El pequeño juzgado del edificio Ronald V. Dellums, donde se imparte justicia en la localidad de Oakland (California, 440.000 habitantes), frente a San Francisco, se va a convertir en las próximas semanas en el bullicioso epicentro de las miradas del mundo tecnológico global. En ese tranquilo edificio se va a juzgar uno de los casos del año: el que enfrenta y hará pasar por el estrado a los todopoderosos, ricos e incluso ya personajes famosos Sam Altman, el multimillonario presidente ejecutivo de OpenIA, y al empresario Elon Musk, el hombre más rico del planeta. En liza: el futuro de la empresa que revolucionó el concepto de inteligencia artificial, OpenAI. Y también muchos dólares en juego: 150.000 millones, concretamente (unos 130.000 millones de euros).
El caso, que comenzó este lunes con la selección del jurado y sigue el martes con las declaraciones iniciales, lleva ya dos años generando ruido y trapos sucios entre los dos tecnomillonarios. Y tiene unas características que lo convertirán en único y tremendamente mediático. La demanda partió de Musk en marzo de 2024, cuando se lanzó a denunciar a Altman y a otros altos cargos de OpenAI, empresa que él mismo había cofundado hace una década. Entre sus argumentos, Musk aseguraba que OpenAI existía para ayudar a la humanidad, no para que sus creadores y acólitos se hicieran de oro, como así ha pasado en pocos años. Según el dueño de X, SpaceX y Tesla, el buen propósito de la iniciativa se había perdido en pos del dinero. Sobre todo después de que OpenAI se asociara con Microsoft, transformándose, según sus letrados, en “una filial de facto de código cerrado de la mayor empresa tecnológica del mundo”, y ayudando por tanto a esta a “maximizar sus beneficios, en lugar de hacerlo en beneficio de la humanidad”. Los antaño socios eran ya archienemigos.
Ahora tiene su mirada puesta en la futura salida a Bolsa, pero todo era muy distinto en OpenAI hace una década. Cuando la matriz del hoy célebre ChatGPT, creado en 2022, empezó a andar. Musk decidió aportar unos 38 millones de dólares de su fortuna personal, según los documentos judiciales, y de hecho él quiso que Altman liderara el proyecto. Pero siempre, argumenta, desde la perspectiva de que era un proyecto sin beneficios personales; insiste en que los fundadores nunca le contaron sus planes de enriquecerse. En 2018 decidió marcharse, decisión que todavía le pesa.
Después, OpenAI marcó el paso de la inteligencia artificial global y ya es de las empresas más valoradas del mundo. Pero, para Musk, ha modificado su esencia: sus creadores han violado la confianza de la antaño organización benéfica y se han enriquecido injustamente. Por eso exige 150.000 millones de dólares en daños tanto a OpenAI como a Microsoft. Su intención, según Reuters, que cita a fuentes de su entorno, es donarlos a entidades benéficas. Además, también querría que OpenAI volviera a ser una entidad sin ánimo de lucro, y que tanto Altman como el presidente de la misma, Greg Brockman, dejaran sus puestos. Ellos, por su parte, argumentan que en realidad Musk quiere volver a hacerse con el control de OpenAI y también así poder desarrollar en plenitud su propia empresa de inteligencia artificial, xAI. Además, aseguran que fue el propio Musk quien animó a pasar de ser una organización benéfica a ser lucrativa.
Las partes han hablado en X. En la plataforma, los portavoces de OpenAI han asegurado: “Estamos deseando defender nuestro caso ante los tribunales, donde tanto la verdad como la ley están de nuestro lado. Esta demanda siempre ha sido un intento infundado y motivado por la envidia de sabotear a un competidor. Por fin tendremos también la oportunidad de interrogar a Musk bajo juramento ante un jurado compuesto por ciudadanos de California sobre este intento de socavar nuestro trabajo para garantizar que la inteligencia artificial general beneficie a toda la humanidad”.
Scam Altman and Greg Stockman stole a charity. Full stop.
