El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió compartir con orgullo que aprobó tres pruebas cognitivas con “sobresaliente”. Hasta ahí, nada fuera de lo normal. El problema empezó cuando explicó, irónicamente, en qué consistían.
Según relató, una de las consignas era identificar correctamente a un oso entre una lista de animales: “Hay un león, una jirafa, un oso y un tiburón. Te dicen: «¿Cuál es el oso?’”. Y, en ese mismo tono, aseguró que no cree que Barack Obama pudiera superarla.
Trump no presume de un informe neurológico completo, ni de una evaluación independiente. Presume, de una test de rutina, el cual cualquier persona de 70-80 años debe realizar. La Montreal Cognitive Assessment (MoCA) es una herramienta breve, pensada para detectar deterioro cognitivo leve; suele durar 10-15 minutos e incluye tareas como el reloj, recuerdo de palabras y ejercicios de atención y cálculo simple.
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La tragedia de los errores de Trump
Qué mide realmente el test por el que pasó Trump
Estos exámenes no están pensados para distinguir a un “sobresaliente” de un “regular”. Son evaluaciones médicas básicas, diseñadas para detectar posibles signos de demencia temprana.
Estos ejercicios donde hay que reconocer animales, repetir palabras o ubicar fechas forman parte de un chequeo promedio que los médicos utilizan para descartar problemas de memoria o atención.
Es decir: si alguien aprueba, lo que indica es que está dentro de parámetros normales, no que es una persona inteligente. Trump presenta estos estudios como si fueran un desafío intelectual de alto nivel.
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