«Scaloni va a ser el primero en poner a los jugadores con los pies sobre la tierra»

«Scaloni va a ser el primero en poner a los jugadores con los pies sobre la tierra»


A la distancia, con la serenidad que le dan sus 40 años pero sin esquivar ninguna herida que todavía supura, Lucas Biglia repasa como pocas veces el detrás de escena de una de las etapas más turbulentas de la Selección. Desde Milán, donde vive tras su retiro y luego de una reciente experiencia como ayudante en Anderlecht de Bélgica, el ex mediocampista abre una charla extensa y filosa: habla del caos en Rusia 2018, de la falta de organización en la AFA, de sus propias decisiones y de una mochila que, admite, recién se alivió con la consagración en Qatar. Mientras asegura estar listo para su primer desafío como entrenador principal, se abre autocrítico, directo y sin cassette para reconstruir por qué aquel equipo albiceleste de su generación quedó a un paso de la gloria y qué cambió para que la historia terminara siendo otra.

-¿Cuando mirás para atrás en tu extensa carrera qué ves?

-Veo muchas cosas que me hubiese gustado hacer que no pude hacer.

-¿Tanto te quedó por hacer?

-Cometí ciertos errores, ciertas decisiones, que las asumo y me hubiesen cambiado el panorama.

-Haberme negado una oportunidad más en la Selección, por ejemplo. No esperar que sea el entrenador quien decida no convocarme más. Y en Italia, tanto en Lazio como en Milan tomé la decisión de irme porque sentí que en ese momento no me estaban valorando y también me equivoqué. Son cosas que pienso ahora con el diario del lunes.

-¿Qué fue lo que más disfrutaste de tu carrera y lo que más sufriste?

-Lo que más disfruté fue el Mundial 2014 y lo que más sufrí fue el Mundial 2018.

-Dijiste hace un tiempo que el título de Qatar también te sacó a vos un peso de encima.

-Lo dije por mí. El peso era porque sabía que jugaba con el mejor de la historia del fútbol y no haber podido consagrar. Quedaba ese remordimiento. Y no me interesó que él lo haya conseguido mientras muchos de nosotros lo hayamos mirado. Me interesaba que él pudiera consagrarse para terminar de cerrar un montón de bocas. Por eso te digo que sufrí el 2018.

-¿Más allá del alivio hubo algo de “pucha ,esto lo podíamos haber logrado nosotros”?

-No, no, no. Para nada. Fueron dos Mundiales totalmente diferentes. En el 2014 el equipo fue en crecimiento constante y en 2022 los chicos arrancaron muy mal porque estaba la vara muy alta y salieron a jugar contra México para demostrar que eran lo que todo el mundo hablaba. Creo que hicieron felices a muchos. Fue también un descargo social que la gente necesitaba. Estos jugadores no solamente le dieron a la gente el título del mundo, sino una alegría en un momento crítico del país.

-Si Argentina no salía campeón en 2022, ¿creés que hubiese pasado algo similar con las críticas o no porque ya venían de ganar la Copa América y la Finalissima?

-No porque ya venían de ganar. Se enfrentaban al último campeón. De hecho, nosotros no tuvimos críticas después del Mundial 2014, al contrario. La crítica hacia nosotros arranca después de la segunda Copa América que perdimos, en 2016. Ahí arrancó el ensañamiento con nosotros.

-Sos muy autocrítico y también de tu generación: ¿cuál fue el error más grande de ese grupo?

-No lo sé. Nosotros sabíamos que la crítica no era constructiva, no era sana. Y nos cerramos. En ese momento me pareció perfecto. Yo no puedo salir a dar una nota si me están diciendo que yo voy a la Selección porque soy amigo de alguien. A mí me ha pasado, me decían que estaba en Mercedes comiendo salame. Y yo me he movido en el Mundial 2018 con una fractura en la espalda. De hecho, cuando volví de ese Mundial estuve cuatro meses parado porque por haber corrido mal tanto tiempo me rompí la inserción del tendón de Aquiles con el gemelo en una entrada en calor en el club.

-¿De ese tiempo molestaba más la crítica de aquellos que hablaban del club de amigos de Messi?

