El micro partió de la plaza de Once, en la Ciudad de Buenos Aires. En plena madrugada avanzaba en la oscuridad cuando un pasajero advirtió una situación muy extraña. En uno de los asientos, una adolescente de 15 años permanecía en silencio, con la cabeza cubierta por una gorra y una capucha que le tapaba el rostro. Estaba somnolienta, como desconectada. A su lado, un hombre la abrazaba y la besaba de manera insistente. No la dejaba hablar.
El testigo observó el cuadro durante varios minutos. La chica aparentaba ser menor. Y no reaccionaba. Cada vez que intentaba decir algo, el hombre intervenía. La mantenía callada.
Según fuentes del caso, la unidad había salido desde la terminal de Once y se dirigía hacia el norte del país. El aviso del pasajero activó un operativo y efectivos de Gendarmería interceptaron la unidad sobre la Ruta Nacional 9, a la altura del kilómetro 152.
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Cuando los uniformados subieron, descubrieron que la adolescente no figuraba en el listado de pasajeros. No tenía pasaje. No tenía equipaje. No tenía documentos. Viajaba con un hombre y una mujer, madre e hijo, que quedaron inmediatamente bajo sospecha.
Los gendarmes intentaron hablar con la chica. Estaba en un estado de somnolencia profundo. Les costó despertarla. Dijo nombres falsos. Dio edades distintas y entregó un certificado de discapacidad que pertenecía a otra persona.
Más tarde, ya separada de los adultos, la adolescente contó la verdad. Tenía 15 años. Y vivía en la calle. La habían convencido de viajar con promesas de dinero, una casa y un auto. Pero el objetivo era otro: debía cruzar a Perú y regresar transportando droga. Cuando quiso negarse, comenzaron las amenazas.
Los dos adultos fueron detenidos y la causa avanzó en la justicia federal. Ahora, la Cámara confirmó el procesamiento con prisión preventiva por trata de personas.










