La NASA tira de 2.700 proveedores en su vuelta a la Luna con el respaldo de sus fieles: Lockheed, Boeing y Northrop | Economía

La NASA tira de 2.700 proveedores en su vuelta a la Luna con el respaldo de sus fieles: Lockheed, Boeing y Northrop | Economía

La NASA ha reabierto el sueño de los viajes espaciales a la Luna y los futuros desplazamientos a Marte con la nueva misión Artemis II, actualmente en curso. Más de 50 años después del último viaje tripulado al satélite de la Tierra, la agencia espacial estadounidense ha puesto en marcha una misión espacial que es también un despliegue empresarial casi sin precedentes.

En el proyecto, la NASA ha contado con sus contratistas principales, como son los tradicionales grandes del sector aeronático local: Boeing, Lockheed Martin y Northrop Grumman. Pero también se ha apoyado en otros nombres más o menos conocidos. La lista es larga, pero destacan Aerojet Rocketdyne, Axiom Space, Bechtel, Blue Origin, Amentum, Jacobs, Maxar Space Systems y SpaceX. Todos ellos cuentan con más de 2.700 proveedores repartidos por todo el territorio de Estados Unidos y de medio mundo.

De momento, esta misión está poniendo a prueba el cohete Space Launch System (SLS), fabricado por Boeing; y la cápsula tripulada Orion, de Lockheed Martin, dos estructuras que juntas son más altas que la Estatua de la Libertad; así como los motores para abortar de Orion y elementos de propulsión, diseñados ambos por Northrop Grumman. Los mercados financieros han premiado en los escenarios bursátiles esta presencia en una misión histórica: las acciones de Lockheed acumulan una revalorización del 29% desde principios de año, por un 22% de los títulos de Northrop.

Además de las empresas con nombre y apellidos, donde el grueso del pastel recae en casa por ahora, en el proyecto Artemis participan la Agencia Espacial de Canadá; la Agencia Espacial Europea, que ha suministrado elementos críticos como el Módulo de Servicio Europeo, encargado de garantizar las condiciones vitales de los tripulantes; la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial y el Mohammed Bin Rashid Space Centre, de Emiratos Árabes Unidos. En el caso concreto de España, el Gobierno destacó la participación de cuatro compañías clave en distintos procesos o desarrollos: Airbus, ALTER, HV Sistemas y GMV. También la española Integrasys se ha convertido en una de las empresas participantes en la monitorización de la misión espacial Artemis 2.

Pero las implicaciones de esta misión van mucho más lejos de lo que ocurra estos días. El programa de exploración lunar Artemis representa lo que muchos esperan que sea el futuro de la NASA. El programa Apolo, que llevó a Neil Armstrong, Buzz Aldrin y otros astronautas a la Luna, fue producto del empuje de EE UU por lograr la supremacía estratégica frente a la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Ahora, Artemis permitirá a la NASA aprovechar la industria y el espíritu emprendedor estadounidenses para aprender a vivir en la Luna y, eventualmente, llegar a Marte. El objetivo es llevar humanos a la Luna para 2028.

Según Bloomberg, el coste del uso del SLS y la cápsula Orion rondará los 4.000 millones de dólares en cada uno de los primeros cuatro lanzamientos de Artemis. Otros gastos, incluidos los contratos con una nueva generación de empresas espaciales lideradas por multimillonarios y una base lunar recientemente inaugurada, sumarán miles de millones más al gasto total, que ya se estima en 93.000 millones de dólares (unos 80.600 millones de euros al cambio actual).

En los proyectos, junto con contratistas de larga trayectoria como los citados Boeing y Lockheed, la NASA ha recurrido a empresas de esos llamados nuevos magnates empresariales, como son la SpaceX del omnipresente Elon Musk o la Blue Origin, de Jeff Bezos (también dueño de Amazon), para recuperar su presencia en la Luna. En el caso de SpaceX, los nuevos contratos llegan en un momento en el que la empresa trabaja en su salida a Bolsa, en la que alcanzaría los dos billones de dólares de valoración, para captar unos 75.000 millones.

La NASA ya intentó imponer estrategias de reducción de costes para el SLS en 2023, con escaso éxito. En aquel momento, Boeing y Northrop crearon una empresa conjunta mediante la cual la agencia espacial estadounidense cedería la propiedad del cohete a estas compañías, incentivándolas a comercializarlo. En cualquier caso, la NASA ya ha comenzado a incorporar sistemas comerciales a su arquitectura Artemis, otorgando a SpaceX y Blue Origin roles centrales en el desarrollo de módulos de aterrizaje lunares. Las futuras misiones podrían aumentar esta dependencia, lo que plantea interrogantes sobre cuánto tiempo seguirá siendo el SLS un pilar fundamental del programa.

Así, el programa Artemis requerirá un ritmo constante de lanzamientos con cohetes y naves espaciales que tengan costes operativos mucho menores y puedan transportar mayor carga útil. Ese futuro pertenece a los fabricantes de cohetes reutilizables como ofrecen SpaceX y Blue Origin, además de otras start-ups como Rocket Lab y Stoke Space Technologies.

Dentro de estos proyectos, la NASA planea invertir 20.000 millones de dólares durante los próximos siete años para desarrollar una base en la superficie lunar. Esta es la última gran reestructuración estratégica destinada a permitir que los humanos vivan a largo plazo en la superficie lunar. Como parte de esta nueva estrategia, la NASA está reconsiderando un plan que mantenía desde hace tiempo para construir una estación espacial en órbita alrededor de la Luna.

Durante años, la agencia espacial estadounidense ha estado desarrollando Gateway, una estación espacial que orbitaría la Luna. Gateway estaba diseñada para servir como lugar donde los futuros astronautas pudieran vivir y trabajar, además de como punto de escala antes de que los humanos descendieran a la superficie lunar. Pero ahora la NASA pretende reutilizar algunos elementos de esta estructura para que puedan ubicarse directamente en la superficie lunar. Esto podría afectar a uno de los módulos de habitabilidad de Gateway, construido por Northrop Grumman, llamado HALO, así como a otro módulo de habitabilidad, llamado I-Hab, construido por la Agencia Espacial Europea y, por lo tanto, abriendo la puerta a que también participen en este paso clave a los países y empresas del Viejo Continente.

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