Ryan Peake será uno de los 156 jugadores que disputarán desde este jueves la 153ª edición del Abierto Británico, el último Major de la temporada golfística. El australiano, de 32 años, jugará por primera vez el certamen en el campo del Royal Portrush Club de County Antrim, Irlanda del Norte, gracias a la invitación que consiguió al coronarse campeón del Abierto de Nueva Zelanda en marzo, su primera victoria como profesional, que simbolizó para él un «cambio de vida». Es que quien fue alguna vez una gran promesa, vio como su carrera quedaba en suspenso cuando fue condenado a cinco años de prisión por agresión violenta y había perdido toda esperanza de volver a jugar. Pero empujado por el destacado entrenador Richie Smith, se dio una segunda oportunidad, trabajó duro para recuperar su lugar en el deporte tras quedar en libertad y este fin de semana, disfrutará de su gran premio: formar parte del torneo más antiguo y prestigioso del mundo del golf.
Peake nació en Perth y comenzó a practicar sus primeros swings cuando muy pequeño, siguiendo los pasos de su abuelo y su papá, en el campo del Lakelands Country Club. A los 10 años le regalaron sus primeros palos y comenzó a tomar clases. Su talento asombraba a todos.
«Era fácil. Creo que tenía un talento natural. Veía que todos alrededor decían ‘Oh, es bastante bueno’ y a mí me gustaba», contó en una nota con la revista Golf Digest, en la que compartió cómo fue su camino desde aquellas primeras lecciones hasta este Grand Slam británico, en el que tendrá de compañero de primera ronda al estadounidense Phil Mickelson, ganador de seis «grandes».
“Me encantaba Peake porque era diferente, era él mismo. Era un buen chico. Muchos chicos actúan como si el golf fuera un trabajo, él nunca dejó que el deporte se interpusiera en su humanidad», contó Smith.
El australiano tenía un swing poderoso y manejaba muy bien la presión de la competencia y enseguida comenzó a destacarse por sobre el resto. Brillaba y dominaba en los torneos juniors junto a su compatriota Cameron Smith, campeón del Major británico en 2022. A los 17 años debutó como amateur en el Abierto de Australia y al año siguiente finalizó en el top 10 en un torneo del PGA Australian Tour. Todos le auguraban un futuro exitoso. Pero él no disfrutaba.
En su adolescencia, sufría con la soledad intrínseca del golf. Como solía estar rodeado en el club y los torneos de personas más grandes que él, le costaba relacionarse con chicos de su edad y sufrió bullying en el colegio. Y de a poco se fue hundiendo en la depresión.
Fue en esos años cuando comenzó a pasar tiempo con un grupo de apasionados de las motos Harley-Davidson de su barrio. Eran los Rebels, «una fraternidad que defiende la libertad, los valores culturales y la hermandad»; pero a los que las autoridades australianas identifican como una pandilla de motociclistas (bikies, como se llaman en ese país) vinculada a varios crímenes, desde robos hasta tráfico de drogas.
A Peake no lo atraía ese lado rebelde del grupo, sino el compañerismo que los unía. «En ese momento de mi vida, era lo único que me reconfortaba. Me daba un sentido de pertenencia. Pero con el tiempo se volvió cansador, porque no dejaba que nadie en el mundo del golf supiera lo que hacía los fines de semana. Vivía dos vidas», contó.
La depresión se intensificó cuando comenzó su carrera profesional a los 19 años y se dio cuenta que su talento bruto, su audacia a la hora de jugar y su falta de disciplina para entrenar no se llevaban bien con el profesionalismo. Y el deporte se transformó en una carga.
La noche que cambió su vida
Así, llegó a esa noche de noviembre de 2014, que cambió su vida. Mirando hacia atrás, el australiano aseguró: «Mi vida era una depresión. Perdí la autoestima. No sabía quién era, perdí la dirección. Lo que pasó no fue solo una noche, un error. Fueron años que llevaron a eso».
Esa noche, Peake y varios de sus compañeros fueron a «apretar» a una persona que había amenazado a uno de los Rebels. «Fuimos a hablar con él para avisarle que si no dejaba de amenazar iba a recibir algunos golpes. Puede sonar duro, pero esta persona tenía el mismo estilo de vida que nosotros, y la única manera de manejarlo era hablando ese idioma», explicó el golfista.
Pero la charla se convirtió en una pelea desigual y el hombre terminó con varias heridas y fracturas en los brazos y el cráneo. Semanas más tarde, Peake fue detenido por la policía. Se entregó, temiendo que si se resistía comprometería a sus padres. No implicó a nadie más y recibió una sentencia de 5 años.
