Cuáles son los síntomas ocultos de la menopausia y qué se puede hacer

Cuáles son los síntomas ocultos de la menopausia y qué se puede hacer

La menopausia salió del closet. De eso que no se hablaba, ahora las redes sociales explotan de contenido, hay podcasts, libros, hasta obras de teatro, pero… Igual sigue habiendo cosas de las que no se habla y que afectan, y mucho a las mujeres. ¿La razón? Muchas veces, ellas mismas no saben que es eso que les pasa y asimilan como normales o asociados a otras causas (por ejemplo el estrés o el ritmo de vida) signos que tienen un impacto directo en su cotidianeidad. Los síntomas «ocultos» de la menopausia.

Técnicamente, la menopausia define a la última menstruación. La perimenopausia es la etapa alrededor de la menopausia, previa e incluso un año después. Y la postmenopausia es cuando ya cesó la menstruación, con todos los cambios hormonales que ello implica. Todo este proceso de transición se engloba en el climaterio.

Esto fue así desde que los humanos habitamos este planeta. Pero las condiciones sociales y económicas en las cuales las mujeres están transitando esta etapa normal de sus vidas es radicalmente diferente a como lo había sido hasta ahora.

Hoy, a los 50, la mayoría de las mujeres están en su peak, como dicen los adolescentes. En plena vida laboral, afectiva, sexual e incluso muchas, gracias a los tratamientos de fertilización, criando hijos pequeños. Hace no mucho, pongamos medio siglo, una mujer de esa edad se retiraba a la vida doméstica. Y, entonces, los síntomas asociados a la menopausia resultaban más manejables.

“Estamos viviendo una menopausia con mayor sintomatología. Un montón de los síntomas de la menopausia no se hacían antes tan evidentes como ahora”, afirma la ginecóloga María Laura Ostertag, una de las fundadoras de la Asociación Argentina de Menopausia y Andropausia (AAMA). La caída de los estrógenos –una hormona con muchas más funciones que las reproductivas– tiene un impacto directo. Pero la especialista pone el foco también en otra hormona: el cortisol. La del estrés.

“La glándula que hace de soporte a esta irregularidad con el estrógeno es la suprarrenal, con una serie de hormonas que produce, entre ellas el cortisol. Entonces, entre los 40 y los 50 años, las mujeres suelen tener la reserva adrenal bastante agotada porque nos exigimos a mil: trabajo al palo, madres al palo, hijas al palo, actividad física al palo… Entramos rotas a la menopausia”, grafica.

Ese estar “rotas” se expresa de muchas maneras. Siempre el principal síntoma con el que se asocia a la menopausia son los sofocos, pero no es el único: de hecho, desde No Pausa, una plataforma digital dirigida a mujeres +40, elaboraron un test que identifica 34 síntomas.

“Los sofocos son síntoma más instalado en el imaginario, y nuestros datos los confirman: el 72% de las mujeres los reporta, lo que los convierte en el síntoma físico más frecuente. Pero cuando miramos el panorama completo, vemos otros emocionales con una frecuencia similar que además explican gran parte del impacto en la calidad de vida. Hay un sesgo cultural: seguimos pensando la menopausia como algo ‘físico’, cuando en realidad tiene un fuerte componente emocional, cognitivo y funcional”, expresa Milagros Kirpach, su directora ejecutiva.

¿Cuáles son esos otros síntomas habituales?

  • Sudoración nocturna (65%)
  • Dolores articulares y musculares (60%)
  • Irritabilidad o enojo (60%)
  • Ansiedad (55%)
  • Insomnio (50%)
  • Disminución del deseo sexual (47%)
  • Problemas de concentración o de memoria (45%)
  • Sequedad vaginal (40%)
  • Cambios bruscos de humor (40%)
  • Palpitaciones cardíacas (40%)

Hay otros menos frecuentes, pero clínicamente relevantes:

  • Incontinencia urinaria leve (25%)
  • Cambios en la piel y el cabello (25%)
  • Irritación vaginal (20%)
  • Infecciones urinarias recurrentes (15%)

Otro dato para resaltar: una de cada tres mujeres afirmó que los síntomas impactaron negativamente en su rendimiento laboral. Y seis de cada 10 sufrieron dificultades de concentración. Ostertag aclara que “antes, las mujeres también las tenían, pero su actividad estaba en la casa, no tenían problemas resolutivos laborales”. La famosa niebla o laguna mental, que bien ilustró la chef Narda Lepes en un video que se hizo viral hace unos dos años.

