El Reino Unido acogerá a finales de esta semana un encuentro con 35 países para buscar el modo de reanudar el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, bloqueado por Irán. “La ministra de Exteriores, Yvette Cooper, presidirá un encuentro que reunirá a todas esas naciones por primera vez, para tomar en consideración todas las medidas diplomáticas políticas viables para restaurar la libertad de navegación, garantizar la seguridad de las embarcaciones y tripulaciones atrapadas y resumir el transporte de mercancías vitales”, ha anunciado este miércoles en una rueda de prensa celebrada en Downing Street.
Keir Starmer busca desesperadamente, desde que se convirtió hace ya casi dos años en primer ministro del Reino Unido, definir el papel de su país en la escena internacional. Con la guerra de Ucrania, impulsó junto a Francia una “coalición de voluntarios” para ofrecer al país garantías de seguridad el día en que cesen los combates. Con la guerra de Oriente Próximo, Starmer se ha esforzado en impulsar una respuesta internacional conjunta para reducir la escala de un conflicto al que se ha negado a ser arrastrado.
Unos minutos antes de la intervención del primer ministro, el diario The Daily Telegraph publicaba una entrevista con Donald Trump en la que el presidente estadounidense anunciaba que está considerando la idea de abandonar la OTAN. “Siempre he sabido que [la OTAN] es un tigre de papel. Y por cierto, el presidente Putin también lo sabe”, ha afirmado Trump, que de nuevo ha ridiculizado la capacidad militar del Reino Unido. “Ni siquiera tenéis una armada”, le dice al entrevistador británico. Sois muy viejos y vuestros portaviones ya no funcionan», ha añadido.
Starmer ha evitado la confrontación directa. En vez de eso, ha respondido con un doble argumento. Ha defendido a la OTAN como “la alianza militar más eficaz que el mundo ha conocido”, que ha mantenido la seguridad “durante décadas”. A la vez ha defendido la necesidad de forjar lazos cada vez más estrechos con Europa en seguridad y defensa.
El ‘no a la guerra’ de Starmer
El primer ministro británico se encuentra cada vez más cómodo en su rechazo a un conflicto originado por Washington y Tel Aviv, que desde el primer momento ha definido como contrario a la legalidad internacional y mal planeado.
“No es nuestra guerra. No nos dejaremos arrastrar en un conflicto que no responde a nuestro interés nacional. El mejor modo de rebajar el coste de la vida de los británicos es precisamente trabajando para reducir la escalada militar en Oriente Próximo y para lograr la reapertura del estrecho de Ormuz, que supone una ruta vital para nuestras necesidades energéticas”, ha dicho Starmer.
El Gobierno laborista, como otros países en Europa, ha aprobado una serie de medidas de emergencia para paliar las consecuencias económicas de la guerra contra Irán, con reducciones en la factura del gas y la electricidad en la mayoría de hogares.
Starmer ha anunciado que, tras el encuentro internacional para tratar la crisis del estrecho de Ormuz, convocará a los responsables militares de las naciones participantes para planear un posible esfuerzo conjunto de seguridad en el paso marítimo, pero solo para el momento en que la guerra concluya y se llegue a una situación de cese de las hostilidades.
El Reino Unido ha decidido acelerar su voluntad de trabajar cada vez más estrechamente con la UE en los ámbitos de seguridad, defensa, economía y comercio. Starmer ha reafirmado su compromiso de no reincorporar al país al mercado interior o a la unión aduanera, pero ha anunciado a la vez el propósito de su Gobierno de buscar un alineamiento normativo más intenso con Bruselas, algo que para los euroescépticos ha sido siempre casus belli.
“Creo que, en todas esas materias, necesitamos una relación más cercana con Europa. Y de hecho, creo que eso ayudará a reforzar nuestra relación con Estados Unidos. Son muchos los presidentes estadounidenses que llevan tiempo insistiendo en que teníamos que esforzarnos más en seguridad y defensa” a este lado del Atlántico, ha justificado Starmer, que sin caer en las provocaciones de Trump, ha ido modulando en las últimas semanas el discurso de distancia con Washington que le reclamaban muchos de sus colegas en el Partido Laborista.










