Ha tenido que ser la presidenta Claudia Sheinbaum quien enderece el rumbo de Morena en un momento delicado del partido rumbo a 2027. La nueva asignación de Citlalli Hernández en la estratégica Comisión de Elecciones y Alianzas del partido muestra las preocupaciones de Sheinbaum en torno a la actual dirigencia en Morena y es, a la vez, un antídoto para contener la crisis. El anuncio oficial llegó precedido por semanas de rumores de ruptura entre Luisa MAría Alcalde, dirigente actual, y Andrés López Beltrán, secretario de Organización, y por el desgaste de los últimos tiempos en la relación con los aliados electorales del oficialismo, PT y PVEM. Sheinbaum ha justificado el movimiento de ficha en el que Hernández deja la Secretaría de Mujeres y regresa a la formación partidista por “invitación” de la dirigencia para “apoyar”. La presidenta ha asegurado incluso que le había tomado por sorpresa la renuncia de la funcionaria. Sin embargo, fuentes dentro de Morena y del Gobierno han confirmado a EL PAÍS que ha sido la propia mandataria la que ha hecho el enroque para confiar a Hernández el poder de conducir la asignación de candidaturas y la formación de alianzas. La presidenta mantendrá vigilancia estricta sobre las encuestas que levantará el partido para elegir a sus aspirantes.
La jugada de Sheinbaum ha dado a Hernández una autoridad equiparable a la de Alcalde, de quien se espera que deje la formación próximamente para asumir una nueva responsabilidad por encargo presidencial, han dicho las fuentes. En cuanto a López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, se da por descontado que también se separará de su cargo en busca de una candidatura. De acuerdo con fuentes partidistas y gubernamentales, la presidenta comunicó su decisión por separado a Hernández y a Alcalde semanas atrás. Entonces, se planeó la renuncia de Hernández a la Secretaría de Mujeres, donde la había designado Sheinbaum al inicio de su Gobierno, así como el anuncio de los cambios en la conferencia presidencial matutina que se dio este jueves.
Con 35 años, Hernández es un cuadro hecho en casa, con una trayectoria destacada como militante de base, líder juvenil, legisladora y secretaria general del partido de 2020 a 2024, cuando el dirigente era Mario Delgado. Esa dupla se colgó varios éxitos electorales en 2021 y 2024. Por ejemplo, ganar más de 20 gobiernos locales y obtener la mayoría calificada en el Congreso de la Unión. Uno de sus mayores retos fue conducir la interna en la que se definió la candidatura presidencial de Morena, que finalmente recayó en Sheinbaum y provocó los amagos de ruptura de Marcelo Ebrard. Cuando concluyó la dirigencia de Delgado, Hernández intentó ocupar su lugar, pero Sheinbaum se había decantado por Alcalde.
A un año y medio de distancia de aquello, la presidenta ha visto necesario dar un rol de liderazgo a Hernández dentro del partido. Su designación se da en medio del torbellino provocado por las diferencias con el Verde y el PT, exhibidas en el terreno legislativo durante el proceso de reforma electoral de la presidenta, cuyas iniciativas naufragaron por el rechazo de ambos partidos. De hecho, desde hace semanas, Hernández ya ejercía de como interlocutora con los dirigentes del PT y el PVEM, que no encontraban en Alcalde posibilidades de diálogo, de acuerdo con fuentes internas. Según estas versiones, en lo concerniente a la elección de 2027, se busca formar la mayor cantidad de alianzas posibles en lo local –para diputaciones o alcaldías–, cuando los no negociables de cada partido impidan que haya coaliciones a nivel de gubernaturas.
La alianza ya se rompió este año en Coahuila, donde el Verde corre con sus propios candidatos en la lucha por el Congreso local. Otro caso reciente y emblemático ocurre en San Luis Potosí, donde el gobernador Ricardo Gallardo Cardona y la senadora Ruth González Silva han dejado claro que buscarán refrendar la gubernatura sin Morena. A ello se suman otros episodios que evidencian la tensión interna, como el activismo del PT contra el gobernador de Oaxaca, Salomón Jara Cruz, o la confrontación política tras la negativa petista a respaldar íntegramente las propuestas presidenciales.
Tanto Hernández como Alcalde han reconocido que el movimiento en la Comisión de Elecciones responde a la necesidad de recomponer la relación con los aliados, de cara a un proceso electoral de gran magnitud: se renovarán la Cámara de Diputados, 17 gubernaturas, miles de ayuntamientos en 31 entidades y 30 congresos locales. “Vamos a ir juntos”, ha señalado Alcalde, subrayando que la incorporación de Hernández permitirá dar seguimiento a la mesa de alianzas y abrir espacios de diálogo, especialmente en los conflictos locales.
“Todas y todos vamos a serenarnos”, ha dicho Hernández en su primera comparecencia como responsable de la Comisión de Elecciones. En esa lógica, la hasta ahora secretaria ha delineado sus nuevas prioridades: fortalecer la coalición para mantener la mayoría calificada en San Lázaro, refrendar los gobiernos estatales [Morena y sus aliados controlan actualmente 11 de las 17 entidades en disputa] y ampliar su presencia municipal.
Pero el trasfondo del movimiento es más profundo. Sheinbaum ha decidido intervenir de lleno en la vida interna de Morena en un momento marcado por la disputa anticipada de candidaturas y el desorden en la conducción partidista. En Palacio Nacional, refieren fuentes del partido y del Gobierno, existe un diagnóstico claro: el método de encuestas —histórico en el partido— se ha vuelto vulnerable a filtraciones, sesgos y disputas que erosionan su legitimidad.
La solución, según los consultados, es que la mandataria asuma el control. La presidenta no operará directamente las encuestas, pero sí supervisará muy de cerca criterios, tiempos, casas encuestadoras y los resultados. El objetivo es evitar que acuerdos locales, presiones de grupos internos o destapes anticipados contaminen el proceso. El mensaje, señalan algunos liderazgos, es inequívoco: las candidaturas no serán rehén de intereses sectarios. Con esto, Sheinbaum busca blindar el mecanismo interno y, al mismo tiempo, enviar una señal de autoridad hacia dentro del partido.
Para algunos voces de peso en Morena, la jugada representa un escenario de “ganar-ganar”: ordenar el partido antes de que se intensifique la competencia electoral y reposicionar el liderazgo político de la presidenta dentro del partido. Hernández, cercana a los equilibrios fundacionales del movimiento y alineada con el mando de Sheinbaum, llega como una figura bisagra capaz de ejecutar la encomienda sin provocar rupturas.
El tiempo apremia. Antes del 22 de junio, fecha fijada para la selección de candidaturas, Morena deberá definir reglas claras y construir consensos internos. El éxito de la operación dependerá, plantean los propios morenistas, no solo de la reorganización, sino de la capacidad de procesar derrotas internas sin convertirlas en crisis públicas. Sheinbaum ha decidido mover las piezas antes de que el tablero se descoloque. La incógnita es si el partido responderá con la disciplina que exige el momento.