-En 2015 yo di una entrevista en mi casa en Mercedes después de haber perdido la final de la Copa América cuando algunos ya habían empezado a criticar a Di María. Y ahí yo dije “Ángel se la va a dar tantas veces pero va a romper la pared”. Esa frase la dije yo en el patio de mi casa con Martín Arévalo. Yo sabía lo que Ángel sufría porque no jugaba y él quería jugar en cualquier condición. En 2014 él rompió la carta del Madrid para jugar y eso demuestra lo que era y es él como jugador y como persona. Entonces, que te llegue toda esa crítica gratis después… Si vos me decís que no puedo estar por un tema futbolístico yo lo voy a tomar y hasta voy a tratar de mejorar para cambiar tu opinión, pero ya llegó un punto en donde en mi caso yo combatía conmigo mismo para demostrarle a una persona que tenía una hora de aire y me criticaba con descaro con cosas que no tienen nada que ver con el fútbol. Lo peor que te puede pasar a nivel humano es cuando empezás a luchar contra vos mismo. La competencia con los compañeros es lo mejor, pero cuando competís contra vos mismo es una batalla que vas a perder.

Lionel Messi y Lucas Biglia en el Mundial de Rusia 2018. Foto: AP

-¿Puertas adentro qué explicación le encontraban a no haber podido ganar una final: hubo algo de mentalidad o simplemente no alcanzó lo futbolístico?

-Si te hablo del Mundial qué te voy a decir si tuvimos las situaciones y las erramos. Si te hablo de las Copa América quería volver para atrás y patear de vuelta. Creo que en la final en Chile, nos dominaron un poquito más, pero en las otras tuvimos todo para ganarlo. Después, es fútbol.

-El 2018 fue tu despedida de la Selección, ¿qué fue lo que más te dolió de ese desenlace?

-Mi idea en ese momento fue dejarle espacio a que viniera otra gente a trabajar con tiempo. Cuando me subí al micro y escuché los mensajes de mi gente, todos me decían que estaba loco, que me estaba apurando. Yo en ese momento sentí eso. Es fácil hablar ahora. Yo hice lo que sentía y lo que creía que era lo mejor en ese momento. Yo les dije: “Ustedes no están en mi piel y el que está sufriendo soy yo. En este momento lo mejor es dar un paso al costado”.

-Con el diario del lunes, ¿cambiarías algo de lo que hicieron como grupo en Rusia?

-No. Nosotros tratamos de buscarle solución a todo lo malo que habíamos hecho. Teníamos ganas de revertir las cosas. Si nos hubiese dado lo mismo hubiésemos dejado todo así y tal vez irnos en fase de grupos.

-¿Pensaban que si no le pedían esa reunión a (Jorge) Sampaoli no pasaban a octavos?

-No habíamos estado a la altura y del Mundial no te querés ir. Yo estaba todo lesionado y fui uno de los que en un momento le dije a Jorge que no estaba para jugar. Él me quería hacer jugar y le dije “Jorge no me puedo mover, fui un desastre los primeros 45 minutos que jugué contra Finlandia”. Yo fui el primero que me bajé porque reconocí mi limitación. No me avergüenzo ni me siento mal por haberlo hecho porque creí que durante cuatro años me había esforzado al máximo para ganarme un lugar con todas las dificultades que habíamos tenido. Pero no me quería ir del Mundial y si había que hablar con el entrenador para darle un punto de vista no me parecía mal tampoco. El jugador es quien lleva a cabo las ideas y si el jugador no está predispuesto a llevar a cabo la idea se hace difícil.

Biglia y Jorge Sampaoli en Rusia 2018, un Mundial conflictivo para la Argentina con ruido entre el plantel y el DT. Foto: Juano Tesone

-Hay muchas cosas que pasaron en ese Mundial que todavía no se terminan de entender.

-Yo te lo resumo: en el fútbol hay algo que tiene que ser básico y claro y es la organización. Si no hay organización es imposible que un equipo o una selección gane porque por diferentes motivos vas a tener problemas con los jugadores a nivel administrativo, técnico, táctico, o lo que sea. ¿Te acordás en esos años los problemas de la AFA? Ahí tenés. La AFA era un problema y es imposible que eso no se trasladara a cualquier ámbito hacia abajo. Está muy claro eso. No podés tener tres entrenadores en un proceso hacia un Mundial. Ojo, no me saco de encima ninguna responsabilidad, eh. Me hago muy responsable de lo sucedido durante esos cuatro años. Pero hay que entender que es muy difícil trabajar cuando pasas a tener entrenadores muy diferentes como Martino, Bauza y Sampaoli. Tres procesos diferentes, tres maneras de jugar diferentes, mismos problemas. Cuando la cosa viene mal es imposible que termine bien.

-¿La hecatombe no fue solo por esa fricción con Sampaoli, sino que las cosas internamente ya no venían bien?

