“Banda de menores”, “Chicos salvajes: robar no es un juego”, “Batalla campal entre estudiantes en Merlo: los chicos de dos colegios a las trompadas”, «Un gran problema, repartir balas: un nene con pistola y chicos armados». Las frases con forma de titulares son parte de un informe de UNICEF y el Observatorio de Televisión de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral que no sólo revela una fuerte subrepresentación de la infancia y la adolescencia en los noticieros, sino también el sesgo con el que son retratadas.
De un total de 10.963 noticias analizadas, solo el 9,34% abordó temas vinculados a niñas, niños y adolescentes. Es decir, apenas 1 de cada 10 noticias incluye a los chicos en la agenda informativa. Pero el dato más significativo no es solo la baja presencia, sino el modo en que la infancia aparece representada. Los temas predominantes son los policiales y de inseguridad (38,77%) y las distintas formas de violencia (20,55%). Cuando niñas, niños y adolescentes logran visibilidad en los noticieros, lo hacen mayormente asociados a hechos delictivos, situaciones de riesgo o conflictos.
«El uso de términos estigmatizantes en las coberturas mediáticas tiene efectos directos en la construcción social de las infancias y adolescencias. Estas denominaciones refuerzan prejuicios, consolidan miradas discriminatorias y afectan el ejercicio pleno de derechos. Evitar este tipo de expresiones constituye una responsabilidad ética del periodismo, especialmente cuando se informa sobre niñas, niños y adolescentes», afirma el trabajo.
El dato es contundente: cerca del 60% de las noticias analizadas que involucran a infancias y adolescencias se ubican en la categoría policiales, inseguridad o violencia. Muy por detrás quedan temas como salud, educación, cultura o derechos humanos. Es decir, aquello que también define la vida de chicos y chicas aparece marginalmente o directamente ausente.
A esa centralidad se suma una narrativa cada vez más espectacularizada. “Se ratifica la espectacularización en el modo de presentar las noticias y la falta de contextualización en sus relatos”, advierte Gabriela Fabbro, directora del Observatorio de la TV de la Austral.
El fenómeno se potencia con nuevas dinámicas de producción: “El cambio mayor es el crecimiento paulatino de los medios y las redes sociales como principal fuente de información, sumadas a las imágenes de cámaras de seguridad y videos como modo de reconstrucción de los hechos”, agrega.
“El uso abusivo de imágenes en loop provenientes de cámaras de seguridad provoca mayor espectacularización en su relato -dice Fabbro-. Este tipo de tratamiento no aporta herramientas para comprender las múltiples dimensiones sociales, culturales e institucionales que atraviesan estas situaciones”.
“Se construye a las infancias más como víctimas o victimarios que como sujetos de derecho. La reiteración de calificativos no es neutral: contribuye a profundizar estereotipos sociales, refuerza miradas punitivas y consolida representaciones que asocian a niñas, niños y adolescentes con el delito y la peligrosidad”, asegura la especialista.
Los chicos vistos como «un problema»
A esta mirada se suma la advertencia de Natalia Calisti, Especialista en Comunicación de UNICEF, quien pone el foco en las consecuencias sociales de este tipo de coberturas: “Cuando los medios de comunicación muestran a las chicas y los chicos casi exclusivamente como víctimas o como responsables de hechos violentos, contribuyen a que la sociedad los vea como un problema y no como personas sujetas de derechos”.
Y agrega: “Esta mirada reduce las complejidades asociadas a la niñez y la adolescencia, invisibiliza sus voces y limita su reconocimiento como actores sociales”.
“Cuando en la mayoría de las notas los medios asocian a la juventud con la violencia terminan generando la estigmatización de esas chicas y chicos. Este tipo de representaciones simplifican problemáticas más complejas, como la desigualdad o la falta de oportunidades, y se terminan desdibujando las causas estructurales”, agrega Calisti.
“El lenguaje no es neutral: usar expresiones como ‘menores delincuentes’ reduce a los chicos y chicas a una etiqueta y los define únicamente por un hecho. Este tipo de términos refuerza estereotipos, muchas veces asociados a la pobreza, y contribuye a la discriminación”, señala.
Otro rasgo persistente es la ausencia de las propias voces de niñas, niños y adolescentes. “Existe una brecha clara entre el deseo de participación de los adolescentes y su presencia real en las noticias. Muchas veces los adultos hablan por ellos, en lugar de generar espacios donde puedan expresarse directamente -explica Calisti-. Hay una mirada adultocéntrica bastante instalada, donde los adultos definen qué es importante y cómo se cuenta, relegando a las chicas y a los chicos a un lugar pasivo”.
Espectáculo sin contexto
A la falta de voces se suma la ausencia de contexto. “La inmediatez, sumada a la viralidad de la información, desplaza la verificación y su marco de contexto”, explica Fabbro. La lógica de estar “en el lugar de los hechos” y sostener la primicia termina imponiéndose sobre la calidad informativa.
El informe también muestra cómo ciertos casos conmocionantes monopolizan la agenda mediática durante horas o incluso días. “Las niñas, niños y adolescentes son protagonistas de ‘casos conmocionantes’ que monopolizan la pantalla, con desarrollos prácticamente continuos a lo largo de la jornada”, describe Fabbro.
“La pluralidad de fuentes y una mirada de contexto resulta indispensable para promover representaciones más justas e inclusivas”, sostiene Fabbro. Y concluye: “El tratamiento mediático que vulnera derechos y empobrece la comprensión social de estas realidades no fortalece al periodismo”.
Recomendaciones del informe: Fortalecer un periodismo con enfoque de derechos, pluralidad de fuentes y mirada de contexto resulta indispensable para promover representaciones más justas e inclusivas de niñas, niños y adolescentes en los medios de comunicación.










