“Martha habla”, una serie animada infantil con un argumento ingenuo pero atrapante, muestra a una perrita que empieza a usar el lenguaje humano luego de comer una sopa de letras. Y no debe dejar esa dieta para evitar el peligro de perder su sorprendente cualidad. Es ilusorio, claro: los perros no hablan con los humanos. ¿Pero los humanos hablamos con los perros?
Pues sí. Y más que nada con perros y gatos, de tanto en tanto con algún conejo. Actúan como confesores empáticos, pero no les interesa el contenido sino la energía y afectividad que transmitimos. ¿Alegría? ¿Regaño? ¿Tristeza? Responden con la mirada y con la postura corporal. Es catártico: ese cuatro patas nos mira, nos escucha y se acurruca cerca. O nos observa como pidiendo disculpas, aunque sabemos que volverá una y otra vez a la misma fechoría. Son los espectadores silenciosos de un role playing, uno ensaya algo que, quizás, después lleve a la práctica.
No tengo gato, pero sí perro. Milo, un Beagle de cinco años. Cuando lo saco a pasear le suelo contar mi agenda del día. Dónde iré, a quién entrevistaré, qué trámite me da fiaca. Imagínense la atención que me presta mientras, con esa desesperación de los perros de caza, olfatea todo portal, toda esquina. A mí me sirve para recordarme cómo pienso actuar en cada tarea. También hablamos sobre límites: se sube, feliz, al sillón al que nunca debiera subirse y mientras le acaricio el pecho le explico que ha ido más allá de lo que esperábamos. Por suerte el español no es su fuerte, caso contrario pensaría que le digo una cosa y actúo al revés. Su actitud me recuerda que en la vida no siempre hay que pedir permiso sino actuar con más libertad. Y luego aprendo lo que significa la alegría sin vergüenza: excitación por comer lo que le gusta -sin culpa- o curiosidad infinita por algo tan simple como una vuelta en auto para ver mundo.
Es curioso como formamos una familia con otras especies. Nos entendemos, nos acompañamos, incluso, nos comunicamos. Y tenemos a alguien que nos escucha para, en verdad, escucharnos, para decirnos lo que quizás no siempre nos animamos.