-Rusia fue la frutilla del postre. No quiero revolver mierda, pero si tengo que marcar cosas: ¿Cuántas tonterías se dijeron mientras nosotros estábamos en Rusia? ¿Cuántos audios salían de adentro diciendo que los jugadores le habían ido a decir al técnico que se tenía que ir, que ellos le iban a armar el equipo? Era gente que quería un puesto en la AFA. Es dificilísimo. Con esa gente nos levantábamos todas las mañanas y yo pensaba “me dabas una palmada y me decías ‘dale que todavía tenemos chances’”… ¿Qué me estabas diciendo con eso? Me estabas clavando un puñal esperando que nos vaya mal. Dejemos de lado al periodismo, los primeros que querían que nos fuera mal eran un montón de personas que estaban alrededor, que estaban interesados en la AFA. Decían que había peleas, que este le pegó una piña a tal. ¿De verdad? Nosotros ya teníamos que convivir con los malos resultados y encima teníamos que convivir con estas tonterías.

-¿Y más allá de la charla con Sampaoli no plantearon esto más arriba?

-No. Nosotros queríamos ganar, no nos interesaban los otros problemas. Sacar los trapitos al sol no tiene sentido.

-¿Alguna vez hablaste con Messi sobre todo esto?

-No, con Javi (Mascherano) sí. Con Leo todo lo que dije lo hice públicamente. Messi a nosotros nos defendió puertas adentro, no le interesaba que se viera para el afuera. Yo lo defendí más de lo que me defendí a mí mismo porque sabía lo que era él con nosotros internamente.

-Qué te gustaría que el hincha entienda de ustedes que todavía sentís que no entendió?

-Nada. El hincha siempre va a tener la razón y va a querer ganar. Está en uno hacerle entender que hay situaciones, procesos, circunstancias, más allá de los resultados y los títulos. Pero si uno no puede lograr eso a lo mejor no merece estar en ese lugar.

La mirada de Biglia sobre la Scaloneta y el Mundial que se viene

El título en Qatar no sólo cambió la historia, también reconfiguró miradas. Biglia, uno de los protagonista de la generación que se quedó en la puerta, analiza qué diferencias hubo con el equipo que terminó levantando la Copa del Mundo en 2022. Se mete en la evolución de Lionel Messi, el rol clave de Lionel Scaloni y el peso emocional que, según entiende, marcó el quiebre entre un grupo y otro. Sin resentimientos, pero con mirada crítica, pone en palabras lo que muchas veces quedó en silencio.

-Si comparás aquel grupo y el que pudo ganar todo después: ¿qué diferencias clave le encontrás?

-Yo lo veo muy parecido. ¿Qué cambió?, que ellos ganaron y nosotros perdimos. Esos chicos hicieron muy bien integrar a Leo, porque Leo es una persona que tenés que integrar y hacer sentir cómoda y ellos lo hicieron de diez. Pero después, la relación humana es la misma que teníamos nosotros. La diferencia es que ellos se llevaron la de oro y nosotros la de plata. Con todo el respeto del mundo, te nombro a Enzo Pérez en su mejor momento con Rodri De Paul, a un Pipa Higuaín o al Kun Agüero con Julián Alvarez o Lautaro Martínez, a un Mascherano con Paredes… No estoy diciendo que uno es mejor que el otro, estamos hablando mas o menos de jugadores en mismos niveles, de cracks.

-¿Pero no sentís que en ese recambio Messi se destrabó de algún modo?

-No sé si se destrabó… A lo mejor encontró gente más joven y más fría de cabeza. Nosotros sufríamos mucho más el peso de lo perdido. Y esta generación al haber llegado sin ese peso en la mochila puede hacerlo jugar de otra manera. Eso a él lo ayudó un montón.

-¿Te sorprendió que apenas cuatro años después la Selección haya podido coronar?

-No me sorprendió porque conozco personalmente a algunas personas que están a cargo de esta Selección. Conozco bien a Walter Samuel y a Lio Scaloni. Al Gringo lo tuve en el proceso de Sampaoli y sé cómo razona, como piensa y como se comporta. Ellos están a la altura de ser los mejores del mundo, por eso no me sorprende.

-Scaloni estaba en ese cuerpo técnico y era el más cercano al plantel, ¿le veías pasta para ser el DT en el que se convirtió?

-¿Sabés lo que me gustaba de él? Nos hemos pasado horas y horas de sauna y entrenamientos donde nos venía a preguntar a cada uno qué pensábamos, qué veíamos, qué no nos gustaba. No se dejaba llevar por los nombres. Era muy curioso. Eso te demuestra que te importa qué ven los demás. Así era como ayudante y así es como DT. Walter, igual. Era un animal como defensor y cuando hablás con él decís “pucha, ¿este era el animal que me mataba?”. No pueden tener más humildad. Roberto (Ayala) y Pablo (Aimar), lo mismo. Es la humildad de los grandes. Están en el lugar que realmente se merecen por lo que han sido durante toda su carrera.

