Nadie lo olvidó. Uno detrás de otro, desde Lula, el gran referente histórico, el padre político de muchos, hasta Zohran Mamdani, la última gran estrella del progresismo mundial, pasando por promesas importantes de futuro como la italiana Elly Schlein o presidentas con enorme tirón electoral como la mexicana Claudia Sheinbaum… todos tuvieron palabras de reconocimiento hacia Pedro Sánchez. El español fue el gran protagonista de un fin de semana de inyección de moral en un progresismo internacional que vive un momento de debilidad, pero confía en poder recuperar espacio ahora que Donald Trump y sus aliados parecen empezar a perder fuerza.
Barcelona, ciudad fetiche para la izquierda, la única gran urbe española en la que en este momento todo el poder político -alcaldía, diputación, Generalitat- está en manos de los socialistas, se convirtió este sábado en el lugar ideal para que un madrileño como Sánchez, que sufre en su ciudad natal un fuerte acoso de una derecha muy crecida, consagrara ese liderazgo no solo de la izquierda europea, sino también como referente de la americana.
De hecho, el brasileño Lula, el mítico luchador brasileño, el obrero metalúrgico sin estudios que llegó a presidente de una potencia con 200 millones de habitantes, casi le ungió como una especie de pupilo político -aunque él insiste en broma a sus 80 años en que tiene un pacto para vivir 120-. “Sánchez ha hecho algo extraordinario. Los progresistas ahora somos muy pocos. Pero él está logrando hacer crecer el rebaño”, declaró Lula tras reivindicar que hubiesen acudido a Barcelona, llamados por el presidente español, la mexicana Sheinbaum o el sudafricano Ramaphosa. La imagen de Sánchez y Lula, solos en el escenario ante 5.000 entusiastas, con el brasileño levantando el brazo del español, marcó el final de la cumbre y una especie de traslado del legado.
En el entorno del presidente creen que esta cumbre en Barcelona logra ponerle imagen, sonido y recuerdo a algo que ellos ya ven hace meses y que vienen señalando como algo que no se acaba de percibir en España -donde el jefe del Ejecutivo sigue con enormes dificultades políticas y con las encuestas muy en contra-: el liderazgo internacional de Sánchez. “Gracias por haber salvado el alma de Europa”, le llegó a decir Giacomo Filibeck, secretario general del Partido Socialista Europeo. Por eso no es casual que la reunión más importante en los últimos años del progresismo mundial se haya producido en Barcelona y la haya convocado Sánchez.
Barcelona, señalan las mismas fuentes, marca un relato muy claro. Mientras la derecha tiene mensajes sencillos de rechazo a la inmigración, de cultura de la ley del más fuerte, de la eliminación de los impuestos… a la izquierda le falta una narrativa potente y sencilla. Este acto se la da, sentencian en el entorno del presidente, y lo hace, además, alrededor del líder de un país que, al contrario de lo que dijo este sábado Donald Trump, tiene los mejores datos económicos del euro. En países como Italia, por ejemplo, el caso de España es el gran referente de la oposición frente a la derechista Meloni. “Gracias, Pedro, por tu liderazgo”, declaró la italiana Schlein. “Gracias por demostrar que la agenda progresista funciona. Gracias por defender nuestra dignidad con cuatro palabras: no a la guerra”. Lula insistió en su último discurso en esa apuesta por el presidente español como referente: “Quería felicitar a Pedro Sánchez por este evento progresista que intenta mostrar al mundo que la democracia no murió. Que nadie tiene que tener vergüenza de ser progresista o ser de izquierda. Elogio a Pedro porque tuvo la valentía de no permitir que los aviones de guerra de EEUU salieran de aquí para bombardear Irán”.
