Tiene 81 años y una memoria de elefante alimentada a base de buenas vibras, caminatas y el culto a la amistad y a la familia. También tiene, aún seis décadas después de haberlo conseguido, el récord vigente de mayor cantidad de goles convertidos en una edición de Copa Libertadores, con 17 gritos. No sólo eso: sigue siendo, con 31, el argentino que más goles metió en la historia de la Copa. De goleador a armador, de «9» a «10», supo destacarse en ambas funciones.
Superó la muerte de su hermano y compinche en la cancha, siendo testigo presencial del accidente que le quitó la vida (su relato eriza la piel), y también de su hermana, un tiempo después.
Trabaja desde hace 24 años en la captación del club del que es hincha desde chiquito y en el que jugó 253 partidos y metió 119 tantos (9° goleador histórico). Vivió en carne propia el nacimiento del apodo «gallina» y también los tiempos en que la Selección quitaba prestigio en vez de darlo.
Daniel Germán Onega, el Fantasma, Tito Onega para los amigos, se toma casi tres horas y responde las 100 preguntas con el entusiasmo propio de un chico que está por debutar en Primera División.
1. -¿Quién es Daniel Germán Onega?
-Fundamentalmente un tipo honesto. Por suerte no tengo ninguna deuda pendiente. Soy amiguero y creo que buen padre de familia. La pauta está en que mis tres hijas están conmigo y con mi señora continuamente. Lo mismo mis nietos.
2. -¿Cuántos hijos y nietos tenés?
-Tres hijas mujeres, tres nietos varones de mi hija del medio y dos nenas de la más chica, que viven en La Plata, porque el marido es de allá: es el psicólogo de Gimnasia. Ayer se quedó a dormir el de 4 años: le gusta estar con nosotros. Los otros tienen 16, 12, 7 y 3.
3. -¿Todos hinchas de River?
-Los dos más grandes, sí. Y a veces vienen a la cancha conmigo. De mis dos yernos, uno es de Estudiantes y otro de Gimnasia. Entonces una de las nenas dice que es del Lobo y uno de los nenes dice que es de Estudiantes y de River. El otro día me dijeron de la escuelita de River que lo llevara y el nene quería ir con la camiseta de Estudiantes, ja, ja. Mis hijas son todas de River, obvio.
4. -Decís que no tenés deudas pendientes: ¿salir campeón con River no es una?
-Me quedó esa deuda futbolística, sí, es cierto, aunque salí campeón en Divisiones Inferiores. Perdimos algunas finales muy raras. Con VAR hubiéramos ganado más de una, estoy seguro.
5. -¿Quién te puso Fantasma?
-José María Muñoz, el relator de América, en un partido contra Universitario de Perú, en el Monumental, por la Copa. La jugada arrancó con un córner de ellos, yo defendía en el área, salió la contra, se la llevó Cubilla, tiró el centro y yo metí el gol de cabeza “entrando como un fantasma”, como dijo el Gordo. Y el apodo quedó. Siempre que me lo cruzaba, Muñoz me decía que él me lo había puesto. Cuando voy por el club, todavía mucha gente me dice: “Hola, Fantasma”.
6. -Hoy, fantasma está asociado a algo negativo, del tipo: “Sos un fantasma”.
-Incluso con las cargadas por el descenso: el fantasmita y todo eso. Pero a mí no me molesta. Al contrario, es algo que me recuerda mis años como futbolista con una sonrisa. Después, la mayoría me dice Tito.
7. -¿Por qué Tito, si no te llamás Alberto?
-Claro, por Danielito sería Lito. Me lo pusieron de chiquito en Las Parejas y no sé por qué. En los pueblos no te suelen llamar por el nombre y les meten apodos a todos.
8. -¿A qué edad viniste a Buenos Aires?
-Cuando Ermindo vino para acá con 17 años, vivía en una casa en Ramos Mejía, en lo de una familia, y luego en otra en Colegiales que River alquilaba para sus chicos de Inferiores. Mi papá lo llamaba los lunes a la mañana. Había que pedirla el día anterior al operador. “Che, Pierino, mañana temprano poneme una llamada con Ermindo a Buenos Aires”, le decía. “No, Ermindo se fue a sacar el pasaporte”, le contestaba la señora de la pensión. Al lunes siguiente era: “No, don Onega, Ermindo hoy se fue a hacer un trámite”, y así.
Con su padre y su madre, en una entrevista.-Se quedaba a dormir en la casa de las minas, eso pasaba (risas). A mi viejo le generaba preocupación y levantó todo y nos vinimos a vivir a Buenos Aires. Mi viejo se la jugó y le salió bien.
10. -¿De qué trabajaba tu viejo?
-Tenía una fábrica de quesos. Adelante vivíamos nosotros y después mi abuela. Había un patio grande de tierra donde venían todos los del barrio a jugar a la pelota y atrás teníamos plantación de naranjas y mandarinas y también un gallinero. Mi viejo vendió todo y nos vinimos. Compró una fiambrería y el Tano Fazzini vivía a la vuelta y venía siempre a comprar algo. Ahí nos hicimos amigos. Yo tenía 13 años.
11. -¿De qué equipo eras hincha de chico y quién era tu ídolo?
-Nosotros somos de River desde antes de venir a Buenos Aires por Raúl, mi viejo. Él jugó al fútbol y dicen que lo hacía bien. En Las Parejas hay dos clubes: Sportivo y Argentino. Nosotros somos de Sportivo. Hay una foto de Ermindo de chico con un saquito y el escudo de River. Mi ídolo era el Beto Menéndez, que jugaba de «9», en mi posición, y la rompía. Muchas veces Ermindo lo traía a comer a casa.
Recién nacido, entre su madre y Ermindo, que ya lucía el escudo de River.12. -Después Menéndez jugó en Boca: ganó tres títulos en River y tres en Boca.
-Tengo una anécdota con el Beto de rival, en un River-Boca en el Monumental. Ese día Ermindo estaba lesionado y de «10» jugó Matosas, el uruguayo. Yo estaba al lado para sacar del medio. Matosas era muy correcto, imponía respeto y jugaba con la camisa abrochada hasta el último botón. Estábamos por sacar y el petiso Menéndez, que era un atorrante, le gritó: “Che, Matosas, ¿por qué no te ponés corbata también?”, ja, ja.
-No, Matosas era un señor, no dijo nada. Yo tampoco me podía reír. Era un pibe y no quería faltarle el respeto. Cuando empecé, a la mayoría de mis compañeros los trataba de usted. Hoy cambió todo. También uno les permite a sus nietos cosas que a sus hijos no les dejaba.
14. -¿Cómo seguían a River desde Las Parejas?