-¿Cómo ves hoy a la Selección a menos de tres meses para el Mundial? ¿Está para repetir?

-Para mí la Selección no tiene que ir con la mochila de defender nada, tiene que ir a jugar su Mundial. Tiene que saber que todo el mundo le va a querer ganar. Hay selecciones fuertes como España que está renovada y no es la misma que en 2022, Inglaterra, Francia, a Brasil no lo descarto porque tiene mucho jugador de perfil bajo que es el más peligroso porque tiene hambre. Va a estar lindo. Quisiera que Argentina no sienta el peso de defender nada porque todavía tiene mucho para seguir dando. Y el entrenador va a ser el primero en ponerlos con los pies sobre la tierra porque va a querer repetir.

-Lo conocés mucho a Di María, ¿entendés su decisión de dejar la Selección o creés que todavía tiene para darle un último baile?

-Se retiró como un grande. Fideo está en el podio sin dudas: Leo, Diego, en el orden que quieras, y Fideo. Todos queremos que los buenos jugadores sean eternos. Cuando las decisiones son personales no me meto. Yo me siento muy orgulloso de haber compartido equipo con él y de haber tenido un compañero con esos huevos, porque esa es la palabra que lo define. Los huevos que tuvo para afrontar semejante crítica y demostrarles a todos lo equivocados que estaban.

-¿Qué le dirías a Messi antes de este Mundial?

-Ya juega en otro plano y sigue haciendo la diferencia. No sé cuál será su decisión, pero creo que va a ir. Y va a llegar mucho más liviano que en 2022 y eso va a ser peor para los rivales. Todos lo queremos ver ahí, pero será su decisión.

-¿Cómo ves todo lo que está pasando con la investigación sobre la AFA y si creés que eso puede afectar al grupo de cara al Mundial?

-Esperemos que no. No me gusta opinar de cosas que no sé bien. Yo no creo que los perjudique a los chicos. No creo porque el grupo está consolidado y esto arrancó recién ahora. La diferencia con lo que nos pasó a nosotros es que pasó desde el inicio.

El desafío de ser DT

El traje cambió, pero la obsesión sigue siendo la misma. Lucas Biglia empieza a construir su camino como entrenador con la misma lógica con la que jugaba, desde el análisis, la disciplina y el detalle. Luego de dar sus primeros pasos como colaborador en Anderlecht de Bélgica, donde también jugó, el mercedino adelanta qué tipo de técnico quiere ser y por qué siente que el fútbol argentino puede ser el lugar ideal para empezar. Formación constante, ideas claras y una convicción: el jugador necesita herramientas, no simplificaciones.

-¿Cómo fue esta primera experiencia en Bélgica?

-Me encontré con un montón de cosas que en los cursos no te enseñan y que si no las vivís desde adentro es difícil que las aprendas. Lo disfruté mucho, más allá de los resultados. Cuando echaron al DT me fui porque me sentía en deuda con él. Pero les dije que si en el futuro me necesitaban yo iba a estar.

Lucas Biglia busca lanzarse como DT tras su experiencia como ayudante en Bélgica.

-¿Ya estás para lanzarte como entrenador principal?

-Sí, es la idea. Tengo muchas ganas y me sigo formando. Estoy haciendo un curso en la Universidad de Barcelona de scouting y de match analysis para tener más herramientas. En septiembre empiezo para hacer el título de UEFA Pro, pero ya con los títulos que tengo ya podría entrenar, menos en la Primera de Italia.

¿Qué tipo de técnico quiere ser Lucas Biglia?

-Todos miramos a los mejores, pero después hay cosas que dependen de los clubes, del material que tengas. Todos los entrenadores que tuve me han enseñado cosas para lo que hay que hacer y para lo que no hay que hacer. Todos queremos jugar bien al fútbol, ir a presionar, defender bien. La diferencia para bien la hacen los jugadores y para mal, el entrenador. Si yo te dijera que quiero ser un entrenador ofensivo y no me fijo en lo defensivo me estaría equivocando. Y al revés, lo mismo. Cuando llegue el momento se verá el desafío que me toque. Uno tratará de bajar una idea y comunicarla bien, algo que no es fácil. Es mentira que al jugador no hay que darle mucha información; yo creo que hay que llenarlo de información para que luego pueda decidir de la mejor manera en la cancha.

-¿Dirigirías en el fútbol argentino?