«Esto lo podemos explicar desde la biología. La caída de los estrógenos tiene un impacto directo sobre la química de nuestro cerebro, alterando neurotransmisores como la dopamina y la serotonina que son claves en el regulación del estado de ánimo, la atención, nuestras motivaciones«, explica Catalina Alexenicer, ginecóloga del Hospital Pirovano y del equipo de No Pausa.

“Todo el mundo reconoce qué es un sofoco, y puede decir: OK, estoy en menopausia. Pero el problema es lo que viene después. Tenés ansiedad, problemas para dormir, cambios de humor. Y crees que todo está en tu cabeza, que te estás volviendo loca o deprimiendo. La principal queja que tengo de mis pacientes es que no se sienten ellas mismas”, afirma Cecilia Caetano.

Esta médica portuguesa es líder de Salud Femenina de Bayer y llevó el tema del malestar emocional al reciente encuentro con periodistas que la compañía hizo en Berlín, donde se habló de los avances en un nuevo tratamiento para tratar puntualmente los sofocos. Pero Caetano profundizó en algo de mucha relevancia: la falta de información sobre qué les pasa realmente a las mujeres y la necesidad de que incluso la industria investigue más. En este sentido, propuso que dispositivos como los relojes inteligentes puedan aportar muy buena información.

Los datos relacionados con la menopausia son realmente muy viejos. Son de un tiempo en que las mujeres en menopausia ya no eran activas, no trabajaban. Es una realidad demográfica completamente diferente”. Ella, que es obstetra, cuenta que hoy, con la postergación de la maternidad, tiene muchas pacientes que directamente pasan de tener hijos en sus tardíos 30 a la menopausia casi sin escalas.

Otro punto importante, en el que hay coincidencia, es no normalizar y hablar. “Un problema que tenemos en la salud femenina es que asumimos todo lo que viene con ella. Sí, es normal, pero sufrir nunca es normal. No es normal sufrir de dolor menstrual ni sufrir en la menopausia. Pensamos ‘Está en mi cabeza, no voy a molestar al médico por esto, tengo que manejarlo como lo hizo mi mamá y mi abuela. Pero no: cuando ocurre, hay que pedir ayuda”, enfatiza.

Ostertag le da la razón. Y se pone ella misma como ejemplo: tiene 53 años y asegura que, con acompañamiento médico, se pueden superar los malestares asociados con este período de la vida. ¿Qué es lo que se puede hacer? Primero, consulta médica y no comprar todo lo que se ve en las redes.

“Hay que ver cómo está la paciente, las vitaminas, los minerales. El zinc, por ejemplo, es un mineral que actúa en muchísimos procesos de producción de hormonas. Es importante el laboratorio y la evaluación clínica para suplementar a la paciente con lo que realmente necesita”, dice. Lo mismo ocurre con las terapias hormonales, a las que recientemente la FDA les dio un clarificador aval. “Son dirigidas, personalizadas”, agrega. Ella, con sus pacientes, trabaja muy fuerte en atacar el estrés, modulando la glándula suprarrenal, con suplementación, meditación o actividades para bajar el cortisol y en el aspecto nutricional porque «la insulina alta impacta en el cortisol”.

La médica del Pirovano coincide en las estrategias terapéuticas: «Gestionar el estrés, hacer ejercicio físico, una dieta rica en proteínas, reducir la multitarea, descansar mejor. Y con respecto a la sexualidad, existen soluciones concretas: geles lubricantes, tratamientos hormonales y abordajes funcionales que contemplan tanto lo físico como lo emocional».

Y su colega suma una variable a no perder de vista. El estrógeno “es un anabólico que te da una actividad metabólica extra”. Al no haber más estrógeno, es como si el metabolismo se hubiera frenado. Y eso implica un cambio en la estructura hormonal y en el cuerpo, que ya no es un cuerpo para gestar.

“No vas a tener el mismo que a los 40”, dice Ostertag, en un contexto social en el que a las mujeres parecería exigírseles que sí, o sea, lo imposible. “Sí. La exigencia externa y la autoexigencia son complejas para aceptar este cambio”, concede. Pero ella es optimista. “Estamos en una etapa en la que estamos todas revolucionadas respecto de la menopausia y se habla mucho. Y va a llevar a un camino para que las mujeres podamos tomarla tranquilas, sin preocupaciones, sin síntomas y con muchos recursos”, concluye.

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