-Por radio. Todavía no estaba Muñoz. Escuchábamos a Fioravanti, pero no siempre transmitían a River, y a veces no agarrábamos la onda de otras radios. Como mi viejo fue presidente de Sportivo Las Parejas, a veces los escuchábamos en el club. No me olvido más del día que debutó Ermindo, en 1957. River ya había salido campeón y en la última fecha enfrentó a San Lorenzo. Nosotros no sabíamos que iba a debutar y él tampoco lo imaginaba. Jugaba Sportivo ese día, estábamos en el club y vino uno corriendo a los gritos: “¡Raúl, Raúl, hoy debuta Ermindo en River!”. Y ahí nomás nos pusimos locos y todos a escuchar la radio. River perdió 5-1 esa tarde.
15. -¿Cómo llegaron a River?
-En Rosario había un señor de apellido Pezzutti que recorría los pueblos cercanos y tenía contactos. Entonces recomendaba a los chicos que le parecían buenos. Un día vino a ver un partido de Sportivo, Ermindo le llamó la atención y pidió hablar con mi viejo. “Soy amigo de Renato Cesarini: me gustaría que tenga una prueba en River”, le dijo. En ese momento, Renato manejaba las Inferiores de River. Como no era tan sencillo viajar de Las Parejas a Buenos Aires y mi viejo era directivo de Sportivo, le propuso hacer un partido en Las Parejas contra la Tercera de River. Se hizo el partido, vino Renato y Ermindo la rompió. Para inicios del año siguiente se sumó a River.
Los Onega compartieron la Primera de River durante tres años.16. -¿Los futbolistas conservan el sentimiento de hincha o es un mito?
-El futbolista es profesional y defiende su camiseta a muerte, pero no todos tienen la suerte que tuve yo de jugar en el club del que soy hincha desde chico. En el año 72 me tuve que ir de River por un conflicto y pasé a préstamo a Racing. Tuvimos un año bárbaro y cuando terminaban los partido, entraba al vestuario y preguntaba cómo había salido River. Un día me dijeron: “Tito, mejor no preguntes más por River” (risas).
17. -¿Qué recordás de tu prueba?
-En las Inferiores de River, además de Renato estaban Ernesto Duchini y el Tuerto Ramos. Duchini había sido entrenador de Ermindo en una Selección juvenil. “Don Ernesto, tengo a mi hermanito que juega”, le comentó. Y Duchini le dijo que me llevara. Yo tenía 13 años, recién habíamos llegado a Buenos Aires, en esa época no existían Infantiles y la división más chica era la Novena. Hoy hay pibes de 5 o 6 años en los clubes y yo les digo a los técnicos que están locos. “Si no me lo afanan”, me responden. Bueno, llegué a la auxiliar para la prueba, vi el Monumental… ¡y tenía un cagazo! Fui un desastre, pero mi hermano se acercó a Duchini y le dijo: “Don Ernesto, mire que no es tan malo, eh” (risas).
18. -¿Qué le respondió?
-Le dio un gran consejo: “No lo traiga usted, déjelo que venga solo”. Ermindo me llevaba, entraba al vestuario conmigo, yo me cambiaba con él parado al lado, después jugaba, me bañaba, me iba con él y no hablaba con nadie. “Que venga solo y empiece a hacer relaciones, porque alguna cosita le vimos”, le comentó Duchini. Empecé a ir solo y entré a la Novena en 1959. Al poco tiempo empecé a jugar de titular, fui goleador ese año y salimos campeones.
19. -¿A qué se debe tu cicatriz en la cara?
-Tenía 11 años, andaba en bici por Las Parejas, eran calles de tierra, doble mano y de golpe apareció una chata de frente. Me llevó puesto, volé y rompí el parabrisas, no me maté de casualidad. Me cosieron ahí mismo en Las Parejas. Ya de grande, mi papá me propuso ir a un cirujano plástico para arreglarlo un poco, pero por miedo dije que no y quedó así.
20. ¿Tu debut en Primera?
-Contra Boca, en el Monumental, en el arranque de la Libertadores. Febrero del 66. Yo había tenido unos minutos a fines del año anterior en un cuadrangular en Cali, contra Peñarol. Perdíamos 1-0, me pusieron y metí dos goles.
Daniel Onega y la marca sobre su pómulo izquierdo que lo acomapaña desde pequeño. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.21. -Debutar justo contra Boca… ¿Estabas muy nervioso?
-Jugábamos a la noche y esa misma tarde, concentrados en el estadio, Renato dio la charla técnica. Renato sólo tuteaba a cuatro jugadores: a Ermindo y a mí, porque nos conocía de pibes, al Nene Sarnari y a Amadeo; al resto los trataba de “usted”. Dio la formación y al llegar al ataque dijo “Cubilla, el Nene, Tito…”. A mí me tenía de frente, en la primera fila. Me sorprendí. “¿Qué pasa? ¿Estás cagado? Mirá que si estás cagado pongo a otro, eh”, me dijo. “No, no, Renato, quiero jugar”, le contesté. Ganamos 2 a 1 con goles de Sarnari y Bayo. Anduve bien y quedé de titular.
22. -¿A la Libertadores se le daba tanto valor como ahora?
-No, muy poco. A la edición del año 69 habíamos clasificado Vélez como campeón del Nacional 68 y nosotros como subcampeón. Pepe Amafiltani, el presidente de Vélez, decidió no participar porque no era rentable. Eso declaró. Y William Kent, nuestro presidente, hizo causa común y también se bajó. Los equipos argentinos no jugaron esa edición, salvo Estudiantes, que era el campeón vigente, y entró en semifinales. Lo contás hoy y no te lo creen.
23. -Llegaron a la final en 1966 contra Peñarol. ¿En la previa se veían ganadores?
-Sentíamos que la íbamos a ganar, sí. Peñarol había sido bicampeón en 1960-1961. Era un rival muy fuerte, pero nosotros estábamos muy bien. Perdimos 2-0 en Montevideo, ganamos 3-2 en el Monumental y a los dos días fue el desempate en Chile. ¡En apenas dos días con un viaje en el medio! Era inhumano. Y en ese desempate, en el primer tiempo les dimos un baile bárbaro. Incluso los jugadores de Peñarol discutían entre ellos. Yo metí el 1-0 empalmando un centro de Solari desde la derecha y luego el Indio metió el 2-0 antes de terminar el primer tiempo.
24. -¿Les llamaba la atención que fuera tan fácil?
-La verdad que sí, porque Peñarol era el amo de Uruguay y les ganábamos casi sin oposición. De hecho, Liberti entró al vestuario en el entretiempo y dijo: “Después de la final en Madrid, 15 días en la Costa Azul para todos. Paga River”. Claro, Real Madrid ya había sido campeón de Europa unos días antes y la Intercontinental se jugaba en octubre. Eran dos partidos, el primero en Sudamérica y el segundo en Europa, y el presidente del club nos vino a ofrecer ese regalo para el plantel.
25. -Insólito. ¿No tocaron madera, por no decir otra cosa?
