Argentina sale a la calle a 50 años del comienzo de la dictadura: “En la marcha, la memoria está viva”

Argentina sale a la calle a 50 años del comienzo de la dictadura: “En la marcha, la memoria está viva”


Desaparecido, represión, muerte: son las primeras ideas que los argentinos asocian con la última dictadura. La mayoría de la sociedad tiene una clara valoración negativa del régimen militar que gobernó el país entre 1976 y 1983, según coinciden diversos sondeos de opinión. Pero ese consenso convive, desde fines de 2023, cuando Javier Milei entró en la Casa Rosada, con un Gobierno que relativiza los crímenes del terrorismo de Estado y que ha interrumpido o desfinanciado las políticas públicas vinculadas con la memoria y los derechos humanos. La marcha que todos los años moviliza a miles de personas el 24 de marzo para conmemorar el golpe militar y reiterar la consigna Nunca más pondrá en escena este martes, en el 50° aniversario del inicio de la dictadura, esa tensión entre pasado y presente que atraviesa Argentina.

“¿Quién va a la marcha?”, es una pregunta repetida en los últimos días en numerosos grupos de Whatsapp y en redes sociales. Aunque el rechazo a la dictadura va más allá de la polarización política del país, el revisionismo impulsado desde el Ejecutivo favorece que la manifestación –con epicentro en Buenos Aires y réplicas en las principales ciudades argentinas– se convierta también en una demostración pública contra Milei.

Los medios argentinos se han volcado en coberturas especiales sobre la dictadura este fin de semana, pero en la calle la conversación pública ha tomado otros rumbos. La difícil situación de la economía —con el desempleo al alza y el consumo en caída por la pérdida de poder adquisitivo— y los escándalos políticos que golpean a Milei y su círculo íntimo son temas mucho más frecuentes en las charlas de café. “Hace un par de semanas vinieron un par de clientes a preguntarme si había escuchado que querían indultar a los militares”, dice Sonia, camarera de un café del barrio de Colegiales, en referencia a un rumor que circuló con fuerza en el último mes. Ante la falta de señales oficiales, se apagó. “Escuché muchas más quejas de madres por el precio de los útiles escolares, de lo caro que está todo o de que se desloman trabajando pero no llegan a fin de mes”, compara.

La dictadura es uno de los primeros temas del ciclo lectivo en todas las escuelas de secundaria de Argentina. Hay pocos adolescentes que ignoren que el régimen militar causó miles de desapariciones forzosas o que robó a bebés que todavía hoy buscan las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo. Aun así, los profesores cuentan que cada vez es más difícil que muestren interés por un tema que ven lejano. “La transmisión por la vía de la palabra funciona cada vez menos”, cuenta Mercedes Álvarez, docente de lengua y literatura. Detalla que los alumnos evitan leer los libros que les recomiendan sobre la materia y recurren a audiolibros o resúmenes que le piden a la inteligencia artificial. “Cambia si tienen una experiencia directa, por ejemplo, si van a una visita guiada a la ex ESMA”, dice Álvarez, en referencia al espacio donde funcionó el mayor centro clandestino de detención de la dictadura. “Ahí sí ves, por sus caras, que se dan cuenta de la gravedad de lo que ocurrió”, asegura.

Gabriel Ruiz, profesor de historia, coincide en la creciente distancia con la que las nuevas generaciones ven la dictadura. “Saben sólo lo básico, pero no les pidas profundizar, establecer relaciones, porque se forma silencio”. Ruiz considera que unos años atrás incluso podía abrirse un debate en el aula con algún alumno que cuestionaba el número de desaparecidos o el plan económico de la dictadura, pero “ahora lo que predomina es la indiferencia”, lamenta.

En el jardín de infantes Sueños Bajitos, en el barrio popular Padre Mugica, antes conocido como Villa 31, todos los años organizan para esta fecha actividades alusivas a la memoria. Esta vez decidieron trabajar la idea de la “identidad” y eligieron por votación un nombre para cada sala, cuenta Paula Giraut, su directora. Los niños escuchan canciones como Pañuelito blanco, del grupo infantil Canticuénticos, y aprenden de ese símbolo que representa a las Madres de Plaza de Mayo. “Les contamos que son mujeres que buscaban a sus hijos. No nos metemos en detalles que puedan generar algún miedo a estas edades, pero sí trabajamos más a fondo con las familias. Este año bordamos un pañuelo colectivo con los padres y las madres”, apunta.

