En la Argentina, el Registro del Automotor asigna las patentes de manera automática, sin que el titular pueda elegir letras o números. Con el fin de garantizar igualdad y evitar cualquier tipo de de discrecionalidad, la Dirección Nacional de los Registros de la Propiedad del Automotor (DNRPA) lo establece con claridad en su normativa: “La asignación del dominio se realiza en forma correlativa y automática, sin posibilidad de elección por parte del usuario”.
Ese mismo sistema es el que explica por qué, durante décadas, el azar produjo combinaciones tan llamativas como inevitables. En el sistema anterior de patentes (tres letras y tres números), muchas chapas formaban palabras completas o siglas fácilmente reconocibles. Combinaciones como GIL, FEA, BOB o GAY circularon por las calles sin que existiera un criterio lingüístico en su asignación: eran, simplemente, el resultado de una secuencia alfanumérica.
Sexy a los 98, Mirtha ‘beboteó’ en su Mesaza con Jorge Asís: «Vos eras muy mujeriego… ¿Yo te gusto?»
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
El fenómeno se volvió especialmente visible porque esas letras aparecían en una época en la que la patente era más “legible” como palabra. Distintos medios argentinos señalaron que estas combinaciones no respondían a intencionalidad alguna del Estado, sino al sistema automático.
En ese sentido, la DNRPA remarcó que “el dominio automotor no constituye una identificación personal ni admite interpretaciones subjetivas sobre su significado”.
Con la llegada de la patente Mercosur, el formato cambió a dos letras, tres números y dos letras (AA 000 AA). Sin embargo, el azar siguió haciendo de las suyas. Nuevas combinaciones como HOLA, PAPA o MALA comenzaron a aparecer en los extremos del dominio, generando curiosidad y viralización en redes sociales, aunque el mecanismo de asignación continuó siendo exactamente el mismo.
“Paupérrimo”: malestar de docentes chaqueños por el aumento del 3% anunciado por el Gobierno
Esto llevó a una pregunta recurrente: ¿existen patentes prohibidas en la Argentina?. Desde el punto de vista normativo, no hay un listado público de palabras vetadas. La DNRPA no publica filtros lingüísticos ni criterios semánticos. De hecho, el organismo aclara que “la secuencia alfanumérica no es seleccionada ni evaluada por su contenido simbólico o cultural”.
El mito de las patentes “censuradas” suele surgir por comparaciones con otros países, donde sí se bloquean combinaciones ofensivas, políticas o religiosas. En la Argentina, en cambio, la ausencia de elección personal y el carácter automático del sistema hacen que, salvo excepciones técnicas, no se intervenga sobre el significado de las letras.
Otro capítulo lo conforman las patentes “famosas”, aquellas que coinciden de manera llamativa con el dueño, su profesión o el modelo del auto. Casos de agentes de seguridad con dominios que incluyen “007” o hinchas que reciben siglas coincidentes con su club suelen circular en medios y redes.
Descubren en España a un dinosaurio del tamaño de un perro que desafía las teorías actuales
Sin embargo, incluso en esos casos, la explicación oficial es la misma: pura coincidencia estadística. “La asignación no guarda relación con datos personales del titular ni con el vehículo”.
En definitiva, las patentes argentinas curiosas no son el resultado de bromas administrativas ni de mensajes ocultos, sino de un sistema pensado para ser neutral. El azar, aplicado a millones de vehículos, hace el resto. Y aunque algunas combinaciones puedan generar risas, incomodidad o supersticiones, todas comparten un mismo origen: una secuencia automática que no juzga palabras, solo números y letras.










