Bolsa: El petróleo se dispara y el Ibex se hunde: la tensión en Oriente Próximo pesa sobre la economía | Mercados Financieros

Bolsa: El petróleo se dispara y el Ibex se hunde: la tensión en Oriente Próximo pesa sobre la economía | Mercados Financieros


El intento de las Bolsas por contener los recortes acumulados durante la semana, en plena ofensiva estadounidense-israelí contra Irán, apenas duró unas horas. Cada nueva declaración que llega desde Oriente Próximo —y cada advertencia lanzada desde la Casa Blanca— añade presión a unos mercados ya sacudidos por la incertidumbre. Los inversores tratan de calibrar cuánto puede prolongarse el conflicto y hasta qué punto puede alterar el equilibrio entre inflación y crecimiento. El sector energético, especialmente sensible a cualquier giro geopolítico, se ha convertido en el principal termómetro de ese nerviosismo.

El último en sembrar inquietud ha sido el ministro de Energía de Qatar, Saad al-Kaabi. En declaraciones al Financial Times, ha advertido que el conflicto podría golpear con fuerza a las economías si los exportadores de energía del Golfo interrumpieran su producción durante varios días. Las primeras señales de tensión ya empiezan a aparecer: Kuwait ha comenzado a reducir la producción en algunos campos petroleros tras agotar su capacidad de almacenamiento. Con el estrecho de Ormuz cerrado, los productores tienen cada vez menos margen para dar salida al crudo. En ese contexto, Al-Kaabi va un paso más allá y no descarta que el petróleo alcance los 150 dólares por barril, un escenario que eclipsa incluso las previsiones más pesimistas del mercado, que sitúan el Brent en torno a los 120 dólares si la guerra se prolonga.

Las esperanzas de una intervención breve y contenida se desvanecen con el paso de los días. En el séptimo desde el inicio de los ataques, el presidente de EE UU, Donald Trump, ha asegurado que no habrá acuerdo con Teherán a menos que se rindan “incondicionalmente”. Los mercados reaccionan con rapidez y contundencia. El Brent se dispara más de un 8% y roza los 93 dólares, máximos de septiembre de 2023. Las ganancias en la semana son mucho mayores y rozan el 28%. En paralelo, el contrato de futuros TTF, referencia en Europa para el gas, se dispara un 66% en la semana.

La inquietud se extiende a las Bolsas, que negocian simultáneamente el temor a los precios energéticos y la debilidad de la economía. El fantasma de la estanflación —bajo crecimiento con precios al alza— vuelve al centro del debate tras conocerse que la economía estadounidense destruyó 92.000 puestos de trabajo en febrero, una de las mayores caídas desde la pandemia. El Ibex cede un 1% y, aunque en los momentos más tensos de la sesión llegó a perder los 17.000 puntos, consigue cerrar por encima de ese nivel. Sin embargo, el balance semanal es mucho más severo: el índice se deja un un 7%, superando incluso el 6,68% que cayó tras el anuncio de los aranceles, y registra su peor resultado desde marzo de 2022, coincidiendo con el estallido de la guerra en Ucrania.

Un patrón similar se observa en el resto de los mercados europeos. El Dax alemán baja un 6,7%; el Cac francés y el Stoxx 50 registran recortes cercanos al 7%, mientras el FTSE británico se deja un 5,7%. El reciente encontronazo político entre Trump y el presidente español, Pedro Sánchez, no ha supuesto un castigo adicional significativo para el mercado español. Según los analistas, la amenaza fue más sonora que real: como miembro de la UE, España carece de una política comercial propia, y cualquier represalia debería canalizarse a través de Bruselas.

Lo que sí pesa en el ánimo de los inversores es la evolución del crudo. En un mercado dominado por la incertidumbre geopolítica, cada salto del petróleo reaviva el temor a una nueva sacudida inflacionista y a un freno adicional para la economía global. Con el estrecho de Ormuz bloqueado y las tensiones militares lejos de disiparse, los mercados siguen mirando al mismo punto del mapa: el Golfo Pérsico.

Temor a un conflicto más largo

Las advertencias del ministro catarí rompen además el consenso que hasta ahora apostaba por un conflicto breve. Aunque los gestores ya consideraban improbable una guerra tan corta como la de 12 días registrada en junio, la mayoría situaba su duración en un rango de cuatro a cinco semanas. Pero más allá de la duración, lo que realmente inquieta es el suministro de energía. A diferencia de lo ocurrido el año pasado, esta vez se ha producido el temido cierre del estrecho de Ormuz, un enclave estratégico que canaliza una quinta parte del crudo mundial, el 20% del gas natural licuado, volúmenes significativos de fertilizantes y hasta el 7% del aluminio.

