Es un día caluroso y los hombres, de prolijo traje para el evento diplomático, lo sufren aún más. Estamos en Nueva York y es 22 de julio de 1946. Es el día de la firma del acta de creación de la Organización Mundial de la Salud, la OMS. Del acto participan representantes de los países firmantes. Argentina es uno de ellos. Casi 80 años después, Argentina abandona la OMS.
Es un inconfundible símbolo de alineamiento político con Estados Unidos, el mismo país que en su momento impulsó la creación del que sigue siendo el mayor organismo de coordinación de salud global. El contrapunto que se da entre esos días y la situación actual es interesante.
En su momento, el firmante del acta fue (ad referéndum de la rúbrica oficial) un sanitarista especializado en salud pública que ofició de “delegado” en la materia: Alberto Zwanck. Dos años después, todo quedó plasmado en una ley que lleva la firma de Juan Hortensio Quijano, entonces ministro del Interior, y el presidente de la cámara de Diputados, Héctor Cámpora. “Apruébase la constitución de la Organización Mundial de la Salud y el protocolo concerniente a la Oficina Internacional de Higiene pública, documentos firmados en Nueva York por los delegados argentinos, el 22 de Julio de 1946”, decía el texto normativo.
Casi 80 años después, Mario Lugones, actual ministro de la cartera sanitaria, avala la separación de la Argentina del organismo. Lo hace en respuesta a la sintonía fina que la cúpula del Gobierno definió respecto de la gestión del presidente estadounidense, Donald Trump, cuya política exterior en buena medida viene promoviendo una redefinición total de la tendencia histórica al multilateralismo.
Fuentes oficiales ligadas a esa cartera dejan entrever (a modo de tranquilizar) que no habrá cambios sustanciales, ni en provisión de vacunas ni en ningún orden que pueda alterar la gestión de salud en Argentina. Y, al mismo tiempo, el ministerio robustece la alianza histórica con un organismo que es hijo (filial regional) de la propia OMS, la Organización Panamericana de la Salud: hace 10 días firmó un acuerdo para impulsar que los medicamentos argentinos lleguen a la región. ¿Qué significa todo esto?
Las claves del adiós a la OMS
La noticia de la salida de la OMS, ahora oficializada por el canciller Pablo Quirno, se había adelantado hace cosa de un año. Pero fue en mayo de 2025, con la visita del secretario de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., cuando el tema cobró especial envergadura.
El funcionario estadounidense (un reconocido cuestionador de la eficacia de las vacunas) había dado una conferencia de prensa compartida con su par local, en la que había dejado entrever que se crearía un nuevo organismo multilateral (nunca ocurrió) para reemplazar la supuesta ineficacia de la OMS.
Aunque desde el Ministerio de Salud habían difundido una comunicación bien alineada con la vocería estadounidense (“hoy la evidencia indica que las recetas de la OMS no funcionan porque no están basadas en ciencia sino en intereses políticos y estructuras burocráticas que se resisten a revisar sus propios errores. Lejos de corregir el rumbo, la OMS ha optado por ampliar competencias que no le corresponden y condicionar la soberanía sanitaria de los países”), Lugones no se quedó en el molde cuando le tocó aclarar. En la conferencia de prensa, más de una vez debió ratificar su compromiso con las vacunas, y que Argentina, en ese sentido, no cambiaría ningún rumbo.
Desde esos días de mayo a esta parte, varias veces se vio en la necesidad de asegurar que la salida de la OMS no afectaría la provisión de vacunas ni de medicamentos en ningún sentido. En paralelo se ocupó de engrosar una colaboración -que desde lo discursivo quizás compense-, con el organismo que hace las veces de representante local de la Organización Mundial de la Salud: la OPS. Así, para muchos fue quedando completamente claro que se trataba de una cuestión política o, más bien, geopolítica, y que el gesto era meramente simbólico.
Miradas sobre la salida de la Argentina de la OMS
Aunque no faltan referentes de la salud que minimizan la cuestión, otras voces se pronuncian de manera crítica. Es el caso el ex secretario de Salud Adolfo Rubinstein, quien consideró, en diálogo con Clarín, «vergonzoso dejar de estar en la conversación sanitaria global, pero también, el dejar de estar presentes en todos los mecanismos que tiene la OMS para preparación y respuesta a pandemias, cuestiones de asistencia técnica, más allá de que el país hoy no reciba directamente fondos desde la OMS». «Las consecuencias no se pueden medir todavía y es una mala decisión, que sigue irracionalmente las políticas de Donald Trump, representante del único otro país que se fue de la OMS», agregó.
En febrero de 2025, desde el Ministerio de Salud de la ciudad de Buenos Aires (conducido por Fernán Quirós) se había cuestionado la decisión del Gobierno nacional, con el argumento explícito de que contar con una institución coordinadora a nivel global era clave, y más aún después de la pandemia. Si no iba a ser la OMS, alguna institución debía ocupar ese rol.
Pasado un año, desde el entorno de ese ministerio explican que el sustituto es claro, de modo que la situación estaría ordenada: la OPS, que en definitiva es la OMS, hace las veces de nueva institución coordinadora a nivel regional y local. De ser necesario coordinar políticas mundiales en un nivel mayor, la OPS será el vaso comunicante lógico con el organismo “madre”.
Al revés, Nicolás Kreplak, ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, criticó la decisión, que interpretó como la debilitación de herramientas que fueron fundamentales en la pandemia y consideró que es una muestra de oposición del Gobierno “al rol del Estado, la cooperación internacional y el cuidado de la salud de la población”. Calificó la medida como “una verdadera irresponsabilidad”, ya que “la articulación global es clave para la gestión de la salud”, en “el acceso a insumos, vacunas, información epidemiológica y estrategias de prevención”. Aunque, como se dijo más arriba, esa coordinación se haría a través de la OPS.
El médico y diputado Pablo Yedlin (Unión por la Patria), legislador varias veces integrante de las comisiones de salud del Congreso, opinó que “es un error enorme” y que tanto el Gobierno local como el estadounidense esgrimen motivos “falsos”. Atribuyó la decisión de Donald Trump a un posicionamiento geopolítico. “Trump busca una posición dominante, pero para los países periféricos que recibimos más de la OMS que lo que damos -desde investigación y cooperación hasta evaluación o asesoramiento-, no tiene ningún sentido”, marcó Yedlin.
Ahora bien, ¿cambiará algo? El diputado fue claro: “La OMS va a seguir haciendo sus recomendaciones. Van a ser públicas y la Argentina va a tomarlas o no. A mí me parece que algo cambia. Cuando sos parte de una organización multilateral que investiga, desarrolla, coopera y opina, podés debatir si formás parte de la estructura. Si no sos parte, la ves de afuera. No es que vayamos a tener problemas de salud por irnos, pero es un retroceso”.