-Sí, me gustaría mucho. Y me daría la revancha que no me di como jugador. Me gustaría iniciarme ahí. Es un fútbol lindo, muy parejo. Cualquiera puede sorprender y eso está bueno.

-¿Recibiste alguna propuesta?

-Estoy hablando algo. Nada concreto todavía. Tuve algunas reuniones para contar mis ideas y mi proyecto. Tengo una idea de la gente que quiero para mi cuerpo técnico. Ojalá que en breve pueda arrancar porque estoy con muchas ganas.

Cómo es la vida después del fútbol

El día después también juega su partido. Y no siempre hay entrenamiento para eso. Biglia lo sabe bien porque en 2023 se retiró con ritmo, con minutos y sintiéndose competitivo en Turquía, pero luego de no encontrar puertas abiertas en Europa eligió frenar. ¿Cómo fue soltar la rutina del futbolista? ¿Qué le generó no volver a la Argentina? ¿Por qué, con el diario del lunes, reconoce que haría algunas cosas distintas? Entre la familia, el pádel competitivo y cuentas pendientes, como terminar la secundaria, dibuja su nueva vida lejos de los pantaloncitos cortos, pero siempre cerca del fútbol.

-Pasaron un par de años de tu retiro, ¿te costó abandonar al Biglia jugador?

-Me costó aceptar el hecho de tener que retirarme cuando a los 37 años había hecho 43 partidos en mi último equipo, jugando Conference League, jugando una final de Copa turca y sintiéndome bien y con ganas. Decidí darle prioridad a mi familia y también estuve negado en darme la oportunidad de volver a la Argentina por todo lo que me tocó vivir en mi último período de la Selección. Pero una vez que arranqué el curso de entrenador no me costó perder la cabeza de jugador.

Lucas Biglia busca lanzarse como DT tras su experiencia como ayudante en Bélgica.

-¿Cómo cambia la vida de un futbolista cuando deja de ser futbolista? ¿Sentís que el fútbol te prepara para ese momento?

-Yo nunca me preparé para dejarlo. Me hubiese gustado retirarme cuando sentía que no podía más. Me hubiese gustado ayudar desde otro lugar. La cuestión no era ser titular, sino seguir sintiéndome jugador. Más que sufrir fue la bronca de sentirme excluido, o no sé cómo llamarlo. Nadie se prepara para dejar el fútbol. Llega un momento en que tu cabeza va pero tu cuerpo no o al revés.

-¿Te arrepentís de no haber vuelto a jugar en la Argentina?

-Hoy te digo que sí. Quizá me hubiese ayudado a seguir ligado a algún club, a iniciarme como entrenador rápidamente. Pero si lo pienso con la cabeza de ese momento te digo que no porque en ese momento sufrí y la decisión que había tomado me parecía la correcta. Me llamó Seba Becaccece, me llamó Eduardo Domínguez, me llamó Cristian Malaspina. A todos les agradecí pero les dije que era más una decisión familiar.

-¿Por qué Turquía para cerrar tu carrera?

-A fines de 2019 no prolongué mi contrato con Milán. Negocié con Fiorentina y Torino. En el medio empezó el tema del coronavirus y el caos en el mundo. Los clubes me decían que tenían que reducir los planteles. Con el miedo de encontrarme sin club, me llamó un conocido italiano para decirme que había un club turco recién ascendido (Karagümrük) que me quería y fui. Me vino bien porque me hizo volver a recordar los valores de mis inicios. A nivel humano me sirvió. Luego pude terminar en otro club (Basaksehir) muy grande de ahí.

-Se te ve jugar y competir en pádel, ¿encontraste ahí algo para sentirte activo?

-Yo nunca dejé de entrenarme. Mismo en Bélgica cuando éramos impares el técnico me hacía jugar, ja. Siempre me mantuve. El pádel me dio un poco del fuego interno que todavía me quedaba, de ese desafío. No lo tomé como diversión; entrené en una academia para aprender a jugar pádel de verdad. Jugué torneos y me inscribí en cuarta división.

-Competiste contra el Papu Gómez, ¿hubo pica del pasado ahi?

-Sí, me lo crucé un montón. Hablamos y quedó todo en el pasado. Quedaron las cosas bien claras con él.

-También terminaste la secundaria a distancia…

-En la pandemia. Tuve la suerte de poder terminarla. Era algo que me había quedado en el camino. Lo hice más que nada para demostrarles a mis hijos que no importa cuando, uno tiene que terminar y cumplir con las cosas. Me quedaban los dos últimos dos años, que fue cuando empecé a entrenar en selección juvenil.

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