“Cada semana adicional de interrupción aumentaría la preocupación por la pérdida sostenida de suministro. Un bloqueo más prolongado podría llevar los precios a niveles históricamente altos”, explica Malcolm Melville, gestor de fondos de energía de Schroders. Según sus estimaciones, si la actividad se paraliza entre cuatro y cinco semanas, el Brent podría alcanzar los 120 dólares; si el conflicto se prolonga durante meses, los precios podrían situarse entre 150 y 200 dólares, superando los 127,98 dólares alcanzados tras el estallido de la guerra de Ucrania.

A medida que los precios energéticos se tensionan, los temores de inflación resurgen con fuerza. Carsten Brzeski, director global de macroeconomía en ING, reconoce que el repentino aumento del crudo evoca recuerdos de 2022, cuando el Brent superó los 100 dólares. Aunque las amenazas de estanflación vuelven a primer plano, el consenso apunta a que la situación en la eurozona es mucho más benigna. Hace tres años, los problemas en las cadenas de suministro presionaban los precios y evidenciaban que los bancos centrales habían subestimado la inflación. Hasta ahora, los precios se han mantenido bajo control: a cierre de febrero, la tasa general de la eurozona cayó una décima por debajo del objetivo del 2%.

Además de contar con unos niveles de precios más estables que dan margen de maniobra al BCE, los analistas de UBS recuerdan que, en 2022, Europa tuvo que desvincularse abruptamente de un importante proveedor de energía, Rusia, y se enfrentó a una crisis tanto de precios como de suministro de energía. “Esta vez, se trataría principalmente de una crisis de precios de la energía, ya que Europa ha diversificado sus proveedores. Aun así, un bloqueo más prolongado del Estrecho de Ormuz pondría a prueba las nuevas relaciones comerciales de Europa” remarcan.

Aunque la zona euro ha trabajado para diversificar sus suministros energéticos y mantener los precios estables, los analistas de Bank of America advierten de que, ante la creciente incertidumbre comercial y el shock energético, la “buena posición” del BCE se está volviendo rápidamente incómoda. “Si los precios de la energía se mantienen elevados durante más tiempo y no se vislumbra una resolución de las tensiones geopolíticas para junio (o incluso después), no descartamos subidas de 50-75 puntos básicos (como máximo) antes de que finalice el otoño”, apuntan.

Las expectativas de un cambio de rumbo en la política monetaria de la zona euro, unidas a previsiones de inflación más elevadas, aceleran las caídas en la deuda. Cuando los precios de los bonos bajan, sus rentabilidades —que evolucionan de forma inversa— suben, y esta vez lo hacen con fuerza tanto en mercados tradicionalmente considerados refugio, como el alemán, como en otros más tensionados, como el francés. La referencia alemana a diez años repunta 22 puntos básicos en la semana, hasta el 2,86%, mientras los títulos españoles y franceses avanzan 30 puntos básicos, hasta el 3,35% y el 3,5%, respectivamente.

Similares a los ascensos de los rendimientos europeos son los de las referencias estadounidenses. El bono a dos años sube 18 puntos básicos, hasta el 3,55%, mientras que la deuda a diez años avanza 20 puntos básicos, hasta el 4,13%. “Un debilitamiento significativo del mercado laboral respaldaría un recorte de tipos, pero dado el riesgo de que los precios energéticos se mantengan altos y provoquen otro repunte inflacionario, la Reserva Federal podría sentirse obligada a mantenerse al margen”, señalan los analistas de Morgan Stanley Wealth Management.

Con Bolsas y deuda a la baja, el único activo que resiste es el dólar. Después de un 2025 complicado para la divisa, en las últimas sesiones el billete verde se ha fortalecido y registra ascensos cercanos al 2%. “Creemos que la perspectiva a corto plazo para el dólar estadounidense es de fortaleza. Los fuertes aumentos en los precios del petróleo y del gas lo respaldan, mientras que el encarecimiento de la energía pesa sobre las divisas vinculadas al crecimiento, como el euro”, apuntan los analistas de UBS.

Mientras los precios del petróleo rozan nuevos máximos y el estrecho de Ormuz sigue bloqueado, Europa observa con cautela. La historia reciente enseña que cada interrupción prolongada deja cicatrices en los mercados, pero también evidencia la capacidad de adaptación de los países y las empresas. En este escenario, cada día que pasa en Oriente Próximo no solo redefine los precios de la energía, sino también la geografía de la incertidumbre económica global. Los inversores saben que, en un mundo tan interconectado, los efectos de un conflicto regional pueden sentirse en cada rincón del planeta.

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