Los hutíes de Yemen se contienen ante el temor de nuevas represalias de Estados Unidos e Israel | Internacional

Los hutíes de Yemen se contienen ante el temor de nuevas represalias de Estados Unidos e Israel | Internacional


Solo un día después del inicio de la ofensiva de Israel y Estados Unidos contra Irán, el 28 de febrero, milicias iraquíes alineadas con Teherán se atribuyeron varias acciones contra bases norteamericanas en Irak y otros puntos de la región. Al día siguiente, otro estrecho aliado de Irán, el grupo libanés Hezbolá, lanzó un ataque a Israel en represalia por el asesinato del líder supremo iraní, Ali Jameneí. Pero una semana tras el comienzo de las hostilidades, uno de los socios regionales más destacados de Teherán continúan sin mover ficha: los hutíes de Yemen.

La cautela mostrada por el grupo hasta ahora, según analistas del país, responde a las pérdidas sufridas en ataques de Estados Unidos y de Israel en los últimos dos años, al temor a nuevas represalias y a consideraciones domésticas. Sin embargo, si el conflicto se prolonga, muchos anticipan que se verán empujados a intervenir, aunque sea de una forma calibrada, por deber religioso, compromiso ideológico, reputación y lealtad a sus aliados. Entre las acciones que podrían adoptar figura la reanudación del bloqueo del tráfico marítimo a través del mar Rojo.

“Por ahora, los hutíes están optando por la prudencia: permanecen en sus propios cuarteles y están esperando a que se asiente el polvo”, observa Hisham al Omeisy, asesor principal para Yemen del Instituto Europeo de la Paz. “Es una postura inteligente y estratégica”, considera, pero “las cosas podrían cambiar sobre el terreno y podrían empujarlos a sumarse a la lucha”.

En los discursos que ha pronunciado desde el inicio de la ofensiva de Estados Unidos e Israel, el líder de los hutíes, Abdulmalik al Huthi, ha presentado la guerra como una agresión contra todos los musulmanes destinada a que Israel domine la región. También ha destacado que las capacidades iraníes y su cohesión interna son suficientes para que haga frente al desafío. Y aunque ha afirmado que su grupo “tiene las manos en el gatillo” y está preparado para intervenir militarmente, por ahora ha evitado anunciar operaciones de apoyo concretas.

Uno de los motivos de esta prudencia es que ya conocen la devastación que puede infligir el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien solo dos meses después de regresar a la Casa Blanca, en enero de 2025, lanzó una ofensiva en Yemen. En apenas 50 días, realizó 339 ataques que mataron a 238 civiles, según la plataforma Yemen Data Project (YDP), y el fuego solo cesó con una tregua en mayo de 2025 que podría colapsar si los hutíes vuelven a actuar.

Israel también ha bombardeado Yemen a gran escala en respuesta a los ataques hutíes contra su territorio, mucho más limitados. El año pasado, Israel mató al jefe militar hutí y al primer ministro de su gobierno, pero en solo 41 ataques también segó la vida de más de 600 civiles, según el YDP, a la vez que golpeó infraestructura civil como depósitos de petróleo, centrales eléctricas y fábricas. “No quieren atraer hacia ellos la potencia de fuego que hay actualmente en la región”, apunta Al Omeisy, ya que “sería muy devastador y extremadamente costoso”.

A nivel doméstico, absorber otra campaña de ataques colocaría a los hutíes en una posición delicada. El grupo controla aproximadamente un tercio del territorio de Yemen (que concentra tres cuartas partes de la población), y desde ahí combate de forma intermitente contra el Gobierno del país, reconocido por la comunidad internacional y apoyado por Arabia Saudí. Pero ya arrastra dificultades para pagar salarios y mantener los servicios básicos en las zonas bajo su control, donde la ayuda exterior se ha visto afectada por su reclasificación como organización terrorista por parte de Estados Unidos el año pasado. Y, además, sus rivales en el bando del Gobierno están inmersos en un proceso de reorganización que podría representar una amenaza.

“Los hutíes no quieren malgastar su capacidad militar en el punto álgido del conflicto, sobre todo porque necesitan ese armamento para el enfrentamiento que se prevé contra el Gobierno yemení”, nota Al Omeisy. “Lanzarse de cabeza al conflicto junto a Irán sería costoso y podría hacerles perder sus reservas y también territorio si el otro bando lo aprovecha”, advierte.

El experto considera que la falta de respuesta inmediata del grupo también refleja el complejo equilibrio que debe mantener entre su ala dura y su facción más moderada. “Cada vez hay más presión entre sus propias filas para que pasen a la acción”, apunta. “El problema está en la cúpula, que está dividida sobre el camino a seguir y la estrategia: mientras los sectores más duros presionan para actuar, las voces más moderadas advierten de que sería suicida” agrega.

El mar Rojo, en la diana

Con todo, en las semanas previas a la ofensiva contra Irán, y anticipándose al posible ataque, los hutíes adoptaron acciones de choque como redistribuir lanzamisiles y repartir arsenales militares por zonas bajo su control, según observaron analistas de Yemen. En caso de entrar en escena, sobre todo si Teherán lo requiere, la mayoría de expertos creen que lo más probable es que, al menos inicialmente, el grupo mida sus acciones para evitar fuertes represalias.

“Si la guerra se alarga y aumenta la presión dentro del Eje de la Resistencia, es más probable que intervengan con una escalada calibrada”, anticipa Mohamed al Basha, experto en Yemen y autor del informe de riesgos Basha Report. “Probablemente empezarían con acciones que puedan controlar y encuadrar políticamente, como la reanudación de ataques contra el tráfico marítimo en el mar Rojo vinculado a Israel o lanzamientos limitados de drones y misiles, en lugar de una campaña directa contra los estados del Golfo o bases estadounidenses”, observa.

Los ataques de los hutíes en el estrecho de Bab el Mandeb, el acceso sur al mar Rojo y por el que transita sobre el 15% del volumen del comercio marítimo mundial, han reducido hasta ahora el tráfico por esta estratégica vía marítima a más de la mitad. Una reanudación de los ataques en esta vía, además, tendría ahora un impacto todavía mayor porque coincidiría con el cerco de Irán sobre el estrecho de Ormuz, la única vía de entrada y de salida al golfo Pérsico y una de las rutas más importantes del mundo para la exportación de petróleo y gas.

“Reanudar sus ataques contra el tráfico en el mar Rojo reforzaría su control sobre esta zona y en el pasado ya les ha dado resultados”, nota Al Omeisy. “Pero también podríamos ver algo más: los hutíes ya intentaron lanzar drones a Tel Aviv”, señala. “No fue especialmente exitoso ni muy eficaz, pero sí tuvo un valor simbólico”, desliza, “así que podrían volverlo a intentar”.

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