-No existían esas cosas. En el segundo tiempo encontraron un gol, después pateó Abbadie y Amadeo fue a buscarla a un palo, pero pegó en el hombro de Matosas y se metió por el otro. En la última jugada del partido me quedó una pelota picando en el área y se me fue por arriba. Y en el suplementario, si se mantenía el resultado era campeón Peñarol por diferencia de gol. Entonces fuimos un poco «a la carga Barracas» y nos metieron dos goles más. Después rompieron las bolas con que Amadeo agrandó a Peñarol parándola de pecho y Amadeo la paró con el pecho 20 millones de veces, nada que ver. Amadeo fue un adelantado en el arco. No hubo ninguno como él. Y eso que compartí equipo con Gatti y Fillol.
26. -River gallineó esa final. ¿Verdadero o falso?
-Falso, sin dudas. El problema, más allá de cualquier fatalidad o detalle propio del fútbol, es que se permitía un solo cambio antes de los 44 minutos y Nicha Sainz, el lateral derecho, se lesionó. En su lugar entró Lallana, que era delantero.
27. -¿Ganando 2-0 metió un delantero por un defensor?
-Exacto. Nos habíamos quedado sin defensores en el banco porque en la revancha se había desgarrado la Garza Guzmán. Entonces hubo que cambiar todo el equipo: Solari pasó de «8» a «4», Ermindo de «10» a «8», yo de «9» a «10», y ahí nos descompaginamos. Y después, lo que conté: ellos metieron un gol de rebote, yo me perdí otro y nos descuidamos en el suplementario. Unos años después, Peñarol compró a Ermindo y fui a visitarlo varias veces y ahí los muchachos de Peñarol me dijeron que ellos festejaron mucho más la final que nos ganaron a nosotros que la Intercontinental con Real Madrid, porque River era un rival mucho más bravo. De hecho, Peñarol le ganó ambos partidos a Real Madrid, en Uruguay y España.
28. -El apodo de gallina surgió en ese momento.
-A la vuelta de Chile nos tocó visitar a Banfield por el campeonato y antes de empezar el partido tiraron una gallina con una banda pintada de rojo y ahí arrancó el mote, que con los años River lo transformó en algo positivo: “Somos gallinas pero ponemos unos huevos así de grandes, ¿viste?” (risas). En ese momento fue bravo. A veces nos gritaban “gallinas” en la calle y bajábamos del auto o salíamos de un restaurante a agarrarnos a piñas.
29. -¿Por qué decís que Amadeo fue un adelantado?
-Porque hacía todo lo que hoy hacen los arqueros. Y a él lo criticaban porque salía lejos del área, porque usaba seguido los pies, porque cortaba de cabeza un avance. Normalmente los arqueros son medio troncos para jugar y a Amadeo lo elegíamos entre los primeros en los picados, para que jugara al medio. Y era uno más. Aparte Amadeo jugaba bien a todo: a las bochas, al básquet, al billar, a todo…
30. -¿Cómo era Liberti como presidente?
-Tengo una anécdota de mi primer contrato. Ya había jugado 20 partidos y me tenían que hacer contrato. Me citaron en la sede, que estaba en el centro: Suipacha 574. Llegué y en la oficina me esperaban Liberti, a un costado el vice Roberto Llauró y al otro lado Juan Robles, un empleado de fútbol. Robles tenía frente a sí una pila de carpetas. Ermindo me había anticipado la jugada. “Liberti te va a ofrecer 100 o 200, vos pedile 500 y te va a echar. Entonces vos levantate, saludalo y te vas calladito”, me dijo mi hermano.
-Fue así, tal cual. Me ofreció 100, le pedí 500, no me acuerdo si eran esas cifras, pero sí que era una diferencia grande. “Mire lo que pide este mocoso”, le comentó Liberti a los otros dos. “A ver, Juan, sáqueme la carpeta de Amadeo”, le pidió a Robles, para mostrármela. “Yo quiero 500”, repetí. “Bueno, levántese y se va”, me ordenó. Saludé a los tres y me fui. Y después me mandaba dirigentes de menor rango para hablar. Al final terminé arreglando por 300. Ojo, cuando le ganábamos a Boca, entraba al vestuario con su sombrero siempre puesto y alguno gritaba: “¡Antonio, hoy premio doble!”. Y accedía, ahí accedía. Liberti fue un visionario, sin dudas. Le decían que estaba loco cuando compró los terrenos para hacer el Monumental. Lamentablemente esa final del 66 lo afectó y terminó marcando el comienzo de su decadencia.
32. -¿Ermindo era tan crack como se dice?
-Fue un fenómeno y no lo digo yo por ser su hermano: lo aseguraban los rivales. A veces me piden que lo compare con un jugador de estos tiempos y a mí se me ocurre Zidane. Lo he comentado con otros que lo vieron a Ermindo y están de acuerdo. Por su calidad, por lo fino.
33. -En River fue resistido, ¿no?
-A veces le achacaban que era frío, que no corría. Yo creo que influyó mucho que agarró la mala época y estuvo 10 años sin poder ser campeón. En un momento vino el llamado “fútbol espectáculo” y River tuvo una delantera extranjera completa. Entonces Ermindo jugaba en Reserva y al mismo tiempo lo citaban para la Selección. Rattín decía siempre: “¿Ermindo frío? Bueno, ahora viene a la Selección, lo entibiamos un poquito y la rompe”. El Mundial del 66 no se televisó, pero Ermindo la rompió. En el 69 se fue a Peñarol cuando se acababan los Spencer, los Gonçalves, los Joya, y justo cuando Nacional empezó a ganar todo con Artime. Pobre Ermindo, anduvo a contramano.
34. -¿Cómo era jugar con tu hermano?
-Muy importante. Me sentía respaldado, más allá de toda su calidad. Encima jugábamos al lado, él era el «10» y yo el «9». Me aconsejaba, ¿viste?, porque yo era un poquito más temperamental y me peleaba o discutía con los rivales y el árbitro y él me calmaba. Me metía unos pases extraordinarios. Además, nunca se la creyó. De hecho, íbamos a ver partidos a las canchas como cualquier hijo de vecino. La de la final de la Libertadores en la Bombonera fue increíble.
En la tapa de El Gráfico, con su hermano Ermindo.-Fue la famosa final Santos-Boca del 63, esa en la que Pelé se cambió los pantaloncitos en el campo de juego. Fuimos a verla con Ermindo y el Tano Fazzini, que es hincha de Boca, a la popular. A mí no me conocía nadie. Estaba en las Inferiores de River, pero mi hermano llevaba varios años en la Primera y en la Selección. En un momento anuncian por los altoparlantes: “Señor Ermindo Ángel Onega, por favor presentarse en las oficinas del club que tiene un llamado de su familia”. Ja, ja, increíble. ¿Te imaginás eso hoy? Mi papá había llamado desde Las Parejas porque había fallecido su hermano. Buscó el teléfono de Boca, llamó y así nos enteramos. Es de película.
