Mahmoud Ahmadinejad, quien fue presidente de Irán entre 2005 y 2013, murió este 28 de febrero de 2026 durante una serie de ataques aéreos perpetrados por fuerzas de Estados Unidos e Israel sobre Teherán. El exmandatario se encontraba en su residencia del distrito de Narmak, al este de la capital iraní, cuando el edificio fue alcanzado por proyectiles en el marco de una operación denominada «Roaring Lion» por el mando israelí. Junto a él fallecieron al menos tres de sus custodios personales, según confirmaron fuentes de la agencia de noticias ILNA.
La figura de Ahmadinejad representó durante casi dos décadas uno de los mayores obstáculos y, simultáneamente, uno de los puntos de contacto más polémicos para la justicia argentina. Aunque el atentado contra la AMIA ocurrió en 1994, antes de su llegada al poder, su administración fue la encargada de negociar y ratificar el controvertido Memorándum de Entendimiento con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Este acuerdo buscaba, en teoría, crear una «Comisión de la Verdad» para interrogar en Teherán a los acusados iraníes con pedidos de captura internacional.
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El fiscal federal Alberto Nisman sostuvo en sus dictámenes que Ahmadinejad formó parte de un plan diseñado para garantizar la impunidad de los sospechosos. En su denuncia de 2015, Nisman afirmó que el pacto era «la pieza central de un plan criminal» destinado a desviar la investigación de la pista iraní a cambio de beneficios comerciales. Según el fiscal, el gobierno de Ahmadinejad buscaba dar de baja las circulares rojas de Interpol que pesaban sobre exfuncionarios como Ahmad Vahidi, quien fue su ministro de Defensa.
Vahidi, uno de los principales acusados por la justicia argentina como coautor ideológico del ataque, integró el gabinete de Ahmadinejad desde 2009. Su nombramiento generó fuertes protestas diplomáticas de la Cancillería argentina, dado que el funcionario contaba con un pedido de captura internacional vigente desde 2007. El entonces presidente iraní defendió la designación y calificó las acusaciones argentinas como una «conspiración sionista» carente de pruebas legales sólidas.
El pacto de 2013 y la ratificación unilateral
El 27 de enero de 2013, los cancilleres Héctor Timerman y Ali Akbar Salehi firmaron en Etiopía el documento que pretendía destrabar la causa judicial. Ahmadinejad ratificó formalmente el pacto el 20 de mayo de ese mismo año a través de un decreto presidencial, sin someterlo a la aprobación del parlamento iraní (Majlis). Esta maniobra administrativa contrastó con el proceso en Argentina, donde el acuerdo fue debatido y aprobado por el Congreso Nacional antes de ser declarado inconstitucional por la justicia local.
Documentos presentados por la fiscalía argentina señalaron que las negociaciones secretas para este acuerdo comenzaron al menos dos años antes de su firma oficial. Los reportes de inteligencia indicaron que los contactos se intensificaron tras la muerte de Néstor Kirchner en 2010. En estas conversaciones participaron figuras como Mohsen Rabbani, exagregado cultural en Buenos Aires y considerado por la justicia como el «arquitecto» de la red de inteligencia iraní en América Latina.
Atentado a la AMIA: los nexos con los acusados por la justicia argentina
Durante su presidencia, Ahmadinejad mantuvo en puestos clave a varios de los hombres buscados por el atentado que dejó 85 muertos en Buenos Aires. Además de Vahidi, otros implicados como Mohsen Rezai formaron parte del círculo de poder del mandatario fallecido. Rezai, excomandante de la Guardia Revolucionaria, se desempeñó como secretario del Consejo de Discernimiento de la Conveniencia, un organismo consultivo que Ahmadinejad integró hasta el momento de su muerte.
La retórica de Ahmadinejad respecto a la AMIA fue siempre de negación y confrontación. En diversas asambleas generales de las Naciones Unidas, el líder iraní cuestionó la legitimidad de la investigación argentina. En una entrevista concedida a medios internacionales en 2012, Ahmadinejad declaró que Argentina era víctima de una «manipulación externa» y que su país no tenía responsabilidad alguna en el ataque contra la mutual judía.
El fallecimiento de Ahmadinejad ocurre apenas un día después de que se informara la muerte del Guía Supremo, Ali Khamenei, en ataques similares. La operación conjunta entre Washington y Tel Aviv atacó más de 500 objetivos en territorio iraní, incluyendo defensas antiaéreas y centros de mando. El gobierno interino de Irán, encabezado de forma provisoria por un consejo de clérigos, calificó la muerte del expresidente como un acto de agresión que no quedará sin respuesta.
Ahmadinejad tenía 69 años al momento del impacto y se mantenía como una figura crítica de la actual élite gobernante en Irán, aunque conservaba sus privilegios como miembro del Consejo de Discernimiento. Su última aparición pública relevante fue para postularse sin éxito a las elecciones presidenciales, donde fue vetado por el Consejo de Guardianes. La justicia argentina nunca pudo tomarle declaración indagatoria ni a él ni a los miembros de su gabinete involucrados en las denuncias por encubrimiento.










