La fiebre de Lassa (una de las amenazas sanitarias de África Occidental más persistentes y para la que hay menos financiación) sigue causando muertes evitables, más de medio siglo después de su descubrimiento. Felizmente, hay tres vacunas prometedoras en fase de desarrollo clínico, y en la próxima década una de las tres podría recibir autorización. Pero este avance sólo se convertirá en protección si los países están preparados para usarla.
La fiebre de Lassa es una enfermedad grave, que afecta sobre todo a habitantes de zonas rurales donde hay transmisión del virus de roedores a humanos. Muchos de los contagios pasan inadvertidos, porque los síntomas se parecen a los de otras enfermedades febriles y hay escasez de medios de diagnóstico; pero aún así las consecuencias no dejan de ser importantes. Para contener la transmisión, a veces los centros de salud cierran salas, lo que retrasa la provisión de atención de rutina y sobrecarga sistemas que ya de por sí son frágiles. La amenaza no es sólo sanitaria: los hogares pierden ingresos y los niños faltan a la escuela. Se estima que en toda África Occidental, la fiebre de Lassa causa cada año pérdidas por unos 160 millones de dólares, debidas ante todo al impacto negativo sobre la productividad.
Para convertir los avances científicos en inmunidad real, la Organización de la Salud de África Occidental (WAHO) y los ministerios de salud de la región, con apoyo de la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI), formaron en 2024 una Coalición contra la Fiebre de Lassa. Sobre la base de avances en vigilancia, investigación y respuesta a brotes, derivados del trabajo de institutos nacionales de salud pública, investigadores y organizaciones relacionadas, la coalición ayuda a fortalecer las redes de ensayo de vacunas, facilitar el intercambio regional de datos y desarrollar capacidad regulatoria y marcos de formulación de políticas para la introducción y difusión de vacunas.
La experiencia enseña que la falta de preparación puede retrasar la adopción de una vacuna. Por ejemplo, la vacuna contra el virus del papiloma humano se introdujo como una serie de tres dosis, pero más tarde se descubrió que una sola dosis es igual de eficaz. La posterior actualización de la cantidad de dosis recomendadas redujo los costos de su administración y amplió la cobertura en países de ingresos bajos y medios; pero el cambio se produjo 16 años después de la autorización de la vacuna. Se calcula que si la dosis única se hubiera adoptado apenas cinco años antes, se podrían haber salvado 150.000 vidas.
Para evitar que una futura vacuna contra la fiebre de Lassa sufra retrasos similares, las autoridades deben analizar algunas decisiones fundamentales sin esperar a la autorización de la vacuna. Esto implica establecer criterios claros sobre quiénes deberán vacunarse primero, teniendo en cuenta los riesgos que enfrentan los trabajadores sanitarios y otras poblaciones vulnerables. También hay que analizar los datos locales para individualizar las áreas de mayor impacto para la vacunación, ya que el riesgo varía mucho entre distritos y según la estación del año. Además, los gobiernos necesitan planes realistas para la distribución de las vacunas a través de las infraestructuras actuales y un análisis de los costos y alternativas de compra.
El Grupo de Trabajo en Investigación de Políticas de la Coalición contra la Fiebre de Lassa colaboró con más de 200 expertos de toda África Occidental para identificar los temas de investigación prioritarios que hay que encarar antes de distribuir una vacuna contra la enfermedad. Para algunos ya hay respuestas. El estudio Enable, financiado por la CEPI, está haciendo un seguimiento de la prevalencia de la fiebre de Lassa en África Occidental; es el mayor estudio de este tipo en la historia. Los países más afectados llevan varios años trabajando con sus socios para reforzar la vigilancia de la enfermedad, mejorar los sistemas de laboratorio y crear redes de ensayo clínico.
Ningún despliegue de la vacuna tendrá éxito sin la confianza de la población
Pero hay que hacer más. Las autoridades nacionales deben empezar por identificar los datos necesarios para determinar grupos y zonas de alto riesgo, elaborar estrategias de distribución y evaluar las necesidades financieras. Organismos regionales como la WAHO deben dialogar con las instituciones pertinentes para alinear los procesos regulatorios y crear canales que permitan una rápida difusión de información orientativa una vez obtenidos los resultados de los ensayos. Los organismos técnicos y otros socios pueden apoyar mejoras en investigación operativa y vigilancia que los países no puedan lograr solos.
Por último, ningún despliegue de la vacuna tendrá éxito sin la confianza de la población. Las organizaciones comunitarias tienen que empezar a crear conciencia sobre la fiebre de Lassa y confianza en la vacuna, mucho antes de que lleguen las dosis. Esto es especialmente importante en aquellas comunidades donde la enfermedad genera temor o estigmatización.
Algunos dicen que actuar cuando las vacunas candidatas todavía están en fase de ensayo y los presupuestos son ajustados es prematuro. Otros temen la respuesta de la población a una vacuna nueva para una enfermedad con la que no todos están familiarizados. Estas inquietudes son válidas, pero son un motivo más para empezar a planificar y educar ahora mismo. El largo horizonte temporal del desarrollo de vacunas refuerza la necesidad de actuar con antelación, ya que crear sistemas regulatorios, elaborar marcos de financiación y construir estructuras para la participación de la población es un proceso de años.
Por supuesto que no es imprescindible que los gobiernos formulen planes de vacunación completos ya mismo. Pero deben ir sentando las bases para que llegado el momento esté claro dónde se hará la futura campaña de vacunación, cómo se financiará y cómo participarán las comunidades. De ese modo, cuando se autorice la vacuna, los países afectados estarán en mejores condiciones para actuar con rapidez y decisión.
No hay duda de que una vacuna contra la fiebre de Lassa será un gran avance científico; pero no servirá de mucho si los países no están preparados para ella.










