Sinner tuvo su tiempo de revancha ante Alcaraz, gritó campeón en Wimbledon y avisó que no ceder su trono como rey del tenis

Sinner tuvo su tiempo de revancha ante Alcaraz, gritó campeón en Wimbledon y avisó que no ceder su trono como rey del tenis


Jannik Sinner saboreó en Londres el dulce sabor de la revancha. Al italiano le había dolido la derrota ante Carlos Alcaraz en la definición de Roland Garros, en la que dejó pasar tres puntos de partido y tuvo que conformarse con el trofeo de subcampeón. Cinco semanas después, sobre el verde césped del All England Lawn Tennis club, le devolvió el trago amargo al español, a quien venció con autoridad en cuatro sets, tras haber cedido el primero, y se transformó en el nuevo monarca de Wimbledon.

El número uno del mundo se impuso por 4-6, 6-4, 6-4 y 6-4 en tres horas y cuatro minutos de juego, bajó del trono al murciano, su escolta en el ranking y quien buscaba su tercer festejo al hilo en el Major inglés, y se convirtió en el primer jugador de su país en gritar campeón en este torneo.

Fue su cuarta consagración en un “grande”, luego de las del US Open del año pasado y de las últimas dos ediciones del Australian Open. Y el nacido hace casi 24 años en San Candido -los cumplirá el 16 de agosto- quedó ahora a un paso de lograr el Grand Slam en su carrera, para lo que solo le falta ganar sobre el polvo de ladrillo de París.

Pese a ser el máximo favorito del cuadro, por su condición de líder de la clasificación ATP, y de haber llegado a la instancia decisiva jugando un tenis altamente competitivo en una superficie que no su favorita -salvo el susto de octavos ante un Dimitrov que lo dominaba antes de abandonar por lesión-, Sinner sabía que Alcaraz era más candidato que él a llevarse la final.

Es que el murciano llevaba una racha de 24 partidos ganados desde su caída en la final de Barcelona ante Rune y de 20 victorias consecutivas en Wimbledon; y tenía un récord de 5-0 en finales de Grand Slam. Se había llevado además los últimos cinco duelos que habían jugado en un historial que ahora lidera por 8-5. Y después de los apuros en la primera ronda ante Fognini, en la que necesitó cinco sets ante el 138º del mundo, fue despidiendo rivales sin demasiados problemas.

Carlitos hizo valer esa ventaja de los papeles en un primer set en el que reaccionó a tiempo tras ceder su saque en el quinto game y quedar 3-2. Pero a partir del segundo, sufrió demasiado con su servicio (bajo porcentaje de primeros adentro y demasiadas doble faltas) y Jannik -que volvió a jugar con una manga en su brazo derecho, por la molestia en el codo que arrastra desde el duelo ante Dimitrov- aprovechó para igualar el partido.

Al italiano se lo vio cada vez más cómodo en la cancha, leyendo bien el juego de su adversario, muy rápido de piernas y más consistente.

El español, en cambio, seguía sin poder sacar lo mejor de su saque y en el cierre del tercer capítulo, se lo escuchó admitirle a su equipo: “Desde el fondo de la cancha, él está siendo mucho mejor que yo, mucho mejor”. Pero igual lograba dar espectáculo, porque fiel a su estilo, luchaba cada punto sin regalar nada y hasta pudo mostrar algo de su magia. Y por eso, el partido era atrapante y entretenido.

Jannik parecía tener todo controlado tras quebrar temprano en el cuarto set y llegar a tener una ventaja de 4-2. Pero a Alcaraz le pidieron desde su banco que volviera a concentrarse en su juego y él hizo caso, recuperó la sonrisa y hasta estuvo cerca de recuperar el saque en un octavo juego en el que tuvo dos break points.

Quizás en ese momento a Sinner le volvieron a la mente los fantasmas de la final de París. Pero si fue así, no se notó. Salvó ese game y dos más tarde, con el público coreando el nombre de su rival -porque todos en el Centre Court querían un quinto set-, selló el triunfo en su segundo match point.

En su 100° partido en un “grande” y con su 81ª victoria en esta categoría, Sinner -que tras su conquista en Australia, paso tres meses alejado de las canchas cumpliendo una suspensión por el doble positivo por doping del año pasado- conquistó por primera ves el torneo más antiguo y tradicional del tenis. Y emocionado como pocas veces se lo había visto, hizo vibrar el All England con un grito de campeón para la historia. Y para el futuro.

