El economista Salvador Di Stéfano trazó un diagnóstico integral sobre la actualidad económica del país y planteó que la Argentina atraviesa un proceso de reordenamiento macroeconómico inédito, aunque con impactos desiguales sobre la sociedad. En ese sentido, insistió en que no existe una única realidad económica, sino múltiples escenarios que dependen del sector, la región y el nivel de ingresos.
Según su análisis, el país logró avanzar hacia un esquema de equilibrio fiscal, en medio de un contexto internacional complejo, sin atravesar crisis cambiarias o inflacionarias abruptas. Sin embargo, ese ordenamiento convive con un deterioro en variables clave del día a día, especialmente en los ingresos de los trabajadores. “La economía no es homogénea, es absolutamente heterogénea. Es imposible que a todos les vaya bien o a todos les vaya mal”, sostuvo en Punto a Punto Radio Córdoba.
Orden macroeconómico y costo social
Uno de los ejes centrales del planteo de Di Stéfano fue la consolidación de un nuevo esquema económico basado en el superávit fiscal y la estabilización de precios, algo que consideró poco frecuente en la historia reciente argentina. Destacó que, a diferencia de otros períodos, el país no atravesó fuertes devaluaciones ni saltos inflacionarios pese a factores externos adversos.
La crisis de ingresos empuja a los argentinos a buscar otro trabajo y golpea con fuerza al NEA
Sin embargo, ese proceso implicó un costo significativo en términos sociales. El economista remarcó que el salario real se encuentra rezagado y que la recomposición de tarifas impactó de lleno en los hogares. “El salario no cubre la inflación y la familia tuvo que enfrentar servicios públicos al precio que correspondía”, explicó.
Para Di Stéfano, esta situación es consecuencia de una herencia económica marcada por subsidios generalizados y desorden fiscal, que ahora se intenta corregir a través de un ajuste que afecta principalmente al consumo interno.
En ese contexto, el economista planteó que el modelo actual implica un cambio profundo en la lógica de los ingresos. Según explicó, el Estado dejó de ser el principal regulador de los salarios y la negociación se trasladó al ámbito privado, en una dinámica empresa por empresa.
De acuerdo a su visión, el aumento de salarios dependerá de la capacidad de cada compañía de generar ganancias, lo que introduce un esquema más competitivo, pero también más desigual. Esta transformación, sostuvo, exige un cambio cultural tanto en empleadores como en trabajadores. Al mismo tiempo, advirtió que no todas las empresas están en condiciones de trasladar mejoras a los ingresos, lo que amplía la brecha entre sectores dinámicos y rezagados.
Consumo en transformación
Otro de los puntos destacados del análisis fue la evolución del consumo, donde Di Stéfano rechazó la idea de una caída generalizada y planteó que lo que existe es una fuerte transformación en los hábitos. En ese sentido, señaló que hay indicadores que muestran dinamismo, como el crecimiento de importaciones, la venta de autos o la demanda de espectáculos, pero con una mayor competencia y fragmentación del mercado. “No es que el consumo se está destruyendo. Está cambiando. Hay más oferta y nuevos hábitos”, sostuvo.
Informe de la UCA: uno de cada cuatro trabajadores no come durante su jornada laboral
Además, indicó que se registra un desplazamiento hacia el consumo digital, los comercios de cercanía y nuevas formas de compra, lo que modifica la estructura tradicional del mercado.
El diagnóstico también incluyó una dimensión territorial. Di Stéfano sostuvo que la economía argentina muestra una creciente desigualdad regional, donde el interior productivo comienza a ganar protagonismo frente al Área Metropolitana de Buenos Aires. En particular, destacó el potencial de zonas vinculadas al agro y la energía, que podrían beneficiarse de un contexto favorable en precios internacionales y producción. En contraste, advirtió que los sectores urbanos más dependientes del consumo y los subsidios enfrentan mayores dificultades.