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A 50 años del golpe de Estado en Argentina, continúa la búsqueda de desaparecidos

Abuelas de la Plaza de Mayo en una manifestación por las víctimas de desaparición forzada. Vídeo: EPV

La percepción social sobre la dictadura fue indagada por diversas encuestas en los últimos días. Un estudio de Pulsar, el observatorio de opinión pública de la Universidad de Buenos Aires, concluyó que el 71% de los consultados considera malo o muy malo el desempeño de la dictadura. Y casi el mismo porcentaje (70%) está de acuerdo con que “es necesario que el Estado siga juzgando a los militares”. Sin embargo, esa mayoría decae al describir el proceso militar: para el 61%, “la dictadura llevó a cabo un plan sistemático de desaparición de personas y violación de derechos humanos”, mientras que un 32% estimó que “encaró una lucha contra el terrorismo en la que pudo haber excesos”. ¿Qué es lo primero que se le viene a la mente cuando piensa en la dictadura?, preguntó Pulsar. Desaparecido, muerte, represión, militar, tortura, violencia fueron las respuestas mayoritarias.

Otra encuesta, encargada por Amnistía Internacional y realizada entre personas de 16 a 30 años, señaló que “aunque la democracia y los derechos humanos no lideran sus preocupaciones, los jóvenes permanecen en alerta. Una mayoría del 56% expresa preocupación por que los hechos de la dictadura puedan repetirse”. Además, un 75% desaprueba un eventual indulto a militares condenados. Pero el sondeo advierte que “alrededor de un tercio de los jóvenes está dispuesto a ceder libertad de expresión y voto de autoridades a cambio de mayor crecimiento económico (39%) o mayor seguridad (30%)”.

“Hoy no sé qué consenso social hay sobre el pasado reciente de Argentina. Y no sé a quién le importa”, advierte Alejandra Naftal, quien fue secuestrada y torturada durante la dictadura y quien, entre 2015 y 2022, dirigió el Museo Sitio de Memoria ESMA. Su planteo es el de una profunda autocrítica, formulada desde el kirchnerismo, el sector del peronismo que gobernó el país entre 2003 y 2015, y que tuvo alta incidencia en el lapso 2019-2023. En esos años, dice, el Estado “escuchó las demandas del movimiento de derechos humanos”, pero ese acercamiento tuvo una contracara: “Las políticas de memoria, verdad y justicia se fueron volviendo cada vez más partidistas, se cancelaron voces en discordia, y esto fue generando que nos empecemos a hablar a nosotros mismos, sin abrir nuevas líneas de fuga”, agrega. “Creo que la marcha del 24 de marzo va a ser multitudinaria, pero no sé si va a convocar nuevos actores y nuevas narrativas”.

El lema central de la marcha que tendrá lugar este martes en la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada en Buenos Aires, denuncia coincidencias entre el programa de Milei y el de la dictadura, así como los intentos del Gobierno de poner en duda la cantidad de desaparecidos: “El mismo plan, la misma lucha. Son 30.000. Que digan dónde están”, reza la convocatoria de numerosos organismos de derechos humanos. Durante las últimas semanas, hubo múltiples actividades previas a la movilización, desde debates y muestras artísticas hasta talleres para elaborar pañuelos, banderas e imágenes que se podrán ver en la marcha. Este lunes comienza una “vigilia por la identidad” en la plaza, donde se reunirán referentes del espectáculo, la cultura, el periodismo y los derechos humanos.

Magdalena Mercuri Guillemi es médica, tiene 39 años y marchará por la memoria de su tía paterna, María Leonor Mercuri, desaparecida en Mendoza. Junto a familiares está haciendo una bandera con su nombre. “Crecí con eso, es parte de mi historia, pero en la familia costaba que fuera un tema de conversación”, cuenta. Con la llegada de Milei al Gobierno, eso que siempre había sido solo información empezó a interpelarla de otra manera. “Empecé a entender cómo pudo suceder eso y empecé a hacer preguntas: quién era Leonor, esa persona que ya no está”. Así supo de su militancia, de su secuestro y de la posibilidad de que haya sido arrojada al río en uno de los “vuelos de la muerte”, lo que disipa la esperanza de recuperar sus restos. “En la marcha”, dice, “siento que la memoria está viva, que camina”.

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