Un ataque en Irán al mayor yacimiento de gas del mundo eleva la intensidad de la guerra y su repercusión en los mercados | Internacional

Un ataque en Irán al mayor yacimiento de gas del mundo eleva la intensidad de la guerra y su repercusión en los mercados | Internacional


La guerra en Oriente Próximo vive este miércoles una importante escalada con el primer bombardeo, en casi tres semanas de conflicto, contra instalaciones iraníes de producción de energía. Se trata de plantas petroquímicas en Pars Sur, la gigantesca Zona Económica Especial de energía en la que Irán explota el mayor yacimiento de gas del mundo, que llega hasta Qatar. Ni Israel ni EE UU se han atribuido el ataque, pero la prensa israelí lo atribuye al primero con luz verde del segundo y ha tenido tres consecuencias inmediatas: los precios del barril de brent y del gas TTF se han disparado, Teherán ha prometido represalias “en las próximas horas” contra las instalaciones de hidrocarburos de todo el Golfo y algunos países amenazados (como Qatar y Emiratos Árabes Unidos) han criticado esta agresión a Teherán.

El bombardeo originó inicialmente un incendio. Poco después, la agencia de noticias iraní Tasnim aseguró que está bajo control y dio cuenta de “algunos daños” a la infraestructura, pero ningún herido. Según otra agencia estatal, Fars, alcanzó tanques de gas y partes de una refinería. Los trabajadores fueron evacuados a un lugar seguro.

La Guardia Revolucionaria de Irán se ha apresurado a emular las órdenes de evacuación de Israel, publicando las suyas inmediatas para varias instalaciones de hidrocarburos en el Golfo, como la planta de gas natural licuado de Ras Laffan, en Qatar; y la refinería Samref, en la costa saudí del Mar Rojo. Riad ha enviado por primera vez una alerta a los teléfonos móviles de algunos de sus residentes, advirtiéndolos de una posible amenaza aérea, según ha señalado uno de ellos a la agencia Reuters.

“Peligroso e irresponsable”

En Qatar, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Majed Al Ansari, ha tildado de “peligroso e irresponsable” el ataque contra el yacimiento iraní de Pars Sur, que se extiende a su territorio con Pars Norte. “Reiteramos, como ya hemos insistido en repetidas ocasiones, la necesidad de evitar atacar instalaciones vitales. Hacemos un llamamiento a todas las partes a actuar con moderación, respetar el derecho internacional y trabajar para lograr una desescalada que preserve la seguridad y la estabilidad de la región”, ha señalado en la red social X. Emiratos Árabes Unidos ha abundado en la idea, al describir el ataque como “una amenaza para la seguridad energética global”.

Los mercados no prevén la desescalada que pedía el portavoz catarí. Tras días de altibajos, han reaccionado elevando un 5,5% el barril de brent, hasta los 109 dólares (casi 95 euros, su mayor nivel desde el 9 de marzo), y un 6,6% el gas TTF, hasta los 55,5 euros el megavatio hora.

En Israel, el ataque se interpreta como un mensaje: Teherán no seguirá produciendo y exportando combustible mientras bloquea el paso por el estrecho de Ormuz y mantiene cerradas, con sus ataques, instalaciones de hidrocarburos en el Estado judío y en los países del Golfo.

Lo ha lanzado además tras 48 horas de los denominados “asesinatos selectivos” de hombres fuertes del régimen, con la intención de derrocarlo o, al menos, debilitarlo y sumirlo en el caos. El principal: Ali Lariyaní, que Israel describía como el gobernante nacional de facto. Los otros dos han sido Gholamreza Soleimani, jefe de la milicia Basij, y el ministro de Inteligencia, Esmail Jatib. Teherán ha prometido vengar todas estas muertes.

La directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, ha asegurado que el régimen “parece estar intacto”, aunque también “ampliamente debilitado”, con “sus capacidades convencionales de proyección de poder militar prácticamente destruidas”.

Sigue en pie, en parte, porque lucha por sobrevivir. Su estrategia pasa más bien por una suerte de guerrilla global, aprovechando su capacidad geográfica de bloquear el estrecho de Ormuz (logrando mucho impacto con pocos medios) y de atacar a los aliados de Washington en el Golfo, con la esperanza de que la subida del precio del petróleo y la presión internacional (principalmente de países que lo necesitan en Asia y Europa) lleven al presidente de EE UU, Donald Trump, a ordenar el cese de la guerra.

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