La polémica alrededor de la Colección Gelman no se apaga y este lunes volvió a ocupar la agenda de las conferencias matutinas del Ejecutivo. La presidenta Claudia Sheinbaum ha defendido que en ningún caso se está “permitiendo la venta de la colección” y denunció que las críticas a la gestión del acervo “tienen como objetivo hablar mal del Gobierno”. El anuncio a principios de año de la cesión de una de las colecciones de arte moderno más valiosas de México al Banco Santander, con la consecuente salida del país, ha provocado una intensa polvareda, con respuestas poco claras.
La secretaria de Cultura, Claudia Curiel, también participó en la mañanera de este lunes para explicar de nuevo los detalles. “No se va a desarticular, no se vendió, solo sale de forma temporal México y es parte de la oferta cultural del Mundial”, insistió la secretaria a manera de resumen de algunos de los puntos más calientes de una operación acusada de falta de transparencia por parte de la comunidad artística del país. La colección, que puede verse actualmente en el Museo de Arte Moderno (MAM), incluye más de 30 obras de Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros y, sobre todo, 18 Frida Kahlo, que están protegidas por una estricta ley de patrimonio nacional. Desde el anuncio de la cesión, y su consiguiente salida del país, a principios de este año se han sucedido las preguntas sobre los términos y los plazos de la salida de estas pinturas.
“Esta colección ha salido más de 30 veces del país, no es la primera vez que va a itinerar, siempre con los permisos correspondientes”, ha insistido Curiel. La secretaria ha recordado que, por primera vez en más de dos décadas, puede verse en la capital del país parte de la colección (unas 100 obras de un total de 300). “Pudimos colaborar con los coleccionistas para que se presenten en el MAM con absoluta transparencia con los permisos”, añadió la funcionaria, que confirmó también lo que dijo la semana pasada en entrevistas. “La exposición se va a extender hasta julio porque queremos que sea una de las exposiciones relevantes durante el Mundial y los turistas puedan ver esta colección”, añadió.
La secretaria insistió en varias ocasiones en que “la Colección Gelman está en manos de coleccionistas mexicanos”, una constante del discurso del Gobierno para enfatizar que su tarea en este caso se limita a la supervisión y conservación de las obras protegidas como Patrimonio. “La responsabilidad del Instituto de Nacional de Bellas Artes (INBAL) es supervisar el estado de su conservación por ser Monumento Artistico y supervisar que regrese en tiempo y forma”, añadió la secretaria. En concreto, el permiso será por cinco años, como ya se había adelantado, coincidiendo con lo que queda de sexenio. “En ese sentido tiene suscrito un convenio para dar acompañamiento técnico y revisar los permisos de exportacion temporal, que es lo que nos toca en este periodo de administración”.
Durante las últimas semanas se han sucedido las cartas abiertas, firmadas por figuras relevantes de la escena del arte, acusando al Inbal de “opacidad” y de fomentar el “mal uso de la ley”. La polémica llegó la semana pasada por primera vez a la mañanera, donde Sheinbuam instó a la secretaria Curiel a dar más información, además de dejar claro que “nuestro deseo es que se quede en México”.
Las explicaciones de la secretaria a los pocos días provocarón más revuelo. La secretaria habló de nuevo de una cesión de “hasta cinco años”, sin dar el plazo exacto. Curiel señaló además que en ese periodo de cinco años, la colección “tiene que estar yendo y regresando” porque “estamos en gestiones, definiendo fechas, para tener en unos dos años, tres años, otra exposición en otro de nuestros museos mexicanos”. La secretaria explicó de nuevo el esquema con más claridad: El convenio marco dicta una cesión de 5 años pero la ley de aduanas obliga regresos temporales, cada dos años, para evaluar la conservación.
El acervo de los Gelman, una pareja adinerada que llegó al país a mitad del siglo pasado, ha estado rodeado de intrigas desde muy pronto. Sobre todo desde la muerte del marido, Jacques Gelman, un poderoso productor de cine, y la entrada en escena del curador estadounidense Robert R. Littman. Una figura clave que contribuyó a aumentar la colección como asesor de confianza de Natasha Gelman. Pero las cosas se fueron enredando más tras la muerte de la viuda a finales de los noventa. Littman anuncia que el testamento establece que él es el albacea y que la colección debía quedarse en México. Tras un intento fugaz de alojarla en un museo del país a principios de este siglo, una lluvia de supuestos herederos empezaron a pelear por los derechos del acervo. Fue entonces cuando Littman puso a girar la colección por medio mundo. La última noticia que se tenía era que en 2024 Sotheby’s puso a la venta un lote con varias obras. Entre ellas, de David Alfaro Siqueiros y María Izquierdo, protegidas por la ley de Patrimonio mexicana. El Gobierno paralizó la subasta.










