Un equipo del Northwestern University Hospital, liderado por el cirujano torácico Ankit Bharat, extrajo ambos pulmones infectados de un joven con síndrome de dificultad respiratoria aguda (ARDS) para frenar una infección que avanzaba rápidamente y comprometía otros órganos. Durante 48 horas, el paciente permaneció con un sistema extracorpóreo que oxigenaba su sangre y reemplazaba de manera temporal la función pulmonar hasta que aparecieron órganos compatibles. El caso fue cubierto por medios especializados y portales de ciencias como Robotitus.
El hombre ingresó en estado crítico tras una gripe que derivó en una neumonía bacteriana severa. La inflamación destruyó prácticamente sus pulmones y desencadenó fallas cardíacas y renales.
Los médicos determinaron que necesitaba un trasplante doble urgente. Sin embargo, su estado era tan inestable que no podía someterse de inmediato a la cirugía. Los pulmones dañados seguían propagando la infección por el organismo.
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Ante ese escenario, el equipo optó por una decisión inusual: retirar ambos pulmones antes de contar con donantes disponibles.
Cómo sobrevivir sin pulmones
Para sostenerlo con vida, los médicos utilizaron un sistema avanzado de oxigenación extracorpórea (similar a un pulmón artificial), que añadía oxígeno a la sangre y eliminaba dióxido de carbono mientras ayudaba a mantener la circulación.
Sin los pulmones infectados, el cuadro comenzó a estabilizarse. La presión arterial mejoró y otros órganos dejaron de deteriorarse.
Dos días después, aparecieron órganos compatibles y el equipo realizó el trasplante doble con éxito.
La prueba que cambió el enfoque
Al analizar los pulmones extraídos, los especialistas confirmaron que el daño era irreversible: cicatrices extensas y lesiones inmunológicas que hacían imposible cualquier recuperación espontánea.
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Ese hallazgo aportó evidencia biológica para intervenir antes en casos similares. Tradicionalmente, los trasplantes pulmonares se reservan para enfermedades crónicas, mientras que en cuadros agudos muchos equipos esperan una recuperación natural. Más de dos años después de la intervención, el paciente lleva una vida normal.
El caso abre una nueva discusión en la medicina crítica: cuándo un pulmón está realmente perdido y cuándo una intervención extrema puede convertirse en la única oportunidad de supervivencia.
DCQ










