Detectar a tiempo implica comprender cómo se está desarrollando un niño para poder acompañarlo de manera adecuada. Un diagnóstico temprano permite iniciar intervenciones oportunas, potenciar habilidades, prevenir frustraciones y brindar orientación a las familias desde las primeras etapas.
Si bien cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo, existen ciertos indicadores que es importante observar en los primeros años de vida, ya que pueden ofrecer información relevante.
En el área de la comunicación, algunas señales de alerta incluyen la falta de respuesta al nombre, la ausencia de gestos para señalar o pedir, un contacto visual reducido y dificultades para compartir intereses, como no mostrar objetos ni buscar la participación del adulto.
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En cuanto a la interacción social, puede observarse una escasa búsqueda de la mirada del otro, dificultades para sostener juegos compartidos y la ausencia de conductas como pedir, dar o mostrar objetos. También puede notarse la falta de sonrisa social en etapas tempranas.
En relación a la conducta y el juego, pueden aparecer patrones repetitivos, como alinear o girar objetos durante períodos prolongados, así como movimientos corporales repetitivos. Asimismo, es frecuente una marcada resistencia a los cambios o a las variaciones en la rutina.
En el área del lenguaje, resulta fundamental prestar atención tanto al retraso en la aparición del habla como a la pérdida de palabras previamente adquiridas.
Frente a estas señales, los especialistas advierten sobre los riesgos de adoptar una postura de espera pasiva. Expresiones como “ya va a hablar” o “cada niño tiene su tiempo”, aunque frecuentes, pueden demorar consultas necesarias.
Consultar a tiempo no significa apresurar diagnósticos, sino habilitar espacios de evaluación y comprensión. El diagnóstico temprano no constituye un punto de llegada, sino el inicio de un proceso que permite diseñar intervenciones ajustadas y ofrecer mayores oportunidades de desarrollo.
Concientizar también es esto: animarse a observar, registrar y consultar ante la duda. Porque intervenir a tiempo no solo impacta en el presente del niño, sino también en su desarrollo integral futuro.
Lic. María Marta Botto
Psicóloga (UBA)
Especialista en Autismo
M.N. 50.633 – M.P. 95.846










