De Paul regaló un gol, Messi sufrió al árbitro y el campeón fue goleado por un gran LAFC

De Paul regaló un gol, Messi sufrió al árbitro y el campeón fue goleado por un gran LAFC

Comenzó la MLS, la 31ra edición de una liga que no para de crecer y que en el año del Mundial 2026 parece decidida a seguir integrándose al mundo. Esta jornada inaugural del certamen se vio por TV con calidad premium a través de la aplicación Apple TV (sin necesidad de pagar abonos extras, como en el pasado) pero el fervor se siente también en las canchas; en el duelo estelar de LAFC contra Inter Miami se registraron 75.673 espectadores, récord para una primera fecha en toda la historia. Además, fue el partido con mayor cantidad de público del día sábado en todo el planeta.

Los que hablan de favoritismos para Lionel Messi y compañía seguramente se fueron a dormir temprano el sábado (el partido comenzó pasadas las 11 y media de la noche en Argentina). Al campeón de la MLS Cup 2025 le pusieron en el debut quizás el partido más complicado de todo el calendario. Tuvo que visitar al Los Ángeles FC, el equipo angelino que hasta el año pasado acumulaba cuatro temporadas considerado como el más valioso en términos financieros de toda la competición.

Ese mérito le permitió armar un verdadero equipazo, con figuras de la talla del surcoreano Son Heung-min (ese que brillaba en el Tottenham y jugó tres Mundiales) o Hugo Lloris, el arquero francés campeón en 2018 y víctima en los penales de la Selección Argentina en 2022. Pero especialmente le permite tener en sus filas a un goleador de nivel europeo como el gabonés Denis Bouanga, potente, cerebral y habilidoso, virtudes que en USA cotizan alto. Como si fuera poco, los dirigidos por el canadiense Marc Dos Santos reforzaron la zona defensiva con Stephen Eustáquio, también canadiense, con pasado en Cruz Azul y de regreso a Norteamérica tras haber jugado cuatro años en el Porto.

Y el Inter Miami, a pesar de ser campeón, demostró que está lejos de ser ese equipo confiable que pisó fuerte en los playoffs de diciembre. En primer lugar porque no le será fácil reemplazar a Jordi Alba y Sergio Busquets, ya retirados, que daban ventaja en lo físico pero que eran una garantía a la hora de tener la pelota y controlar los partidos.

Lo sufrió Messi en el primer tiempo porque Son marcaba el ritmo y Bouanga le ponía rock and roll a la noche californiana. El gabonés tuvo cinco remates, uno más peligroso que el otro, mientras Inter Miami ni siquiera cruzaba la mitad de la cancha. Sin embargo, el que destrabó el partido fue Rodrigo De Paul, pero con un error de esos que dolerían infinitamente más si se dieran con la camiseta argentina (anulamos mufa).

El ex Atlético de Madrid demoró en una salida, le pellizcaron la pelota y el que recibió fue nada menos que Son, experto en ese tipo de cambios de marcha luego de tantos años en la Premier League. El oriental hizo la pausa, abrió para David Martínez y el venezolano definió como los dioses, abriendo su pie zurdo y poniéndola en el palo más lejano del arquero canadiense Dayne St. Clair, que debutaba en el conjunto rosa y en el segundo tiempo se mandó un macanón que sentenció la historia.

Lo poquito que mostraba el Inter Miami se daba gracias a la rebeldía de Messi, que desde el arranque pareció molesto con el arbitraje de Pierre Luc Laziere, otro canadiense, permisivo y poco confiable. Sobre el final del primer tiempo el 1-0 parecía quedarse corto y Leo casi mete el empate con un zurdazo hermoso que pareció salido de Qatar 2022 porque besó el ángulo de Lloris, que hacía vista.

En la segunda mitad el Inter Miami mostró un par de cositas que hacen imaginar que se puede mejorar. Una fue el ingreso del ex Racing, Facundo Mura, que tuvo su primer partido oficial y armó un par de lindas jugadas por el lateral derecho. La otra la dio Germán Berterame, el argentino que brilló en el fútbol mexicano y busca llevar su aura goleadora a lo del Tío Sam. Un cabezazo suyo en el primer palo de milagro no fue el 1-1.

Sin embargo, LAFC liquidó la historia gracias a Bouanga, y al pobre St. Clair. Un pelotazo desde el fondo encontró al gabonés lanzado en velocidad, el arquero que quiso anticipar pero quedó pagando, y el goleador sólo la tuvo que empujar con el arco vacío. Sobre el final, el 99 dejó pintado a Mura y le dijo tomá y hacelo a Nathan Ordaz, un californiano de padre mexicano pero que juega para El Salvador, el país de su mamá.

La goleada no la pudo revertir Messi y mucho menos Luis Suárez, que entró faltando quince minutos y casi no tocó la pelota. La MLS no perdona. Ya lo aprendió Leo, que se recuperó de golpes mucho peores desde que cruzó el Atlántico y sabe que lo importante para su equipo llegará recién en los playoffs. Siempre con el objetivo del Mundial 2026 en su cabeza.

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