36. -¿En qué momento pasaste de ser un «9» goleador a un «10» estratega?
-En el año 69, Kent decidió que River entrara en un proceso de austeridad y vendió a sus grandes figuras: Matosas, Cubilla, Gatti y también a Ermindo. En ese contexto, se me acercó Labruna y me dijo si me animaba a jugar en la posición de Ermindo, porque no iban a traer refuerzos. Y me dio sus razones para explicarme que podía hacerlo. “Bueno, Ángel, yo me animo, pero si juego mal dos partidos no me saque, aguánteme”, le contesté. “Perfecto, dos partidos no, pero si jugás mal diez partidos sí te saco”, me dijo Labruna, ja, ja. Ángel era de bancar al jugador.
37. -¿Te costó el cambio?
-Para nada, porque yo era un «9» que bajaba a buscar la pelota y tocar con los compañeros. Tampoco era tan desconocida la función para mí. En River, normalmente los «9» juegan así, no son de área. Mi ídolo Beto Menéndez también se tiraba atrás. En las Inferiores me habían inculcado ese estilo. La cuestión es que el resto de mi carrera, del 69 al 78, la jugué de «10» y ya no volví a ser «9».
Alguna de las muchas tapas de El Gráfico en la que salió Daniel.38. -¿Qué rescatás de Labruna como entrenador?
-Primero, era un tipo que elegía muy bien, tenía gran ojo. Y después te daba mucha confianza. Para él, vos eras el mejor del mundo. Yo lo tuve al Toto Lorenzo también, en River y en la Selección. Una vez tenía que enfrentar a Racing y Lorenzo me decía: “Ojo con Perfumo, que es muy fuerte en esto y es muy difícil de pasar en aquello”. Ángel en cambio me decía: “A Perfumo usted lo pasa como quiere”. Era ganador, nunca le vi un gesto de temor. Empleaba muchos términos turfísticos. Íbamos a jugar a la cancha de Boca y nos decía: “No se preocupen que estos van a entrar quintos y pegando”, como diciendo que eran malos y con suerte terminaban quintos en la tabla. Era un gran motivador y sabía escuchar. Muchas veces pedía opiniones a los jugadores más grandes.
39. ¿Cuál campeonato de los que se les escaparon te dolió más perder?
-El de Vélez, con la mano de Gallo que no cobró Nimo. En la última fecha jugábamos con Racing y Vélez tenía que esperar un empate y ganar su partido para ir a un triangular. Jugamos en Avellaneda, Basile puso el 1-0, yo empaté y en los minutos finales pateé, dio en un palo, luego en el otro y la agarró Cejas. Se armó una avalancha impresionante, porque fue ante la tribuna de River. Hubo amigos míos que se lastimaron. Si metía ese gol éramos campeones. Después arrancamos el triangular contra Racing ganando 2-0 y en vez de jugarse Vélez-Racing como segundo partido nos pusieron con Vélez y empatamos 1-1. Nimo no cobró el penal clarísimo y terminó el partido antes. Después Vélez le ganó 4-2 a Racing y salió campeón porque tenía mejor diferencia de gol en la tabla general: faltando unas fechas le había ganado 11-0 a Huracán de Ingeniero White, que vino con juveniles porque no les pagaban. Increíble. Por eso se nos fue el campeonato.
40. -¿Qué le dijeron a Nimo cuando no cobró el penal?
-¡Qué no le dijimos! Las barbaridades más grandes que se te ocurran: era para expulsarnos a todos. Nimo era hincha y socio de River. Cuando Nimo dirigía en la B, venía a ver a River. Yo estaba en Tercera y recuerdo haberlo visto en la San Martín. Lo hemos cruzado después en algún canal de televisión o en algún boliche y lo queríamos pelear. Él nos decía que era más hincha de River que nosotros. “Pero nosotros no somos corruptos, vos sos un ladrón”, le contestábamos. No dirigió más después de ese partido.
41. -¿Con Chacarita perdieron bien la final del Metro 69?
-Ahí se dio otra situación extraña. En semifinales eliminamos a Boca y expulsaron al Chamaco Rodríguez. Nos quedamos concentrados en el club para jugar contra Chacarita el domingo. El viernes a la noche, Labruna nos dijo que un conocido de él nos quería hablar. El tipo era un político, un concejal de Vicente López. “¿Ustedes quieren ser campeones? Tengo la forma, es arreglando al pito”, nos dijo y nos pasó la cifra. Se fue, nos reunimos en una habitación sólo los jugadores y votamos. Yo dije que había que ganar en la cancha y esa postura se impuso por un voto.
42. -¿En el partido notaron algo raro?
-A los 30 minutos, con el partido 1-1, el árbitro expulsó a Dreyer, un chico del club que había reemplazado al Chamaco. Fue una jugada común, no era para roja. No sé si este político también fue a hablar con Chacarita, pero con uno menos y ante un gran rival como era ese Chacarita, se nos hizo imposible y en el segundo tiempo nos pasaron por arriba. Chaca tenía un dirigente de mucho peso en esa época: Zuccotti.
43. -Y River tenía al escribano Kent, al que lo pasaban por arriba.
-Kent venía del Comité Olímpico con espíritu amateur. Una vez nos ganó Boca en el Monumental y fue a felicitar a los jugadores de Boca al vestuario: lo queríamos matar. Él decía que era el Papa Juan XXIII. Un tipo bárbaro, pero en el fútbol se lo comían en un pancho. Encima en Boca estaba Armando, que era un águila.
44. -Entre tantas pálidas, tuviste la alegría de eliminar a Boca en la Libertadores del 70 con un gol tuyo.
-En el 69 Boca salió campeón en nuestra cancha, después de empatar 2-2. Yo no pude jugar porque me habían expulsado dos fechas antes. Y al año siguiente los eliminamos en la Bombonera en la Copa. En casa les habíamos ganado y en la de ellos empatamos 1-1. Me metieron un pelotazo largo, me filtré entre Rogel y Nicolau, la acomodé con la mano y se la toqué a Roma. Miré de reojo al linesman y como salió corriendo hacia mitad de cancha hice lo mismo. Volvimos en el micro a paso de hombre y nos recibió un montón de gente en el Monumental. Estaban mis viejos. Mi papá se acercó y lo primero que me preguntó es si la había llevado con la mano. Le contesté que sí. “Ni se te ocurra decirlo”, me aconsejó.
45. -Jugaste el Superclásico de la Puerta 12. ¿Llegaste a ver algo?
