«No sé qué haré con la plata»

«No sé qué haré con la plata»


«No sé contar cuánto es un millón, es un número tan grande que me pierdo», dijo sonriente la escritora argentina Samanta Schweblin, ganadora anoche del millón de euros del Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana por su libro El buen mal (Seix Barral).

Durante la ceremonia, la argentina confesó a los periodistas que «no sabe» qué hacer con tanto dinero y que, de hecho, su «sueño», toda la vida, ha sido «tener un sueldo todos los meses».

Schweblin (Buenos Aires, 1978) fue elegida entre otros cuatro escritores: Nona Fernández, Enrique Vila-Matas, Héctor Abad Faciolince y Marco Giralt Torrente.

«No sé contar cuánto es un millón, es un número tan grande que me pierdo. No sé cuántos ceros tiene. Es algo muy raro. No sé qué hacer con ello. En mi imaginario siempre, desde que dejé casa de mis padres, lo que toda la vida quise tener es un sueldo todo los meses. Este número lo asocio un poco con esa idea fantasiosa del sueldo para siempre», contó.

La también autora de Pájaros en la boca, aprovechó la visibilidad de ese premio para denunciar la penosa situación financiera de la universidad pública de Buenos Aires, en cuyas aulas aprendió todo lo que sabe sobre literatura, ha explicado.

«Mi universidad es muy prestigiosa y he tenido unos maestros increíbles, pero hoy está desfinanciada. Fue un orgullo nacional muchos años pero la estamos perdiendo y es muy doloroso», ha dicho.

Un libro «fantasioso»

Preguntada sobre qué se encontraran en sus páginas los lectores, la escritora argentina dijo que se trata de un libro «fantasioso» que trata de las «fuerzas» que nos «comandan», sobre «momentos de cambio en los que darse cuenta de qué es importante».

Schweblin, que ganó el Booker Internacional en 2017, dijo que quiere leer en el premio «un guiño» al género del cuento, con menos galardones que las novelas en los premios de literatura.

La argentina rememoró su «enamoramiento» con el cuento «allá por el verano de los once años» cuando leyó y releyó tres antologías de Franz Kafka, Ray Bradbury y Julio Cortázar.

«Ese verano se fundó en mi algo, fue como mi fundación literaria emocional«, aseguró la escritora.

Afincada en Alemania, Schweblin reconoció que los responsables del premio tardaron más de un día en dar con ella para comunicarle que era finalista del premio porque «nunca» atiende el teléfono de casa dado que su alemán «aún no es tan bueno».

La escritora argentina Samantha Schweblin posa para los medios tras proclamarse ganadora del primer Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, dotado con un millón de euros. EFE/ Quique García

Al recibir el premio, la autora puso el foco en el vínculo con los lectores: “Estoy acá con –y gracias– a los lectores: esas personas increíbles que son capaces de agarrar un libro que alguien más escribió dos años atrás, dos siglos atrás… abrirlo… y poner la ficción en marcha”.

También se refirió al lugar del cuento dentro del sistema literario: “Este premio da su primer paso premiando la excepción: me emociona pensar que estoy recibiendo un premio que es también un reconocimiento al género del cuento”.

En un discurso atravesado por el contexto global actual, Schweblin subrayó el valor de la literatura como forma de orientación: “La literatura es el minúsculo timón… pero es lo que hace que, en días y días de navegación, este buque llegue a un continente u a otro. Abre caminos, fija destinos”.

Y cerró con una reflexión sobre la vigencia de la lectura y la escritura: “Peor que ponerse a leer y a escribir en un momento como este, sería no ponerse urgentemente a leer y a escribir”.

Rosa Montero leyó el fallo

La gala, en el Museu Marítim de Barcelona, presentada por Martina Klein y Josep Cuní, ha contado con invitados del mundo de la cultura como Arturo Pérez-Reverte, Carme Riera, Rosa María Calaf o Najat El Hachmi.

La escritora argentina Samantha Schweblin posa para los medios tras proclamarse ganadora del primer Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, dotado con un millón de euros. EFE/ Quique García

Han conformado el jurado de estos primeros premios los españoles Rosa Montero, Pilar Adón, Luis Alberto de Cuenca y José Carlos Llop; los argentinos Jorge Fernández Díaz y Leila Guerriero, y el mexicano Élmer Mendoza. El grupo ha conseguido mantener en secreto hasta el final el nombre del ganador, que no habrían decidido hasta pocos minutos antes de la gala.

En la lectura del fallo, Montero ha destacado la capacidad de la autora de «plasmar nuevos mundos» y transitar «la frontera entre lo posible y lo imposible» con una escritura «de belleza inquietante».

El Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, recordaron los organizadores, nace con vocación internacional y se dirige a la comunidad hispanohablante de más de 630 millones de personas. El galardón, con la misma dotación del premio Planeta, es sin embargo a obra publicada y emula en lengua española a otros galardones internacionales como el Booket o el Gouncourt.

Además, cuenta con la colaboración de la Fundación Gabo y la Cátedra Vargas Llosa, con el fin de promover la lectura y la escritura en los países donde ambas instituciones desarrollan su actividad.

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