La Copa Libertadores no perdona. Boca cometió demasiados errores en Ecuador y terminó perdiendo 1-0 contra Barcelona de Guayaquil, equipo que llevaba tres derrotas en el certamen. Fue la segunda caída del equipo de Claudio Úbeda en un torneo que lo había tenido victorioso en sus primeras dos presentaciones. Por eso, lo que se imaginó como un andar placentero hacia los octavos de final, de repente se tornó en uno más peligroso.
En su regreso a la fase de grupos tras dos años de ausencia, Boca vivió una noche para el olvido en el país del Pacífico. La expulsión de Santiago Ascacíbar condicionó el trámite del encuentro, al igual que la salida por lesión de Leandro Brey, que abre un interrogante de cara al futuro porque su lugar fue ocupado por el vetarano Javier García, que llevaba más de dos años sin acción. El terreno, castigado por la lluvia torrencial, tampoco colaboró en las intenciones del Xeneize.
En el segundo tiempo, diez contra diez, Boca intentó buscar los tres puntos ante un rival visiblemente inferior pero en un contraataque terminó perdiendo por el gol del argentino, ex San Lorenzo, Héctor Tito Villalba. La pregunta que le quedó repiqueteando a todos en La Ribera es la misma, ¿y ahora qué conviene?
En la Libertadores clasifican todos los primeros y segundos de los grupos, que se cruzan entre sí a partir de octavos de final, y el tercero marcha hacia la Sudamericana. En el Grupo D, donde se encuentra Boca, manda la paridad. O mandaba, porque la caída del Xeneize permitirá que Cruzeiro o Universidad Católica, los otros dos equipos que dan pelea y juegan esta noche, aprovechen para sacar ventaja.
Este año, la Libertadores tendrá desempate por sistema olímpico. Es decir, si dos equipos tienen igualdad de puntos lo que regirá para determinar su ubicación son los resultados que cosecharon entre sí. En ese sentido, Boca tiene una pequeña ventaja: ya les ganó a los chilenos como visitante y perdió por apenas un gol contra los brasileños en Belo Horizonte, y debe recibir a ambos en la Bombonera.
La ecuación del conjunto capitaneado por Leandro Paredes se modificará de acuerdo a lo que pase esta noche en Santiago, donde desde las 23 (hora argentina) la Católica recibirá al Cruzeiro. Pase lo que pase, Boca dependerá de sí mismo para clasificar, y tiene varias alternativas para hacerlo.
Si Cruzeiro le gana a la Universidad Católica, Boca podría perder contra los brasileños que igualmente accederá a la siguiente fase ganando su último partido contra los chilenos. También puede hacerlo ganándole al Cruzeiro y empatando en la última fecha frente a la U. Parece ser el escenario más favorable.
Si Cruzeiro y la Universidad Católica terminan igualados, a Boca le alcanzaría con empatar ante los brasileños y ganarle a los trasandinos para instalarse entre los mejores 16 equipos del continente.
Por último, qué pasaría si se da la lógica y la Universidad Católica le gana como local al Cruzeiro. Los chilenos ya ganaron en Belo Horizonte, y si ese resultado se repite esta noche la definición del grupo se tornará en un mano a mano entre Boca y los brasileños: los de Úbeda deberían ganarles por dos goles en la Bombonera para no depender de otros resultados.
Sea como sea, la derrota en Ecuador complicó todos los planes de Boca, que jugará los playoffs del Torneo Apertura (recibe a Huracán el sábado a las 19 horas) sabiendo que no podrá descuidar sus últimos dos encuentros en la Libertadores.
Todo esto recordando también que los que clasifican segundos en sus grupos se cruzan en octavos con los primeros, lo que supone choques de ida y vuelta mucho más duros. El gol de Villalba en Guayaquil fue un golpe del que se tomará noción con el correr de las semanas.