En Hakea, una de las cárceles de máxima seguridad con las peores condiciones de Australia, no la pasó bien. Pero ver la decepción en los ojos de su papá cuando lo visitaba fue un punto de inflexión. Con determinación, empezó a trabajar para perder peso -tras caer en el alcohol, había engordado mucho-, estudió para ser electricista y enseñó a algunos presos los principios del golf. Por su cabeza ni se pasaba retomar su carrera deportiva luego de recuperar su libertad. Hasta que un llamado de Smith, respondiendo a una carta de disculpas que le había escrito Ryan, le dio esperanzas.
«Había perdido contacto con él después de que dejara el golf y no sabía qué le había pasado. Lo llamé porque estaba realmente preocupado. Es un buen chico, pero la cagó. Le dije, por qué no darle al golf otra oportunidad cuando salgas. Sentí que necesitaba algo para mirar hacia adelante. Fui sincero con él y reconocí que triunfar como profesional iba a ser muy difícil. Pero si quería intentarlo, yo también», recordó su entrenador.
En 2019, con 26 años y tras haber pasado los últimos 12 meses de su condena en una prisión de menor seguridad, Peake quedó libre. Estaba decidido a reconstruir su carrera. Pero antes, tenía que desvincularse de los Rebels, algo que podía ser un problema.
«Estaba preocupado porque no quería que pensaran que era desleal, pero sentía que tenía la obligación de intentarlo, tanto por mi entorno como por mí mismo. Es una vida dura ser un bikie. Creo que vieron que uno de ellos tenía una oportunidad para ser mejor. Todos me decían que esta podría ser mi última chance y que fuera y me la ganara», reveló.
Aunque hacía casi seis que no golpeaba una pelota de golf, la mayor preocupación de Ryan y su entrenador era lo mental. Necesitaba volver a disfrutar del golf para no arriesgarse a caer otra vez en la depresión. Ese fue el mayor desafío.
«Cuando salí de la cárcel no fue fácil. Mucho había cambiado en cinco años. No sabía cómo funcionar, cómo ser una persona. Sentía que todos eran ovejas y yo, un león», relató. «Al principio, toda mi confianza venía de Richie. Pensaba que él no iba a desperdiciar su tiempo conmigo si no creía que valía la pena. Pero cuando logré una ronda sin bogeys en Lakelands, pensé ‘Ok, tal vez no estoy completamente perdido’«.
Empezar de nuevo
Agradecido por su segunda oportunidad, se esforzó por tomar mejores decisiones, fue más disciplinado a la hora de entrenar y no tuvo miedo de jugar mal ni de perder un torneo. Y con ese nuevo enfoque de la vida y el deporte, fue recuperando su juego y su lugar dentro del golf.
En 2023 consiguió el status parcial para el Challenger PGA Tour de Australasia y luego se garantizó la tarjeta completa para la temporada 2024-25. Pero cuando en marzo pasado, armó la valija y viajó a Arrowtown para el Abierto de Nueva Zelanda, su vieja vida otra vez amenazó con ponerse en su camino.
RYAN PEAKE WINS THE NEW ZEALAND OPEN 🏆#NZOpen pic.twitter.com/jNTwXlQQim
— New Zealand Open (@NZOpenGolf) March 2, 2025
Es que casi no lo dejan entrar a ese país por sus antecedentes legales. Finalmente, tras horas demorado en migraciones, le autorizaron el ingreso. Y aunque apenas tuvo tiempo para hacer una práctica antes del certamen, terminó levantando el trofeo con 261 golpes (13 bajo el par) y uno de ventaja sobre sus escoltas, su compatriota Jack Thompson, el sudafricano Ian Snyman y el japonés Kazuki Higa. El título llegó con un premio extra: la invitación al Abierto Británico, que jugará este fin de semana.
Peake cumplió el objetivo: reconstruyó su carrera y su vida y se ganó un lugar en la elite del golf. Pero el duro camino que recorrió lo ayuda a mantener los pies en la tierra y a no dar nada por sentado.
«Entiendo por qué la gente se acerca a mí cuando está sufriendo o luchando en la vida. Pero honestamente, no es algo con lo que puedo ayudarlos. Todavía tengo mis propios problemas. Es genial ver que transmito algo de esperanza, pero por ahora, aún estoy tratando de encontrar mi camino», afirmó.
«Hablando de golf, mi mayor miedo era quedarme sin tiempo. Cuando empecé a darme cuenta que era realmente bueno, no sabía si tendría las suficientes chances para demostrarlo», agregó. Y aseguró que no quiere que esta participación en el Royal Portrush sea el final de su historia.
«Si termina acá, simplemente voy a ser recordado como el bikie fuera de la ley que compitió en Portrush. Y quiero que me recuerden como la persona que soy hoy, no la que fui», explicó.