-En esa época teníamos por costumbre quedarnos a merendar en el club después de los partidos, para charlar un poco y que se fuera yendo la gente. Esa tarde vino el doctor Melito, el médico del plantel, desencajado y dijo: “No saben la cantidad de muertos que hay apilados afuera, todos asfixiados”. Uf, terrible. Ahí no teníamos ni televisión ni nada. Cuando volví a casa estaban mis viejos en la puerta esperándonos a mí y a Ermindo, muy preocupados. No se sabía bien qué había pasado ni quiénes eran los muertos.
Enfrentando a Boca, el rival de su debut y al que le metió 5 goles.46. -¿Es cierto que pudiste haber jugado en Boca?
-Hubo un intento, pero jamás me lo hubiera permitido. Un día Rattín le dijo a Ermindo que quería tomar un café con él. Ellos eran compañeros de la Selección. Y ahí le dijo que Armando nos quería a los dos en Boca, pero que no podía comprar los pases. Además River no nos iba a vender. Entonces le pidió que a fin de año sacara el pase del club, que lo comprara él, y después fuéramos libres a Boca. Se lo contó a mi viejo y lo sacó cagando. Imposible.
47. -¿Qué técnicos te llevaron a la Selección?
-El primero fue Lorenzo, para la gira previa al Mundial 66. Fuimos 26, creo, y quedamos cuatro afuera: Sainz, al que le habían salido unos forúnculos, Rojitas por unos problemas en la rodilla, Vicente de la Mata y yo. Llegamos a jugar en Austria, Copenhague e Italia. La relación de los jugadores con Lorenzo era mala, porque el Toto cambiaba las cosas a cada rato o llegaba a Italia y se ponía a hablarnos en italiano. Recuerdo que había contratado a un tano que nos espiaba cuando salíamos a tomar algo y los jugadores se hartaron y le pidieron que lo echara. No me olvido más de la imagen del tano yéndose con la valijita del hotel.
48. -¿Cómo te enteraste que quedabas afuera?
-Lorenzo nos citó en un salón del hotel, en Viena, y dio la lista de los que iban al Mundial por abecedario: Albrecht, Artime, Calics… Enseguida, Rattín, que era el capitán, sin consultar a los dirigentes ni al técnico, dijo que invitaba a los que habíamos quedado afuera a seguir en el grupo durante todo el Mundial y a cobrar los premios como el resto. Era la primera vez que yo iba a Europa, así que ni lo dudé. El tema es que acá el campeonato seguía y a los pocos días llegó el telegrama de River para que me presentara en el club.
49. -Pedernera te convocó para las Eliminatorias del 70.
-Era un triangular con Bolivia y Perú. Arrancábamos en Bolivia y como todos los equipos argentinos que iban a La Paz perdían, Don Adolfo nos llevó un mes antes a vivir a La Paz para aclimatarnos. La pasamos pésimo, no podíamos entrenarnos y en el partido nos pasaron por arriba: nos ganaron 3-1. Y eso que teníamos un equipazo, eh: Cejas, Perfumo, Albrecht, Marzolini, Brindisi, Rattín, Bernao, Yazalde y Más, entre otros. El problema era la desorganización total.
50. -Los eliminó Perú en la Bombonera.
-Perdimos de visitantes con Bolivia y Perú, le ganamos 1-0 a Bolivia en la Bombonera y teníamos que superar a Perú para ir a un desempate. Ellos tenían un gran equipo, con Didí de técnico. Fuimos perdiendo 1-0 y 2-1, lo empatamos al final y no nos alcanzó. Mi viejo había dejado el auto a cuatro cuadras de la cancha y yo salí caminando con el bolso hasta el auto. Nadie me dijo nada.
51. -Ir a la selección en esa época te perjudicaba, ¿no?
-Tal cual, porque era un caos, cambiaban al técnico a cada rato, tenías más para perder que para ganar. El técnico de tu equipo te decía que no fueras a la selección, que acusaras alguna lesión. Yo lo hice estando en River, el médico te pasaba un parte de lesionado y quedabas desafectado. Menotti fue el artífice del gran cambio cuando asumió en el 74.
52. -¿De River te echaron por la huelga del 71?
-Todo empezó con la huelga, sí, que fue para conseguir el convenio colectivo del trabajo, pretendíamos que a los futbolistas nos consideraran trabajadores, que tuviéramos aguinaldo, vacaciones, jubilación. En un momento me llamó Pastoriza, que estaba en el gremio, y me dijo: “Tito, hay clubes que deben 6 o 7 meses, armemos algo con River y Boca para que nos den bola, ya hablé con el Chapa Suñé”. Yo era capitán en River, fuimos a la huelga y varios clubes echaron mano a los pibes. En River empezaron a jugar chicos que recién habían debutado: Alonso, Merlo, Jota Jota, Morete…
53. -¿Qué hicieron para conseguir el convenio?
-Esta es increíble. Con nosotros venían a entrenar a veces algunos artistas, entre ellos Roberto Rimoldi Fraga, famoso actor y cantor de folclore, que estaba de novio con la hija de Agustín Lanusse, entonces presidente de la nación. Un día estaba grabando en Canal 11 y lo fuimos a ver al estudio, a la calle Pavón. No nos querían dejar pasar, le mandamos a avisar que estábamos ahí abajo tal, tal y tal jugador. Bajó, le explicamos si podía hablarle a su futuro suegro de nuestra situación, porque por ahí ni estaba enterado. “Los jueves comemos siempre con él en la quinta de Olivos”, nos dijo. Y que le iba a comentar. A los dos días de esa comida tuvimos el convenio colectivo de trabajo por decreto y se levantó la huelga. Así como te lo cuento.
54. -¿Y de River te limpiaron por liderar la huelga?
-Durante el conflicto River nos había separado a los profesionales y empezaron a jugar los chicos, con Didí de técnico. Nos licencian hasta fin de año, dos o tres meses, y al arrancar el 72 otra vez nos hicieron entrenar aparte, pedimos una reunión con Didí, discutimos, le contesté muy mal y me llamaron los dirigentes para que me buscara club. Ahí apareció Racing y me llevaron a préstamo por un año. Era un gran equipo con Fillol, Batocletti, Chabay, Rocchia, el Panadero Díaz, Squeo, el Pampa Jorge, el Chino Benítez, el Chango Cárdenas. Salimos segundos del San Lorenzo bicampeón del Toto Lorenzo, pero ya había problemas económicos y a fin de año no me pudieron comprar el pase.
55. -Volviste a River en 1973 pero duraste poco.
-Me llamó el Vasco Urriolabeitia y me dijo que me quería y estaba dispuesto a hablar con los dirigentes. Le dije que estaba para volver, y ahí tuve problemas con Alonso, porque los dos jugábamos de 10. Compartimos cancha varias veces y en una nota dijo que yo era una manzana podrida, y me tuve que ir. Nunca llegué a discutir con el Beto, lo gratificante es que unos años después el mismo Alonso aceptó que se había equivocado al declarar eso, y es el día de hoy que nos encontramos en la cancha y me da un abrazo. Lo más importante es reconocer cuando uno se equivoca.
