Keir Starmer no ha sacado un conejo de la chistera. No corresponde con el estilo de un primer ministro reacio a las sorpresas y a los golpes de efecto. En el discurso de este lunes por la mañana, que muchos consideraban crucial para determinar si su carrera política puede sobrevivir, después del hundimiento del Partido Laborista en las elecciones municipales de Inglaterra y autonómicas de Escocia y Gales celebradas la semana pasada, ha decidido desafiar a sus críticos y advertir a sus diputados y compañeros de la formación del “caos” en que podría sumirse el Reino Unido si resucitan las guerras fratricidas que protagonizaron los conservadores en años previos.
Starmer se aferra a la promesa de un mayor acercamiento a la UE para frenar la rebelión laborista que pide su dimisión