En los últimos meses, y mucho más después de su “no a la guerra” y de su choque directo con Donald Trump, en La Moncloa ya habían detectado un gran aumento del interés político y mediático internacional alrededor de la figura de Sánchez. Cada vez más grupos de todo el mundo muestran interés, se ponen en contacto con el Gobierno español para entender su proyecto, o para preguntar, por ejemplo, por la última regularización extraordinaria de inmigrantes, que va en línea contraria del resto de Europa e incluso de otros gobiernos progresistas. Cada vez llegan también más peticiones de entrevistas, de reportajes especiales sobre Sánchez. Fuera de España el tirón es indiscutible, aunque dentro las cosas siguen políticamente muy complejas para el presidente. Pero la cumbre, o la suma de cumbres del fin de semana, porque ha habido hasta tres diferentes, han puesto ese movimiento que detectaba La Moncloa muy en evidencia.
Mientras, Sánchez ejerció ese papel de anfitrión y de gran estrella de la izquierda europea con un mensaje optimista frente al pesimismo instalado en una parte de la izquierda. “Yo sé que la internacional ultraderechista y una derecha lacaya hace mucho ruido; que, a veces, parece que no existieran otras voces. Pero que no nos engañen. No gritan porque estén ganando, gritan porque saben que su tiempo se acaba. La derecha no lidera, languidece. La gente se está dando cuenta de que no tienen proyecto, no tienen soluciones. Sus políticas solo han traído guerra, inflación, desigualdad, fractura social. El tiempo de la internacional ultraderechista ha llegado a su fin. Vamos a traer al mundo una nueva era de progreso”, se animó.
“Nos llaman charos, zurdos, rojos, verdes, progres, woke. Pero hay que recuperar el orgullo», prosiguió Sánchez. “Han intentado que nos avergoncemos de nuestras ideas, pero esto se acabó. En Barcelona, este 18 de abril, la vergüenza cambia de bando y lo va a hacer para siempre. A partir de ahora, la vergüenza para ellos. Para los que callan ante la injusticia, los que explotan a trabajadores, los que apoyan la guerra y la violencia. Para nosotros el orgullo de ser pacifistas, ecologistas, sindicalistas, feministas, el orgullo de ser de izquierdas, porque el progresismo hoy es más necesario que nunca. Y a los que critican la regularización extraordinaria: España es hija de la inmigración y no va a ser madre de la xenofobia”, añadió.
El presidente español no se centró en hablar solo de izquierda y derecha, también de democracia frente a autoritarismo, de mensajes de unidad frente al odio que triunfa en las redes sociales, que Lula insiste en llamar “digitales” porque -dice- han demostrado que no tienen nada de social. “La democracia no puede darse por sentada”, reiteró Sánchez ante los líderes progresistas. “El riesgo es que la democracia se vacíe por dentro. Pero no basta con resistir, tenemos que proponer, liderar, demostrar que la democracia se puede fortalecer”, insistió el español.
Sánchez parece convencido de que este fin de semana en Barcelona empieza a cambiar las cosas en el desequilibrio político en este momento a favor de la derecha. Y, sobre todo, el español y el brasileño confían mucho en la lucha contra los tecno oligarcas, que ven como la gran clave para explicar el éxito de la ultraderecha en el mundo. “La tecnología”, destacó el presidente español, “no se gobierna sola. Sin reglas, la tecnología nos divide. No podemos aceptar que la desinformación condicione nuestras sociedades o que los algoritmos premien el odio”.
De Barcelona sale un ambiente de optimismo progresista inesperado. Después del fiasco de Trump en Irán, de la derrota de Orban en Hungría, del fracaso de Meloni en el referéndum en Italia y del frenazo de la ultraderecha en las municipales francesas ya no parece del todo imposible un cambio de ciclo. “No olvidemos que todas las olas, por muy altas que sean, mueren en la orilla”, sentenció el otro anfitrión, el presidente catalán, Salvador Illa. Sánchez cerró su discurso como nuevo líder progresista global con esa llamada al optimismo: “Debemos hacer algo más, recuperar la fe en el progreso. Lula cree en la democracia porque una persona humilde como él llegó a ser presidente de la república de Brasil. Ellos buscan vernos asustados, abatidos, derrotados. Que nos centremos en proteger, no en transformar. Pero no vamos a comprar su pesimismo y su desesperanza”, cerró la cumbre soñada un presidente que fuera tiene un apoyo creciente, aunque dentro se enfrenta a retos cada vez más difíciles, el próximo en Andalucía.









