El continúo vaivén de los estudiantes que se sientan en las escalinatas de la biblioteca neorrenacentista de la Universidad de Sofía se parece a simple vista al de cualquier día. Pero, en esta ocasión, la comidilla de los que pertenecen a la generación Z —los nacidos entre 1997 y 2012 que pergeñaron la caída del anterior Gobierno en diciembre y provocaron la celebración anticipada de las octavas elecciones legislativas en cinco años— revela cierta agitación por la victoria del que fue presidente de Bulgaria hasta principios de año, Rumen Radev. El pasado 19 de abril, los búlgaros confiaron el devenir de este país de la Europa de la Este en el político considerado más prorruso por su retórica de las últimas dos décadas. Y el que podría erigirse como una versión descafeinada del húngaro Viktor Orbán —que perdió las elecciones del 12 de abril—, en el seno de la Unión Europea por su oposición a la ayuda militar a Ucrania por la invasión rusa.










