Para fines de los años 90, el universo artístico de Santiago García Sáenz (Buenos Aires, 1955- Buenos Aires, 2006) reflejaba su vuelco hacia el misticismo y la religión. En 1994, el estruendo del atentado a la AMIA, que sintió desde su taller situado en Uriburu y Lavalle, lo impactó de tal manera que cuatro años después quedó plasmado en un óleo en el que se representó a sí mismo en su taller, junto al edificio en escombros, envuelto en un vapor onírico y desgarrador.
Museo Nacional de Bellas Artes.
A 20 años del fallecimiento de García Saenz, su obra “Sufriendo la intolerancia el 18 de julio de 1994” (1998) pasa a formar parte del acervo público de arte más importante de nuestro país. Gracias al impulso de la galería Hache y al estate del artista, se realizó su incorporación al Museo Nacional de Bellas Artes este lunes 27 de abril. La obra estará exhibida hasta fines de mayo en el hall de entrada del museo.
Más de 50 amigos y allegados acudieron al gran homenaje. Andrés Duprat, director del MNBA, el hermano del artista Diego García Saenz y su amiga Adela Rodríguez Larreta le dedicaron unas palabras.
Interior del taller de Santiago García Sáenz.Andrés Duprat, que conoció personalmente a García Saenz, manifestó su agradecimiento a quienes hicieron posible la donación. “Es una obra magnífica o, como decimos en la jerga, es una obra de museo, por el tamaño y la temática que toca, es una obra clave y acá va a estar muy bien custodiada” remarcó, destacando la importancia de preservar la memoria visual de la Argentina. “La obra de Santiago está en otros museos importantísimos como el Guggenheim de Nueva York, el Pompidou, el Klemm, la colección Fortabat, el Moderno, así que era un paso natural que también esté representado en nuestro querido MNBA” agregó.
“Santiago estaría profundamente conmovido de ver su obra aquí, de alguna manera sentimos que estamos cumpliendo un sueño suyo” expresó su hermano. El homenaje marca el inicio de un programa de actividades para expandir el legado del artista, entre las que se encuentra una exposición de obras inéditas en la galería Hache, con curaduría de Francisco Lemus, en julio.
Antes, a fines de mayo, la misma galería llevará un solo show a la feria Arpa de San Pablo, un evento que impulsa declaradamente la internacionalización de su obra. En su tierra ya es profeta: en este momento, además de Bellas Artes, sus obras se pueden ver en Buenos Aires en la exposición por los 30 años de la Fundación Klemm y en la muestra Moderno y Metamoderno: Edición 70º Aniversario, en el Museo de Arte Moderno.
Adela Rodríguez Larreta y Santiago García SaenzMuseo Nacional de Bellas Artes
Artista prolífico y gaucho urbano, sus pasiones eran la pintura y el campo. Nacido en el seno de una familia católica, transitó por diferentes periodos. Sus series más populares son “Cristo en los enfermos” inspirados en las visitas que realizó junto a Liliana Maresca a clínicas donde eran hospitalizadas personas con VIH y “Te estoy buscando América”, en la que exploró diferentes geografías latinoamericanas. Su historia, acompañada de sus pinturas, la contó en Ángel de la guarda: 50 años de compañía, un libro autobiográfico que fue publicado poco antes de su muerte.
A fines de los 80, al contraer VIH y sufrir la muerte de varios de sus amigos, volvió a la religión y algo que se reflejó en su obra. Pero su trabajo trasciende la categoría de pintor religioso: desarrolló un universo propio y reconocible plasmado con una paleta única.
Los Cristos enfermos de Santiago García Sáenz, en Colección Fortabat. Foto Cortesía Colección FortabatLa serie a la que pertenece esta obra retrata intolerancias políticas, religiosas y sexuales, siempre bajo una luminosidad especial. “La iconografía religiosa la utiliza para hablar de los grandes dolores de la humanidad. Su pintura no es religiosa per se, es un punto de partida desde lo espiritual para hablar de grandes temas como la crisis del sidao el atentado a la AMIA” resumió Silvina Pirraglia, una de las directoras de la galería Hache, que se ocupa de su legado desde 2012.
La galería permite que el público pueda acercarse al extenso archivo de García Sáenz: tintas del 73 al 82, madera y otras materialidades hasta el 92 y óleos sobre telas en diferentes formatos que pintó hasta el día de su muerte. “A Santiago no se lo puede encasillar, es atemporal” sostuvo Herminda Lahitte, también directora de la galería.
Santiago García Sáenz. Deseando misericordia 2001. Óleo sobre tela. 120 5 x 149 cm. Fotografía Ignacio Iasparra.Sus amigos Adela Rodríguez Larreta y Germán Carvajal compartieron con Clarín Cultura sus anécdotas acerca de la última noche con vida del artista. El 29 de marzo de 2006, terminaba una exposición en Bacano y Germán recordó que hubo un momento divertido en que quisieron ir a cenar y tuvieron que rebuscárselas para conseguir plata. Su última imagen de Santiago fue despedirlo en Alvear y Libertad. A las horas, su hermano les comunicó la noticia de su fallecimiento. Adela conserva su última foto, sacada momentos antes en la galería, junto a un cuadro que ella acababa de comprar.
Veinte años después, la alegría de aquellas reuniones no se extingue. Solían reunirse en el taller de Santiago, “el rancho urbano”, que quedaba un edificio antiguo y muy deteriorado. “Entrabas y era un lugar increíble, uno diría que estaba en cualquier lugar en vez de en medio de la ciudad. Era fantástico “ recordó Adela. “Tenía sapos. Yo le regalé uno una vez para su cumpleaños, se llamaba Fernández. Y cada 25 de mayo hacía un copetín, reunía multitudes en el taller y cocinaba empanadas”.
La obra de Santiago García Sáenz ya está expuesta en el MNBA.Lo retrataron como una persona sociable pero reservada. “Lo cargábamos diciendo que tenía más cambios de ropa que Mirtha Legrand” rememoró Adela. En las inauguraciones de Ruth Benzacar, donde trabajó en su juventud, a veces vestía de manera estrafalaria, como por ejemplo de Batman, según contó Germán. “La tuvo difícil, pero tenía una convicción profunda de su obra y de su condición americana. Siempre hospitalario y generoso, era muy agradable estar con él” concluyó Germán.
Por su lado, el artista Roberto Fernández, que convivió durante cuatro meses con él realizando el libro No Matarás, lo recordó como “un ser maravilloso”. “Me alegro de que su obra madure de esta manera” agregó.
Adela atesora un recuerdo en particular. Días después del fallecimiento de Santiago, visitó el rancho urbano y puso play en la casetera. Acto seguido, empezó a sonar la voz de Nick Cave, en la canción «Into My arms». Se sorprendió cuando la coordinadora artística del museo, Mariana Marchesi, le comentó el día del homenaje que estaba escuchando esa misma canción. Para Adela, las coincidencias y señales en torno a su amigo son constantes. “Algo sigue pasando con el ángel de Santiago” aseguró sonriente, con la obra de su amigo de fondo, entre los flashes y el sonido de las copas al brindar.










