La secuela de El diablo viste de Prada, la película de 2006 sobre cómo las costuras aprietan demasiado a quienes se dedican al mundo de la moda, llega en un momento de flashback para esta industria. Pero no porque las tendencias de vestuario sean cíclicas y se vuelva a llevar la cintura baja, sino porque, después de años de esfuerzo por diversificar los estándares de belleza más allá de una talla 34, la moda vuelve a ensalzar los cuerpos muy delgados. Algo que le preocupa a la actriz Anne Hathaway (Nueva York, 43 años), como se desprende de su entrevista con Harper’s Bazaar publicada el pasado 25 de marzo, con motivo de la promoción de El diablo viste de Prada 2, que se estrenará el próximo 1 de mayo. En el artículo, Meryl Streep, coprotagonista de la cinta y que también ha hablado con la publicación, revela cómo durante la producción de su segunda película juntas Hathaway se plantó ante los productores para que no incluyeran en la ficción modelos esqueléticas.
Mientras Hathaway vuelve, veinte años después, a meterse en la piel de la periodista Andy Sachs, Streep hace lo mismo como la temible editora de moda Miranda Priestly. A ambas les sorprendió algo que vieron durante un día de rodaje durante el desfile de la firma Dolce & Gabbana en la semana de la moda de Milán, el pasado mes de septiembre, cuando las dos actrices se percataron de lo alarmantemente delgadas que estaban las modelos. Para la intérprete de Memorias de África, era la primera vez en un desfile: “Me llamó la atención no solo lo guapas y jóvenes que eran las modelos —a mí todo el mundo me parece joven—, sino también lo alarmantemente delgadas que estaban», explica en el artículo. Y continúa: “Pensaba que todo eso se había solucionado hace años. Annie también se dio cuenta”. La más veterana de las dos actrices cuenta que Hathaway “se dirigió directamente a los productores para hablar del tema, consiguiendo la promesa de que las modelos del desfile que estábamos preparando para nuestra película no estarían tan esqueléticas”.
Sobre el rodaje de El diablo viste de Prada 2, Streep explica además: “Aunque éramos conscientes del impacto que tuvo la primera película hace dos décadas, creo que ninguno de nosotros estaba preparado para la avalancha de simpatía y entusiasmo que nos inundó”. Y cuenta otra anécdota en la que vuelve a involucrar a su compañera: “Necesitábamos vallas policiales y medidas de control. Llegaron autobuses llenos de aficionados, y los paparazzi se abalanzaron sobre nosotros; en un caso, uno de ellos no paraba de ponerse delante de la cámara y estropear la toma, ¡y acabó enzarzándose en una trifulca con el equipo! Annie mantuvo la calma, pero a mí me puso de los nervios».
Por su parte, la ganadora del Oscar por Los Miserables cuenta a Harper’s Bazaar que, mientras en la primera película —cuando nadie sabía aún de qué iba el proyecto— las firmas de moda se mostraron reacias a participar con sus diseños, en esta, que se ha rodado “a la vista del público”, contó con el apoyo de varias marcas de moda de alta costura e incluso llegaron asistir a desfiles reales, como el mencionado de la semana de la moda de Milán.
Efectivamente, el rodaje de El diablo viste de Prada 2 ha sido tan público y esperado que desde el principio ha ilusionado a los más nostálgicos. El hype por lo que estaba pasando en las calles de Nueva York mientras Anne Hathaway, Meryl Streep y el resto del equipo grababan escenas, llegó a ser tan alto que hizo la película viral muchos meses antes de su estreno.
Hathaway, que está casada desde hace 13 años con el productor Adam Shulman, con quien tiene dos hijos pequeños, de seis y diez años, protagonizó uno de los momentazos de la reciente gala de los Oscar. Fue cuando salió a entregar dos premios junto a la eterna directora de Vogue, Anna Wintour —en quien se inspira el personaje de Streep en El diablo viste de Prada—, y emuló a su personaje. Hathaway hizo el discurso de introducción, y al final, fingiendo estar nerviosa, le preguntó a Wintour: “Anna, ¿te parece bien mi vestido de esta noche?”. Wintour, en un gesto cómico, se puso sus míticas gafas de sol y continuó presentando a los nominados con indiferencia. Antes de seguir y con el público riéndose de esta situación de película, la llamó Emily, el nombre que el personaje de Miranda Priestly le atribuye erróneamente en la película al de Hathaway.










