Netanyahu obstaculiza con su ofensiva en Líbano un alto el fuego en el que no cree | Internacional

Netanyahu obstaculiza con su ofensiva en Líbano un alto el fuego en el que no cree | Internacional


Israel es el país que más ha puesto en peligro el alto el fuego que Estados Unidos e Irán sellaron el martes en el último minuto y que ha parido las negociaciones de este sábado en Islamabad. La tregua comenzó con mal pie el miércoles, tras unas primeras horas de optimismo; no solo porque el Gobierno de Benjamín Netanyahu aceptase aplicarla en Irán (no quería, pero no tenía alternativa) pero excluyese Líbano, sino porque eligió justamente el primer día de tregua para lanzar en el país vecino su mayor oleada de bombardeos de la guerra.

La aviación militar israelí soltó 160 explosiones en 10 minutos, causando más de 300 muertos y generando la pregunta que el corresponsal de asuntos militares del diario Haaretz, Amos Harel, se hacía retóricamente el viernes: “¿Fue una última explosión de ira o Netanyahu intenta socavar el acuerdo regional?”.

La obsesión de Netanyahu con atacar Irán no es ningún secreto guardado bajo llave. Él mismo lo explicó así tras lanzar la ofensiva hace mes y medio junto a Estados Unidos: “Esta coalición de fuerzas nos permite hacer lo que he anhelado durante 40 años: aniquilar al régimen terrorista de lleno”. Ningún otro presidente (ni siquiera Trump en su primera legislatura, entre 2017 y 2021) se había prestado a semejante tarea, por temor a las potenciales repercusiones globales que, precisamente, ha acabado teniendo.

Netanyahu convenció personalmente a Trump el 11 de febrero, dos semanas antes del ataque y pese al escepticismo de los mandos militares y de inteligencia de EE UU, según la recreación de esa reunión publicada el pasado martes por el diario The New York Times a partir de “extensas entrevistas realizadas bajo condición de anonimato” a fuentes conocedoras del encuentro. Aquel día, el primer ministro israelí defendió con vehemencia en la Casa Blanca que una misión conjunta acabaría con el régimen nacido en 1979.

Su delegación mostró incluso al presidente estadounidense un breve vídeo con un montaje de posibles nuevos líderes, entre ellos Reza Pahlevi, el hijo del último sha que gobernó el país con mano de hierro y que fue apoyo de Israel y EE UU hasta que resultó derrocado, precisamente, por la Revolución Islámica.

El equipo de Netanyahu vendió a Trump una victoria casi segura que el tiempo ha demostrado errónea: Irán, sostuvo el líder israelí (siempre según el rotativo estadounidense), vería destruido en pocas semanas su programa de misiles balísticos, estaría tan debilitado que no podría bloquear el estrecho de Ormuz y difícilmente optaría por atacar intereses estadounidenses en Oriente Próximo.

Los servicios secretos de Israel en el exterior, el Mossad, auguraron protestas callejeras que podrían tumbar el régimen iraní, sumadas a los disturbios y la rebelión promovidos por el espionaje israelí y a la apertura de un frente en el noroeste por combatientes kurdos iraníes que cruzarían la frontera desde Irak.

Al día siguiente, prosigue el relato de The New York Times, el director de la CIA, John Ratcliffe, definió ese plan de cambio de régimen de “ridículo”, y el jefe del Estado Mayor, Dan Caine, aludió al “procedimiento habitual de los israelíes”: “Prometen mucho y sus planes no siempre están bien elaborados. Saben que nos necesitan, y por eso insisten tanto en convencernos”.

Trump, sin embargo, acabó dando luz verde. El resto es historia y, por eso ahora, en el diálogo en Pakistán, la delegación iraní desconfía aún más del papel de Israel. “Si negociamos en Islamabad con representantes de ‘Estados Unidos primero’, es probable alcanzar un acuerdo beneficioso para ambas partes y para el mundo”, ha escrito este sábado el vicepresidente primero iraní, Mohamad Reza Aref, en referencia al lema aislacionista de Trump. Pero ha añadido: “Si nos enfrentamos a representantes de ‘Israel primero’, no habrá acuerdo”.

El analista Harel subraya que “Netanyahu está claramente presionando a Trump para que vuelva a atacar Irán, ocho meses después de que ambos declararan que la amenaza había desaparecido, en parte por razones político-personales”. “La continuación de la guerra le beneficia. Crea un estado de emergencia permanente en el país, obstaculiza la actividad de la oposición y las protestas, retrasa su juicio y desvía el debate de [los errores que permitieron] la masacre del 7 de octubre [de 2023, por parte de Hamás]”, añade.

