La conmemoración del Día del Plomero el pasado miércoles 11 no solo buscó recordar a quienes están al frente de este tradicional oficio y el impacto que tienen en la salud y vida cotidiana de las personas. También puso sobre la mesa de debate la falta de profesionales, sobre todo jóvenes, de este sector de servicios.
Desde hace varios años conseguir un plomero calificado puede demorar días –incluso semanas en algunas ciudades del país–. A tal punto llega esta situación, que conseguir un fontanero calificado se convirtió casi en personajes de ficción: todos los necesitan, pero pocos los encuentran.
De acuerdo con datos del sector, prácticamente no hay plomeros de entre 18 y 25 años. A este panorama se suma otro dato del Banco Mundial y del Indec: existe un déficit cercano al 25% de trabajadores especializados –entre ellos plomeros y albañiles–, lo que encarece los costos de la construcción entre un 8% y un 12%.
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Seguramente si Mario Bross, el simpático personaje de los juegos electrónicos, estuviera en la Argentina de hoy, tendría trabajo asegurado. Mientras nos deleita junto a su hermano Luigi en el cine, en la vida real encontrar un profesional confiable puede transformarse en un suplicio.
Durante años se impulsó la idea de que el único camino al progreso era la universidad. En paralelo, los oficios técnicos perdieron prestigio social. Hoy el resultado es concreto: sobran aspiraciones digitales y faltan profesionales que sostengan lo básico: agua, gas, cloacas, y mantenimiento del hogar, en líneas generales.
Mientras personajes como Mario hacen del oficio algo simpático, en la realidad argentina la plomería se está quedando sin jóvenes que la ejerzan.
No es un problema menor ni sectorial. Es un cuello de botella productivo. Sin oficios no hay obras. Sin obras no hay desarrollo. Y sin recambio generacional, el problema crece.
“Está claro que la baja oferta de oficios impulsa su demanda. Tengo 55 años, y recuerdo que cuando era chica el plomero llevaba a su hijo a trabajar con él para que aprendiera el oficio”, rememora María Gabriela Tomassoni, influencer conocida en redes sociales como @mamaconstruye.
Durante los años 60, 70 y hasta en los 80, era muy normal que los chicos de 13, 14 y 15 años que no querían estudiar fueran a trabajar como aprendices o ayudantes del plomero del barrio, del carpintero, del pocero, del electricista y así fueran aprendiendo el oficio. Los que no estudiaban tenían que hacer algo, no podían quedarse en la casa mirando la televisión o con sus amigos en la esquina. Los mismos padres los mandaban a trabajar, o de ayudantes o de aprendices, sin importar la edad que tuvieran.
Sumado a esta situación, a partir de los 90, la educación técnica fue cambiando la formación de técnicos o maestros mayor de obra, técnicos electrónicos, o electromecánicos o otras más modernas o relacionadas con otro tipo de profesiones u oficios.
“Actualmente existen escuelas de oficios, lugares donde podés aprender un oficio y en poco tiempo tener una salida laboral. Muy redituable, por cierto”, señaló Tomassoni. Pero la realidad indica que los oficios siempre fueron menos “glamorosos” que tener una profesión de carrera universitaria.
“Los mismos plomeros hacían que sus hijos estudiaran una carrera diferente. Y estoy segura de que los jóvenes que pudieron estudiar, gracias al esfuerzo de sus padres, de ninguna manera hubieran dado un paso atrás y volver a tener un oficio en lugar de una profesión”, agregó.
Por su parte, Víctor Guajardo, gerente general de la constructora Amanco Wavin Argentina, señaló que “la falta de plomeros calificados en Argentina refleja un fenómeno más amplio: la escasez de oficios técnicos. Mientras la demanda de servicios vinculados a instalaciones sanitarias y mantenimiento del hogar crece, cada vez menos jóvenes se forman en estas especialidades, generando un desajuste entre oferta y necesidad en el mercado”.
En otra parte, en su entrevista con PERFIL, Guajardo afirmó que “es necesario revalorizar los oficios técnicos como parte esencial de una construcción más eficiente y sostenible. Promover la formación y las condiciones necesarias para que más jóvenes se sumen al rubro es clave para contribuir al desarrollo del sector y expandir el acceso a servicios de calidad en todo el país. La pregunta ya no es por qué los jóvenes no eligen la plomería. La pregunta es cuánto le va a costar al país no tenerla”, finalizó.
La IA no es una amenaza. En redes sociales se volvieron virales los videos que muestran oficios bien pagos y con alta demanda que la inteligencia artificial (IA) no puede reemplazar. Plomeros, gasistas matriculados, electricistas, carpinteros pintores y albañiles son algunos de los más requeridos por los vecinos. Pero también, oficios como técnicos en energía, especialistas en seguridad e higiene o logística son algunos de los perfiles que también buscan en el sector corporativo.
En ese contexto, la Agencia de Habilidades para el Futuro del Ministerio de Educación de la Ciudad (https://centrodesimulacion.bue.edu.ar/buscar) cuenta con más de 670 ofertas formativas entre los centros de formación profesional, los institutos técnicos y el centro de simulación.
Respecto a este último caso abrió una nueva serie de cursos gratuitos de formación laboral orientados justamente a sectores donde hay oportunidades concretas de empleo.
El inicio de las capacitaciones está previsto para el próximo 16 de marzo y abarcan áreas como energía, sustentabilidad, seguridad e higiene, inteligencia artificial aplicada, finanzas, robótica, realidad aumentada y logística. Estos cursos se dictarán de forma presencial y práctica en el Centro de Simulación de la Agencia, un espacio con laboratorios equipados donde los participantes trabajan con situaciones que replican entornos reales de trabajo.
La propuesta está abierta a todo público y apunta a quienes buscan acceder a su primer empleo, mejorar su perfil laboral o reconvertirse profesionalmente. En la última edición se inscribieron casi 2.000 personas, lo que refleja el creciente interés por adquirir habilidades vinculadas a sectores productivos con demanda.
Hace agua
◆ Prácticamente no existen mujeres en el sector de la plomería y las reparaciones. Según las estadísticas, el 98% de los plomeros son varones.
◆ Profesión de “mayores”. Casi no existen plomeros que tengan entre 18 y 25 años de edad.
◆ La mayoría de estos profesionales se encuentran en el rango etario de entre los 46 y 55 años.
◆ El 84% dice haber elegido este trabajo por su vocación y apenas un 15% por “necesidad”.
Se necesitan incentivos
C.C.
Desde la Cámara Argentina de Instalaciones para Fluidos (CAIF), también alertan sobre el tema. En este sentido, su asesora legal, Alejandra Lewoski, habló con PERFIL y dejó en claro la postura: “Desde que se desreguló el sistema de Obras Sanitarias de la Nación, cuando se privatizó el sistema de servicios de agua, no existe en este momento la matriculación de plomeros, a quienes denominamos instaladores sanitarios. Pero además, tampoco existe la regulación, inspección, y controles de los trabajos realizados. Esto llevó a un empobrecimiento de la actividad en cuanto a la calidad de los mismos. Actualmente la plomería es un oficio que forma parte de un polirrubro de servicios. Hoy quien se dedica a la plomería también hace electricidad, pintura y un poco de todo. Y hacer un poco de todo no es tener conocimiento pleno de lo que se hace”. Otra arista es que no hay exigencia de calidad y se busca no al que más sabe sino al que menos cobra.









