por parte de grupos criminales. “Durante un año trabajamos en ir ganando la confianza de la gente y adentrándome en esta situación. Mi interés siempre fue hacer una película que, de cierta forma, denunciara esta problemática”, complementa.

El director contó que le sorprendió lo fácil que es llegar a un bosque y comenzar a explotarlo y cómo están tan bien organizados los grupos criminales alrededor del tráfico ilegal de madera. “Lo que me sorprendió fue el acto visceral de destruir la naturaleza de esta forma. El acto tan violento de cortar un árbol, multiplicado por mil, y encontrarte con un paisaje desolado y triste. Lo que se me hizo muy interesante a la hora de filmar la película es que el tráfico de madera es una cosa muy grande en México. Hay quien dice que hasta este recurso es utilizado como moneda de cambio para comprar fentanilo. La madera es un recurso natural que, en teoría, es gratis y tiene un valor muy grande”, agrega.
Conocer a la comunidad haitiana fue un proceso similar al que mantuvo con las comunidades de los bosques. No sabía cómo iba a construir a la familia que retrata en la cinta. “Al acercarme a los campamentos de haitianos en Ciudad de México y conversar con muchos especialistas en el tema, en países como Chile o ciudades mexicanas fronterizas como Tijuana o Tapachula [territorios con una importante presencia de ciudadanos de esa nación], que está dedicada a tratarlos y a ayudarles en su camino, así fui conociendo a esta muy bella comunidad de gente que las circunstancias de la vida las ha puesto en contra de todo, pero que por dentro tienen una luz, una fuerza y una lucha muy grande”, afirma.
A Faustin Pierre, profesor de francés y licenciado en ciencias de educación, le sorprendió cuando obtuvo el papel de Junior, ya que su experiencia venía de algunos comerciales y como modelo. Él ha visto que el flujo migratorio de haitianos ha cambiado en los últimos años y considera que el cierre de la frontera y las medidas de la Administración de Donald Trump en Estados Unidos para frenar la inmigración ilegal han forzado a muchos de sus coterráneos a ver a México ya no como un sitio de paso, sino como un destino.

“Muchos todavía están esperando que se vaya Trump para que puedan seguir su camino. El haitiano siempre está en búsqueda de mejorar su situación todo el tiempo. Incluso algunos que llegan a Estados Unidos vieron que no les conviene y regresaron a México, a Chile o se van a Brasil”, agrega Pierre por videollamada.
El cine de Del Paso tiene una fuerte carga social, como en Maquinaria panamericana (2016) o El hoyo en la cerca (2021), sus trabajos anteriores. Aunque considera que El jardín que soñamos es una obra mucho más emocional, la historia también deja un mensaje social. “No me imagino una historia que no traiga una carga política. Para mí el cine es política, pero dentro de esa capa existe el humanismo, la parte más emocional y existencial. Siento que es una evolución y que va cambiando. Mi capacidad de analizar se vuelve mejor y mi capacidad de acercarme a la gente se va afinando más. Cada cineasta, mientras va avanzando, afina sus herramientas y no tengo ni idea dónde me llevará, pero sigo por el mismo camino de siempre”, sentencia Del Paso.