“Un malentendido”

Trump, de momento, se ha puesto del lado de Netanyahu en cuanto a la operación de este contra Líbano, pese al riesgo de tirar por la borda la tregua con Irán. Al principio, en la madrugada del miércoles, se limitó a anunciar el acuerdo de alto el fuego. Poco después, Shehbaz Sharif, el primer ministro de Pakistán, precisó que esa tregua se debía aplicar en “todas partes” y añadió: “Incluido Líbano”.

Fuentes diplomáticas citadas por la cadena CBS aseguran que Trump tenía claro que se aplicaba a todo Oriente Medio. Israel dijo entonces que a Líbano no, y los dos líderes hablaron por teléfono. Horas después preguntaron a Trump, y este aseguró que los bombardeos israelíes en Líbano “son parte del acuerdo” y que “todo el mundo sabe” que esa es una “escaramuza aparte”.

Fue un “malentendido”, según el vicepresidente, J. D. Vance, que representa a Estados Unidos en las conversaciones en Pakistán. “Creo que los iraníes pensaron que el alto el fuego incluía al Líbano, pero no fue así. Nunca hicimos esa promesa”, declaró.

El tema es clave para Netanyahu en el ámbito interno en pleno año electoral, como recuerdan las encuestas publicadas el viernes. La conclusión general es que las promesas incumplidas de la aventura bélica en Irán le están restando votos. Ningún sondeo da a los partidos de su coalición mejor estimación de voto que antes de la guerra, y el suyo, Likud, pierde escaños. La del diario Maariv prevé, de hecho, una victoria por la mínima para las formaciones judías de oposición, con 61 de los 120 parlamentarios. Las de la coalición obtienen 49 (15 menos que ahora) y las formaciones árabes, 10.

A la pregunta: “¿Cree que Estados Unidos e Israel ganaron la guerra contra Irán, no la ganaron o es demasiado pronto para saberlo?”, solo un 22% de los consultados israelíes responde que su país ha salido victorioso. Un 46% cree que no, y un 32% ve prematuro pronunciarse. Un 63% está, además, “muy” o “bastante” descontento con los resultados de la guerra.

El mismo consenso en Israel que apunta a que la campaña bélica en Irán no va como se la vendieron existe en torno a la idea de seguir bombardeando Líbano pese al alto el fuego. Un 77% considera que debe continuar “hasta cumplir los objetivos”, y solo un 12% aboga por detener la ofensiva. Hasta ahora, la campaña contra Hezbolá ha implicado ocupar más territorio en el sur del país vecino, demoler aldeas enteras y desplazar a la fuerza a más de un millón de personas.

A petición de Trump, no obstante, Israel no está atacando ahora Beirut y entablará el martes las primeras “negociaciones directas” con el Gobierno de Beirut. El primer ministro tuvo que anunciarlo el jueves por sorpresa. Llevaba semanas rechazándolo, hasta que Trump lo llamó por teléfono. Retorció el lenguaje para venderlo como una respuesta a las “reiteradas solicitudes de Líbano”, pero engañó a pocos en Israel. Era la forma de Trump de hacer una concesión a Teherán sin tener que imponer a su aliado un alto el fuego en Líbano que lo machacaría políticamente. Netanyahu ya está en el disparadero por haber prometido una gran victoria en Irán y acabar plegándose a un alto el fuego gestado a sus espaldas.

Condiciones previas

Una vez más, sin embargo, el primer ministro israelí está poniendo palos en las ruedas de un diálogo que no desea, ni con Líbano ni con Irán. En su primer contacto telefónico, el jueves, el embajador israelí, Yechiel Leiter, vinculado a la derecha nacionalista, trasladó a su homóloga libanesa, Nada Hamadeh Moawad, que en el encuentro del martes hablarán de “un acuerdo de paz con Líbano”. Es decir, del reconocimiento de Israel sin pagar el peaje histórico del fin de la ocupación militar y la creación de un Estado palestino, como hicieron en 2020 Marruecos, Bahréin y Emiratos Árabes Unidos, cada uno con sus contrapartidas. A lo que “no accedió”, en cambio, es a abordar un alto el fuego con Hezbolá.

Israel, además, ha vetado la presencia en el diálogo de Francia, garante junto con EE UU del alto el fuego de 2024 que puso fin a más de dos meses de guerra entre Israel y Hezbolá, según el diario The Jerusalem Post. Lo considera un “mediador injusto” por sus posiciones en el último año. Su ministro de Exteriores, Jean-Noël Barrot, declaró el jueves que, aunque “Hezbolá debe ser obligatoriamente desarmado”, Líbano “no puede convertirse en el chivo expiatorio de un Gobierno molesto porque se ha alcanzado un alto el fuego entre EE UU e Irán”.

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