56. -¿Por qué elegiste irte al Córdoba, que estaba en la segunda de España?
-Rafael Campanero, el presidente del club, me citó en un hotel de la calle Corrientes. Un fenómeno, murió hace poco, a los noventa y pico de años. Me ofreció el triple de lo que ganaba en River. Le pedí unos días para pensarlo, agarré el auto por avenida Córdoba, y paré a comer en La Cantina de David. En una mesa estaban Pipo Rossi y el Cabezón Sívori. Les conté la situación y Sívori me la dejó muy clara: “Si en España o Italia no juega en los 3 o 4 equipos grandes, es preferible ir a un equipo de Segunda con aspiraciones de campeonar que a uno de Primera que pelee por permanecer, porque usted está acostumbrado a luchar por ser campeón”. Lo charlé también con mi hermano y me fui. Viví 4 años hermosos y hace un tiempo el club me homenajeó, incluso invitaron a compañeros de distintas partes de España para participar. Estuvo muy lindo.
57. -Y después cerraste tu carrera en Millonarios de Colombia.
-Sí, un club ligado históricamente a River. Ya había pensado en retirarme, pero me insistieron, me ofrecieron un buen contrato y me fui. Llegamos al cuadrangular final con Deportivo Cali que dirigía Bilardo, Nacional de Medellín de Zubeldía y Santa Fe de Cacho Cadars. Ganamos los tres partidos y fuimos campeones. Me insistieron mucho para que me quedara al año siguiente a jugar la Libertadores pero no pude aceptar. De hecho, vino el presidente del club a tratar de convencerme.
58. -¿Por qué no “pudiste” aceptar?
-Porque mi mujer estaba embarazada de mi hija mayor, y ya no podía viajar, entonces me tenía que ir solo y Colombia era una joda en esos años, mucha diversión. Si me iba solo, me tenía que divorciar, ja, ja, y no me interesaba, así que me retiré y al poco tiempo fundamos el club Renato Cesarini y arranqué con eso.
59. -¿El compañero con el que que mejor te entendiste?
-Ermindo y Pinino. Mi hermano me habilitaba a mí, cuando yo jugaba de 9, y yo lo habilitaba al Pinino cuando empecé a jugar de 10. Con el Mono pasabas de la puteada al abrazo, porque cuando recibía la pelota pateaba al arco desde cualquier lugar, entonces ibas a putearlo… pero la mayoría de las veces sus remates eran gol y al final lo abrazabas (risas).
Con su compinche, Pinino Mas.60. -El rival más difícil de pasar.
-Julio Meléndez, el peruano de Boca. Te sacaba la pelota sin pegar una patada, un jugador muy rápido y muy técnico.
61. -¿Qué significó para vos Renato Cesarini?
-Muchísimo, un padre futbolístico. Fue el que trajo a mi hermano al club y el que me hizo debutar a mí. Renato fue un adelantado, también, como Amadeo. Un tipo que te aconsejaba no solo a nivel futbolístico sino en tu vida privada, cosas que uno después aplicó con los hijos.
62. -¿Enseñanzas futbolísticas?
-A ver: pasaban dos o tres partidos sin que metiera goles y yo me ponía mal, porque el 9 de River tiene que meterla todos los partidos. Entonces Renato me veía medio cabizbajo y me preguntaba qué me pasaba. “Es que no la puedo meter”, le contestaba. “Escuchame una cosa, ¿erraste?”, la seguía. Le respondía que sí. “Perfecto, vos te tenés que preocupar cuando no tengas situaciones de goles. Si errás, ya la vas a meter, a veces el gol es un accidente”, me tranquilizaba. Y tenía razón, porque a veces le pegás un fenómeno y la pelota se va afuera y otras le pegás mordido y entra.
63. -Renato también le aconsejó a Labruna que metiera un gol apenas entraba al campo de juego, ¿no?
-Así es, cuando Ángel pasó por una sequía le dijo que metiera un gol de “mentirita” para sentir el ruido de la red y recuperar la confianza. Renato era un maestro, le gustaba usar la palabra “otario”. Nos decía que en el área tiráramos todos los chiches que quisiéramos: caño, sombrero, gambeta, porque si salía bien quedábamos mano a mano con el arquero o era penal. Pero que en media cancha ni se nos ocurriera, porque era gol para el contrario, con el equipo saliendo. Dentro del área valía todo; cerca de la nuestra era avivar giles. “No sean otarios”, nos decía.
64. -¿Vos decidiste ponerle “Renato Cesarini” al club que fundaron a fines de los 70?
-Yo dejé de jugar en Colombia en el 78 y una tarde mirábamos un partido del Mundial en cancha de Vélez con mi hermano, Artime y el Indio Solari, y en un momento el Indio nos dijo, ahí mismo en la cancha, que tenía ganas de crear un club para formar chicos y competir. Y que lo quería hacer con nosotros y con su hermano Eduardo, en Rosario. Después fue consiguiendo jugadores y nos convenció. El nombre se nos ocurrió rápido y tuvo aceptación de los cinco, porque todos habíamos tenido a Renato en algún momento y lo considerábamos muy valioso. Con Ermindo viajábamos una vez por semana a dar clases a los chicos, otra vez lo hacía Luis, y ellos estaban todos los días.
65. -¿Cómo fue el accidente en que murió Ermindo?
-Un sábado a la mañana, 21 de diciembre de 1979, Ermindo vivía acá a la vuelta y me pasó a buscar para ir a Renato. Adelante iban él y su mujer, cebando mate, sin cinturón, y yo atrás con la hija más chica de ellos, de 11 años, durmiendo. En la entrada a Lima, cerca de Zárate, venía un 147 por la colectora y de golpe cruzó para agarrar para el otro lado, no sé si Ermindo se distrajo y de golpe lo tuvo encima y tiró el auto a la banquina. Esto lo vi bien a los tres días, cuando fui a buscar el auto, estaban todavía las marcas. Su error fue querer volver a subir a la autopista, porque había como una cunetita, y al agarrar esa cunetita el coche empezó a dar vueltas y vueltas. El parabrisas y la luneta salieron limpitas.
66. -¿Llegaste a ver todo eso?
-Yo me desperté en el momento. Cuando el auto paró de dar vueltas, la señora de Ermindo gritaba dentro del auto: se había fracturado la pierna y tenía quemaduras porque se le había caído el agua del mate, de hecho le tuvieron que hacer varios injertos. La nena estaba bien, pero faltaba Ermindo. Salí por la luneta y lo vi a Ermindo como a 10 metros, sobre la tierra, boca arriba, sin sangre ni nada. “Tito, estoy reventado”, me dijo en un murmullo. Nos llevaron al hospital de Zárate, lo más cerca que había, entró a quirófano y al rato vino el médico a decirnos que Ermindo había fallecido, que tenía hundimiento de tórax y no habían podido hacer nada.
