A contrarreloj, Maduro activó su ofensiva diplomática para contener a Trump

A contrarreloj, Maduro activó su ofensiva diplomática para contener a Trump

La escalada entre Estados Unidos y Venezuela entró esta semana en una fase más peligrosa. A las sanciones petroleras y al bloqueo anunciado por el Donald Trump se sumaron movimientos navales en el Caribe, escoltas militares a buques venezolanos y, en cuestión de horas, una intensa ofensiva diplomática de Nicolás Maduro para intentar frenar un escenario de confrontación abierta. La denuncia formal ante el Consejo de Seguridad de la ONU, presentada el miércoles por la noche, fue el último eslabón de una secuencia vertiginosa.

Cronología de la escalada entre Trump y Maduro

El conflicto dejó de limitarse a la presión económica luego de que Caracas denunciara «ejecuciones extrajudiciales» durante los bombardeos en aguas venezolanas. El martes pasado Trump calificó a Maduro y su cúpula como una «organización internacional terrorista» y ordenó un bloqueo total contra los buques petroleros sancionados que entren o salgan de Venezuela. Horas después, Estados Unidos incautó un barco con casi dos millones de barriles de crudo con destino a Asia.

La respuesta fue inmediata. Entre la noche del martes y este miércoles 17 de diciembre, la Armada venezolana comenzó a escoltar embarcaciones que zarpaban del puerto de José con derivados de petróleo rumbo a mercados asiáticos, principalmente China. Según reconstruyó el New York Times, los buques no figuraban en la lista actual de sancionados, pero Washington seguía de cerca los movimientos y evaluaba «varios cursos de acción». Desde ese momento, el riesgo de un accionar bélico en el Caribe dejó de ser una hipótesis abstracta, e incluso voces como la de el presentador Tucker Carlson amplificaron el rumor de que una intervención militar directa de EE.UU. en territorio venezolano era inminente.

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La ofensiva diplomática de Maduro para contener a Trump

En paralelo, el gobierno de Maduro activó su frente diplomático a lo largo de la jornada. El presidente venezolano habló por teléfono con el secretario general de la ONU, António Guterres, para alertar sobre «la escalada de amenazas» y sus implicancias para la paz regional. Por su parte, el canciller venezolano Iván Gil Pinto mantuvo una conversación con su par chino, Wang Yi, y transmitió un mensaje directo a Xi Jinping, según indicó en su canal de Telegram. Beijing, por su lado, expresó su «solidaridad y apoyo firme» a Venezuela en la defensa de su soberanía y del derecho internacional. Mientras que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, llamó a evitar «un derramamiento de sangre».

Recién después de esos contactos, Caracas dio el salto institucional: a las 21.40 del miércoles denunció a Estados Unidos ante el Consejo de Seguridad de la ONU por una «agresión abierta y criminal» y pidió una reunión urgente del organismo. En el texto, acusó a Washington de violar la Carta de las Naciones Unidas y de buscar apropiarse de los recursos petroleros venezolanos mediante una pretensión «colonial». La jugada, en tanto, no apuntó a una condena inmediata —Estados Unidos tiene poder de veto— sino a internacionalizar el conflicto, ganar tiempo y elevar el costo político de cualquier acción directa.

Implicancias del «corolario Trump» y su nueva estrategia de seguridad

El momento no es casual. El viernes pasado, el Departamento de Estado publicó la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, que vuelve a colocar a Iberoamérica en el centro del tablero geopolítico. Definida en Washington como el «corolario Trump de la doctrina Monroe» —ya bautizada informalmente como doctrina Donroe por la letra inicial del nombre del mandatario—, el documento presenta a la región como origen de algunas de las principales amenazas para Estados Unidos: migración, narcotráfico, crimen transnacional y la expansión de China.

«Queremos garantizar que el Hemisferio Occidental permanezca suficientemente bien gobernado y razonablemente estable para impedir y desalentar la migración masiva a Estados Unidos; queremos un hemisferio que coopere contra los narcoterroristas y que se mantenga libre de incursiones hostiles extranjeras», reza el texto. El mensaje es claro: cooperación mediante incentivos económicos o presión —incluida la militar— si esa cooperación no llega.

En tanto, Venezuela aparece como el objetivo prioritario de esa redefinición estratégica. En el país confluyen todos los factores de interés estadounidense: las mayores reservas de petróleo del mundo, flujos migratorios masivos, redes de delincuencia transnacional, vínculos estrechos con China y Rusia y un gobierno que Washington y buena parte de la comunidad internacional consideran ilegítimo, especialmente tras el fraude electoral de julio de 2024.

Para el internacionalista Juan Gabriel Tokatlian, este giro marca el pasaje de una lógica de hegemonía a una de disciplinamiento. «Ya no se trata de influencia o liderazgo, sino de dominación. América Latina vuelve a ser pensada como zona de control estratégico», sostuvo este miércoles durante la presentación de la revista Global Affairs, del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), de la que participó PERFIL. En ese marco, la idea de que el hemisferio «pertenece» a Estados Unidos deja de generar «perplejidad» y se naturaliza como punto de partida de la política exterior de Washington.

Por otro lado, el «silencio europeo» frente a la escalada en el Caribe refuerza esa lectura, según declaró el canciller ruso Segrei Lavrov. Mientras Rusia expresó su preocupación por las «acciones belicosas» de Estados Unidos en el Caribe, China quedó directamente involucrada: recibe alrededor del 80% del crudo venezolano y sería el actor más afectado por una caída abrupta de las exportaciones.

Para el reconocido internacionalista español, José Antonio Sanahuja, el episodio encaja en lo que define como un «interregno» del orden internacional. «Las organizaciones multilaterales pierden eficacia y legitimidad, y se convierten en arenas de disputa entre fuerzas hegemónicas y contrahegemónicas», explicó en el encuentro moderado por el presidente del CARI, Francisco de Santibañes. En ese contexto, el uso de la fuerza y la securitización vuelven a ganar centralidad, mientras se erosionan las reglas básicas de soberanía y no intervención.

En ese tablero inestable, Maduro juega una partida defensiva. La combinación de escoltas de la Armada y diplomacia acelerada no busca ganar la pulseada con Estados Unidos, sino evitar una derrota inmediata y contener una escalada que podría desbordarse. Trump, en cambio, parece decidido a redefinir la relación con la región como foco de su política exterior en función de intereses estratégicos.

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