El pasado 1 de marzo, el Kimolos, un petrolero con pabellón de las Islas Marshall y operado por una naviera griega, desapareció de los mapas cuando navegaba en dirección sur-suroeste a unas 60 millas náuticas (111 kilómetros) de la costa libanesa. Dos días antes, había atracado en el puerto mediterráneo de Ceyhan (Turquía) donde cargó en torno a un millón de barriles de crudo azerbaiyano en la terminal del oleoducto BTC, que transporta petróleo desde el mar Caspio. Durante casi cuatro días, el petrolero —que había notificado que se dirigía a Port Said, en Egipto— dejó de transmitir su posición al Sistema de Identificación Automática (AIS, por sus siglas internacionales), algo requerido por las normas de seguridad marítima. Al cabo de esos cuatro días, según muestra la plataforma de seguimiento Global Fishing Watch, volvió a aparecer en un punto unas 40 millas al sur del lugar del que desapareció, pero esta vez navegando rumbo norte de vuelta al puerto de Ceyhan. ¿Qué ocurrió en durante esas jornadas en que se convirtió en un buque fantasma?
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