67. -¿Te afectó mucho la muerte de Ermindo?
-Muchísimo, no solo éramos hermanos sino amigos. Vivíamos a la vuelta, nos veíamos todos los días. Habíamos dejado de jugar, y teníamos una inmobiliaria, entonces salíamos a correr por Palermo, nos bañábamos en el golf y luego arrancábamos con la inmobiliaria, así todos los días. Mi papá ya había fallecido, pero mi mamá no, y enterrar a un hijo debe ser lo peor que te puede pasar. No sólo le pasó con Ermindo, sino también con mi hermana menor, que doce años después murió atropellada por un colectivo escolar, acá a unas cuadras de casa, en Avenida de los Incas. Era joven, tenía 60 años.
68. -¿Cómo hizo tu mamá para superarlo?
-No sé, la verdad que no sé. Yo la llevé a vivir siempre conmigo, cuando fui a jugar a España y era soltero, y después, ya casado, cuando me instalé aquí también me la traje. Por suerte tengo a Mónica Beatriz, una gran mujer que me acompaña en todo.
69. -¿Quién es el parejense más famoso: vos o Valdano?
-Hay historias familiares en común: el papá de Valdano y mi viejo eran compañeros en el Sportivo, uno jugaba de 10 y el otro de 11. Y nuestras madres eran compañeras en el colegio, es un pueblo chico (risas). Después hay otros deportistas famosos: Rodrigo Rey, el corredor de autos Facundo Ardusso, varios…
70. -¿Cuándo empezaste a trabajar en River?
-En 2002, me llamó José María Aguilar a poco de haber ganado las elecciones. Siempre estuve en captación, y lo sigo haciendo. En algún momento me ofrecieron ser director técnico en alguna categoría de inferiores pero no quise.
-Dejar libre a chicos a fin de año es una tarea ingrata y no quería asumirla. Es distinto cuando hacés pruebas y la mayoría de los chicos no queda y les decís que entrar en River es muy difícil pero que intenten en el otro lado.
72. -De los chicos que viste, ¿quién fue el mejor?
-Y… de los conocidos, uno fue Julián Álvarez. Lo increíble es que la primera vez no quedó. Estaba Passarella de presidente y Jota Jota de técnico. Le dije que había un pibe de Córdoba que era un fenómeno pero que había que traer a los padres, conseguirles un trabajo y un departamento, porque era muy chico y los padres no lo dejaban venir solo. Piero Foglia, que lo traía del club Atalaya, nos contó que Julián era hincha de River y se quería quedar en River, pero que al día siguiente iba a ir a probarse a Boca, porque él tenía compromiso de llevar a chicos a Boca también.
73. -¿Qué te contestó Jota Jota?
-En ese momento el club estaba mal, peleando el descenso. “Daniel no me va a dar bola, aparte si le traemos a la familia, después te va a pedir otra familia lo mismo”, me decía Jota Jota. Le insistí, pero no pasó nada.
74. -Y fue a probarse a Boca, nomás.
-Eso escuché, sí, aunque no sé bien qué pasó en esa prueba. Y después estuvo por el Real Madrid y a los dos años, con Julián ya más grande, ahí sí lo dejaron venir a River para que viviera en la pensión del club. Antes los chicos se quedaban en una casona de dos plantas sobre Lidoro Quinteros y había chicos de 17 años y de 11, no era la mejor situación, y muchos chicos a la noche lloraban porque se querían volver.
75. -Habrán perdido a futuros cracks, me imagino.
-El tucumano Joaquín Correa fue uno. Ese chico lloraba todas las noches y al final lo mandaron de vuelta a Tucumán, de ahí fue a Renato Cesarini y terminó en Estudiantes y lo vendieron a Italia. Esas cosas pasan en el fútbol.
76. -¿En qué consiste tu trabajo hoy?
-Hacemos las pruebas, por lo general con unos 80 chicos, y si alguno tiene condiciones los hacemos entrenar unos días con su categoría en River, a ver si están para quedarse en el club.
Onega trabaja ininterrumpidamente en aptación de River desde el año 2002. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.77. -¿Qué mirás para saber si están para River o no?
-Somos 3 o 4 los que observamos, son varios pares de ojos. Están Pedro González, el Tano Nanía, un histórico de inferiores que sabe mucho, antes estaba Laraigneé. Me fijo fundamentalmente en que elijan la mejor opción de juego: si tiene que meter un pelotazo, que meta un pelotazo y no gambetee, por ejemplo. Que sea inteligente. Bianchi siempre dice eso: “prefiero un jugador inteligente antes que un talentoso”. Y coincido. Después, no se puede traer un arquero o un central bajito, lamentablemente, porque hoy la mayoría de los goles son de pelota parada.
78. -¿En qué puestos se prueban más los chicos y en qué puestos, menos?
-La mayoría quiere probarse de delantero o volante, porque son los que cotizan más, defensores no quieren ser, por eso a veces le tenés que pedir a alguno que en la prueba juegue un rato de 4 o de 3 y después lo pondrás de volante o delantero.
79. -¿Cómo explicás el caso de Santiago Beltrán, que sin hacer inferiores agarró la Primera de River como si nada?
-Como Márcico en Ferro, que tampoco hizo inferiores. Son excepciones. Y después también hace falta la suerte: se fue Ledesma a Central, se lesionó Armani, Centurión se estaba recuperando de otra lesión y Beltrán aprovechó la oportunidad. Si no pasaba todo lo anterior, no hubiera podido mostrarse.
80. -¿Cómo viviste el descenso de River?
-Estuve en la cancha y fue terrible, no lo podía creer. Había ido con mi señora y mis hijas, sentimos el quilombo de afuera, escuchábamos en la radio que estaban quemando autos en el estacionamiento y nosotros lo habíamos dejado ahí. Fue horrible.
81. -¿Y la final de Madrid?
-Una alegría impresionante, solo me arrepentí de no haber ido porque estuve por viajar y al final no lo hice porque uno siempre piensa en que puede darse lo malo. Si cuando compras el pasaje viniera el resultado garantizado sería mucho más fácil (risas). Al final lo vimos acá con la familia, se festejó mucho, mis hijas salían al balcón a gritarles a unos vecinos de Boca. Esto fue un quilombo, Villa Urquiza es un barrio muy gallina.
82. -¿Conociste el Monumental cuando era una herradura?
-No, justo lo habían cerrado con la venta de Sívori. Pero solo estaba la platea baja ahí atrás del arco. Recuerdo bien que había quedado un playón sobre esa platea y mi viejo, que no podía ver el partido sentado, caminaba y caminaba, y antes de arrancar el partido con mi hermano lo veíamos clarito yendo de un lado a otro. Después mi viejo nunca nos decía “¡qué bien jugaste, qué buen partido hiciste!”. Nunca. Siempre era “podrías haber hecho esto, podrías haber hecho lo otro”. Con el tiempo comprendimos que estuvo bien porque nos empujó a mejorar.