Porque la final fue el 13° capítulo del nuevo clásico del tenis mundial que ya seduce a los fanáticos (casi) tanto como lo hicieron las recientes batallas entre Novak Djokovic, Rafael Nadal y Roger Federer, los legendarios integrantes del “Big 3”, o las más lejanas de los míticos Björn Borg y John McEnroe, por ejemplo. Y hay un dato que deja en evidencia el “potencial” de la rivalidad entre el italiano y el español, que se repartieron entre ellos los últimos ocho «grandes».

La temporada actual es apenas la cuarta en la Era Abierta en la que Roland Garros y Wimbledon se definieron con los mismos jugadores. En las tres anteriores quienes se disputaron los títulos fueron Federer y Nadal, que chocaron 40 veces en sus carreras. En 2006 y 2007, el mallorquín celebró en el polvo de ladrillo y el suizo, en el césped. Y en 2008, Rafa levantó los dos trofeos.

Sinner y Alcaraz se repartieron los últimos ocho Grand Slams. Foto EFE/EPA/TOLGA AKMEN

En este 2025, Alcaraz y Sinner fueron los grandes protagonistas en esos dos Grand Slams y, tras perder en París, el italiano gritó campeón en Londres, le negó su tercer título al hilo al español en la Catedral del tenis y se anotó una victoria que dejó a todos con ganas de más duelos entre ambos.

«Hoy fue mi día»

“Es un sueño hecho realidad”, aseguró Sinner sosteniendo en sus manos la copa de campeón de Wimbledon. No lloró el italiano, como suelen hacer muchos jugadores tras una victoria como la que él consiguió ante Alcaraz. Pero se emocionó como pocas veces lo hizo dentro de una cancha. Cuando si triunfo ya era un hecho, elevó las manos y buscó con la vista a su equipo y a su familia, mientras unas sonrisa enorme le invadía el rostro. Y luego, se agachó en medio de la cancha y se tomó unos segundos para saborear su logro en privado.

“Se siente increíble. Simplemente jugar este torneo y ser parte de él es un sueño. Y ahora tener el trofeo. Es una sensación increíble”, afirmó un rato más tarde. «Mi superficie favorita es la dura, aunque sabía que podía darlo todo en las demás. Ganar acá es lo más especial que puede haber, pero no por algo de la superficie. Wimbledon es diferente, pero siempre he pensado que mi juego desde fondo de pista se adaptaba bien al césped».

“Fue muy emotivo, aunque no llorara… es emotivo porque solo yo y mi gente cercana sabemos exactamente lo que hemos pasado dentro y fuera de la cancha, y ha sido todo menos fácil. Intentamos esforzarnos al máximo en cada entrenamiento. A veces me costaba. Mentalmente, quizás incluso más en los entrenamientos. Porque siento que cuando juego un partido puedo desconectar y simplemente jugar. Creo que esto me ayudó mucho”, contó recordando, sin hablar directamente del tema, esos meses en los que no podía ni siquiera practicar como siempre por la sanción por doping.

“Compartir este momento con mi familia es lo más increíble que me podía pasar. En París, solo estaba mi madre y aun así fue muy lindo. Acá estuvo también mi padre, mi hermano, todo el equipo, no solo mis entrenadores, todos los que trabajan para mí han estado aquí. Ha sido una sensación asombrosa”, agregó.

Sinner -uno de los cinco jugadores de 23 años o menos que ostentaron en la Era Abierta los títulos de tres torneos individuales masculinos de Grand Slams en simultáneo, junto a Jimmy Connors, Pete Sampras, Roger Federer y Rafael Nadal– aseguró que la final fue un verdadero reto, sobre todo desde lo emocional, por la dura derrota que había sufrido en París.

“Lo que más orgullo me genera es cómo me recuperé después de ese partido. No fue fácil. Pero eso tenemos que hacer. Dejar esas derrotas atrás y seguir adelante. Seguir esforzándote. Entrené con mucha intensidad porque sentía que podía jugar muy bien. Y dije que no era el momento de bajonearme porque se venía otro Grand Slam. Y creo que por eso lo hice genial acá”, reflexionó Sinner.

“No es nada fácil jugar contra alguien con el que has perdido en numerosas ocasiones en los últimos tiempos. Fue importante volver a ganarle (NdR: Venía de cinco caídas al hilo ante el español). En Roland Garros estuve cerca. Hoy las diferencias fueron muy pequeñas y los márgenes muy estrechos; y sentí que la suerte me sonrió un par de veces. Lo que le salió a él en París, esta vez me salió bien a mí”, aseguró.

Y cerró: “Sigo admirando a Carlos porque incluso hoy sentí que estaba haciendo algunas cosas mejor que yo. Y sé que volverá por más. Pero creo que hoy fue mi día. Y siento que todavía no he llegado a mi máximo nivel”.

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