Greg got tens of billions of stock for himself and Scam got dozens of OpenAI side deals with a piece of the action for himself, Y Combinator style. After this lawsuit, Scam will also be awarded tens of billions in stock… https://t.co/R27ZeG9nNR
— Elon Musk (@elonmusk) April 27, 2026
Por su parte, Musk lanzó un puñado de mensajes el lunes haciendo referencia al caso, haciendo un juego de palabras con el nombre de Altman (llamándole Scam, timo, en vez de Sam) y asegurando que este y Brockman “se apropiaron indebidamente de una organización benéfica” y se hicieron con millones de acciones. “La pregunta fundamental es esta: ¿queremos sentar un precedente legal en Estados Unidos por el que está bien saquear una organización benéfica? Si es así, se socavan para siempre todas las donaciones benéficas en Estados Unidos. Podría haber fundado OpenAI como una sociedad con ánimo de lucro. En lugar de eso, la fundé, la financié, contraté a personas con talento clave y les enseñé todo lo que sé sobre cómo hacer que una startup tenga éxito por el bien público. Entonces me robaron la organización benéfica».
Para empezar a ver las particularidades del caso, este lunes ha empezado la selección del jurado. Y ya de por sí ha sido muy distinto de los habituales. Se necesitan nueve miembros y, para dar con los definitivos, la juez del caso, Yvonne Gonzalez Rogers, ha convocado al triple de los candidatos de lo habitual, según CNN.
Los testigos del caso tampoco son habituales. Además de los propios Altman y Musk, se espera que hable Satya Nadella, presidente ejecutivo de Microsoft, compañía que también ha sido demandada por Musk en este caso. También subirá al estrado Shivon Zilis, que fue ejecutiva de Neuralink (empresa de neurotecnologías de Musk) y parte de la junta de OpenAI, y que es la madre de algunos (al menos cuatro) de los hijos de Musk. El medio especializado en empresas Business Insider llegó a describir a Zilis, de 39 años, canadiense y licenciada en Economía y Filosofía en 2008 en Yale, como “la estrella emergente dentro del imperio de Musk”. Otra antigua miembro de la junta de OpenAI que también dará su testimonio será la ingeniera en robótica Tasha McCauley, parte de quienes estuvieron en la intentona, que apenas duró una semana, de echar a Altman de OpenAI en 2023 y que llegó a quedarse, con dos miembros más de la junta, al cargo de la misma temporalmente.
Además, ya se han filtrado algunos de los documentos, miles, del caso. Por ejemplo, páginas del diario de Brockman, también cofundador de OpenAI, en las que se puede leer, allá por 2017: “Esta es la única oportunidad que tenemos de librarnos de Elon. ¿Es él el glorioso líder que yo elegiría?“, se plantea en lo que es la Prueba 46 del caso. ”Realmente tenemos una oportunidad de hacer que pase. ¿Me llevará financieramente a los 1.000 millones de dólares?“.
También ha sido sorprendente que el juicio se celebre en Oakland, y no en la cercana y mucho más grande y visible San Francisco (en cuya 3rd Street están las oficinas de OpenAI), o en la zona del Área de la Bahía, al sur de la misma, hogar de multitud de empresas tecnológicas en localidades como San José, Cupertino, Palo Alto y Mountain View. Oakland es una zona más deprimida, pequeña, golpeada por la violencia, el fentanilo y el desempleo, que en los últimos años ha perdido negocios y símbolos, desde la hamburguesería más popular del Estado hasta su propio equipo de fútbol americano, los Raiders, que se han mudado a la más chispeante Las Vegas. El motivo de la elección de Oakland ha sido, simplemente, la casualidad: se asignan al azar en la zona. Hay convocadas protestas para los primeros días de juicio.
La inteligencia artificial generativa y, en concreto, OpenAI pasan por un momento complicado. Con enormes ganancias y cada vez más usuarios, su salida a Bolsa podría hacerle llegar a estar valorada en un billón de dólares. Sin embargo, enfrenta cada vez más retos al surgir más competidores, y las dudas éticas que presenta calan cada vez más en la ciudadanía, que la ve con una mirada más y más crítica.