83. -¿Te sorprendió la transformación del Monumental?
-Hoy está espectacular, hermoso, con las bandejas nuevas abajo, con los codos cerrados. Y si llegan a hacer lo que está planeado del techo y una bandeja más para llevarlo a 100 mil personas, será una locura. Los jugadores se van a ver muy chiquititos, eso sí (risas), pero va a ser increíble.
84. -¿Creés que Boca va a poder agrandar su estadio?
-Boca no tiene las posibilidades de River por la falta de espacio, no sé si lo podrá hacer, yo creo que en su caso es un tema más político que otra cosa, pero no estoy muy al tanto. Tengo varios amigos de Boca y les suelo decir que nosotros somos distintos a ellos, ni mejores ni peores, distintos. Y creo que eso les da más bronca que si dijera que somos mejores (risas).
85. -¿Qué le pasó Gallardo en este último ciclo?
-No sé si el vestuario lo ayudó, que eso también es importante, ¿viste? Y por ahí se pudo haber equivocado en algunos jugadores que trajo.
86. -¿Cómo lo ves a Coudet?
-El Chacho parece ser jugadorista, es más de agarrarte del hombro y hablarte, y en esos casos me parece que el jugador se anima más a contarle qué le pasa, aunque no sea un tema futbolístico sino personal. Creo que a este equipo de River le viene bien un tipo como Coudet.
87. -Vos que fuiste 9, ¿entendés que River haya jugado sin 9?
-Me parece que ese fue un error, porque Gallardo siempre tuvo un 9: Alario, Borré, Teo Gutiérrez, Julián, y en esta oportunidad se gastó mucha plata y nunca se pensó en un 9.
88. -¿Los mejores amigos del fútbol?
-Los dos mejores fueron Jorge Dominichi y Roberto Zywica, lamentablemente ya no están ninguno de los dos. Con ellos salíamos mucho cuando éramos solteros y también después.
89. -¿Pelé, Maradona o Messi?
-Son tres genios, pero si tengo que quedarme con uno elijo a Pelé, porque era completo. Le daba igual de zurda y de derecha, cabeceaba como un animal, era muy fuerte físicamente y si le pegaban, respondía más fuerte. Tuve el privilegio de enfrentarlo, o la desgracia, no sé, y el Negro te mataba.
90. -¿Es cierto que los Onega solo traen mujeres al mundo?
-Yo tengo tres mujeres, Ermindo tuvo cuatro mujeres y mi hermana también una mujer. Ocho de ocho. María del Mar es mi hija más grande, le pusimos así porque cuando vivíamos en España había una iglesia María del Mar y mi señora siempre dijo que si teníamos una nena, le iba a poner ese nombre. A ella no le gusta, y se hace llamar María o Mery. Después están Giselle y Melisa.
91. -¿Qué te genera ver a tu hija mayor como periodista deportiva?
-Un gran orgullo. María estudiaba servicio social y un día entró a casa llorando y me dijo “no me gusta lo que estoy estudiando, quiero ser periodista deportiva”. Yo me quedé duro, no veía que pudiera trabajar de eso. En aquel momento, no había mujeres periodistas y el fútbol era un ambiente muy machista, me parecía que le iba a resultar muy difícil meterse.
-Primero la intenté calmar y se me ocurrió que fuera a hablar con mi amigo el Tano Fazzini. Después de dos horas de charla, el Tano me dijo: “Está convencida, dejala, que le dé para adelante”. Y ahí hablé con algunos periodistas deportivos que conocía de mi época, como Carlos Ferreira, y me dijo que la mandara a DeporTEA. Estudió y de a poquito fue consiguiendo trabajos y hoy hace campo de juego y es panelista en TNT Sports. A veces voy a la cancha y me dicen “Ah, vos sos el papá de María”, ja, ja, y eso está muy bueno.
93. -¿Qué te pareció que River se haya bajado de la AFA?
-Perfecto, porque por lo que me contaron cada vez que el representante de River llegaba a una reunión ya estaba todo cocinado, ¿entonces qué sentido tiene reunirse?
94. -¿Qué pensás de la gestión Tapia?
-Son demasiadas cosas las que aparecen todos los días. La peor condena que tienen es la social, en casi todos los estadios lo insultan. ¡Y habiendo sido campeón del mundo con la selección! Eso es lo más increíble.
95. -¿Cómo hiciste para meter 17 goles en una edición de Copa Libertadores?
-Primero, tenés que jugar todos los partidos, desde el inicio hasta la final. Después, no lesionarte. Y por último tener grandes compañeros que te asistan. Y yo tenía unos geniales: Ermindo, Luis Cubilla, que no tiraba centros, te daba pases. Ese año vino el peruano Loayza, que tuvo un año excepcional, y también Solari te habilitaba muy bien.
La Conmebol lo homenajeó en un par de ocasiones por conservar el record de mayor cantidad de goles en una edición de Copa (17). Foto: Guillermo Rodríguez Adami.96. -¿Cuál de los dos récords que tenés te genera más orgullo: los 17 goles en una edición o ser el argentino que más goles metió en la historia?
-Y… los dos, pero el de los 31 goles está ahí, muy cerca de ser superado por Pratto, que tiene 30, y este año juega la Copa para Coquimbo.
97. -¿Estás haciendo vudú con Pratto, pinchándolo con alfileres?
-No, es un buen muchacho, y algunos de sus goles, como los de las finales contra Boca, nos hicieron muy felices a los riverplatenses. No lo voy a lamentar, pero bueno, si se quiere quedar en 30, no tengo problemas (risas).
98. -Encima ninguno de esos 31 goles que metiste fue de penal.
-No, porque los penales los pateaba Matosas o el Mono Más. También me perdí la Copa del 69, porque River no quiso participar, alguno más hubiera sumado seguro.
99. -¿Creés que el récord de los 17 goles en un año será superado?
-Y, es muy difícil. Es increíble que hayan pasado 60 años y esa marca siga vigente. Por eso me genera tanto orgullo.
100. -¿Comés algo en especial para tener semejante memoria a los 81 años?
-Ja, ja, no, es algo natural. Lo que sí hago es salir a caminar una hora todos los días, ya tengo el circuito, a veces voy solo y los domingos con un par de amigos. Es muy importante tener amigos, los míos son todos de la infancia, del barrio, nos juntamos los sábados. Siempre viví en Villa Urquiza, en distintos lugares y desde el 78, cuando vine de Colombia, me instalé definitivamente en este departamento porque lo tenía a Ermindo a la vuelta. Y esos amigos del barrio quedaron para siempre.










