La Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL) reeligió a Carla Martín Bonito como su presidenta por segundo mandato consecutivo. Una estrategia defensiva del establishment que se repitió en gremiales empresarias y busca escudar a los dueños de las empresas más importantes detrás de perfiles técnicos. Se trata de una decisión institucional en un momento de aumento de tensión para el rubro alimenticio, con los commodities en alza por la guerra en Irán y el Gobierno relojeando la inflación, que amenaza con no bajar del 2%.
Martín Bonito renovó su gestión que continuó la de Daniel Funes de Rioja, el también extitular de la Unión Industrial Argentina (UIA), quien se quedó sin ambos cargos en 2024. Según indicó la entidad en un comunicado, la titular vuelve a asumir en un contexto en el que la industria “enfrenta tensiones estructurales vinculadas a los costos de producción, la informalidad sectorial, la presión impositiva, los costos logísticos, las barreras al comercio exterior y la necesidad de modernización normativa y laboral”.
Pero se trata, además, de un escenario en el que los alimentos ya no operan como los principales detractores de la inflación general —como sucedió al inicio de la gestión de Javier Milei—, pero el mercado sabe que los valores en góndola están comprimidos y mantienen una altísima sensibilidad. Ante la mínima señal de repunte en la demanda, las líneas de producción suelen ajustar sus listas de precios para recuperar el terreno perdido. Aunque no hay tanto margen del lado de la demanda. Según un informe de la consultora Zentrix, el 56,4% de los hogares se endeudaron para pagar bienes y servicios básicos. Entre ellos, la comida y otros gastos imprescindibles.
Durante las últimas dos décadas, y hasta la irrupción de la pandemia, las distintas administraciones tensaron la cuerda institucional ya que las negociaciones y acuerdos de precios se cerraban de manera directa con los accionistas mayoritarios, señalaron fuentes con conocimiento del sector a PERFIL. Para evitar un mayor desgaste, las cámaras empresariales reconfiguraron su tablero y elevaron el perfil de sus directores ejecutivos y cuadros técnicos para que actuaran como fusibles institucionales frente al poder de turno.
El recambio histórico en la Asociación Empresaria Argentina (AEA) fue el caso testigo de esta tendencia, cuando se optó por desplazar la alta exposición de un dueño de la talla de Luis Pagani para cederle el lugar a un director ejecutivo como Jaime Campos, y ahora en el inicio del 2026, con perfiles como el de Alejandro Lastra.
Fuentes del sector le reconocen el conocimiento de la cocina industrial a Martín Bonito, y un rol importante en la principal exigencia actual al Gobierno: una reforma impositiva que permita “expansión” e “insertarse en el mundo” sin “exportar impuestos”. “En alimentos, la carga impositiva ronda el 50%”, planteó una voz alimenticia a este medio.
El factor Pagani y la concentración
El poder real dentro de la entidad tiene nombre y apellido: Luis Pagani, quien verdaderamente oficia de conductor en las sombras de la COPAL, según enfatizó una fuente que caminó los pasillos de una de las empresas más importantes del país. El peso específico de Arcor habla por su participación mayoritaria del mercado en mermeladas, galletitas y varios de los productos de primera necesidad.
Fue Pagani quien semanas atrás mantuvo un encuentro con el ministro de Economía, Luis Caputo, en el contexto del avance sobre el 51% de Mastellone por parte de la alianza estratégica entre Arcor y Danone. Una jugada de negocios que alumbró un «súperjugador» alimenticio que hoy controla la oferta desde los lácteos fluidos básicos hasta las golosinas de mayor valor agregado, consolidando un fuerte nivel de concentración.
Suba de precios y tasas en tensión: la desinflación pierde impulso y obliga a recalibrar la macro
El paraguas técnico de Martín Bonito se sostiene sobre un Comité Ejecutivo integrado por la primera línea del lobby agroindustrial, oficializado en la asamblea anual del 6 de abril. En la vicepresidencia primera se ubicó Cecilia Rena, representante de la Cámara de Industriales de Productos Alimenticios (CIPA) y gerenta de Institucionales del Grupo Arcor. La vicepresidencia segunda quedó en manos de Diego Cifarelli, de la Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM).
Entre los vocales están Ércole Felippa (Centro de la Industria Lechera – CIL), Mario Ravettino (Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas – ABC), Antonio Martín Cabrales (Cámara Argentina de Café), Gustavo Lazzari (Cámara Argentina de la Industria de Chacinados y Carne de Cerdo – CAICHA) y Gonzalo Fagioli (Cámara de la Industria Cervecera Argentina), quien asume como Tesorero de la entidad.
La agenda de transición y la asfixia estructural
La cámara trazó una hoja de ruta estructurada en cuatro ejes estratégicos: competitividad sistémica, internacionalización, agenda de transición e institucionalidad. La presidenta reelecta aseguró de forma oficial que «la industria de alimentos y bebidas es clave para el desarrollo productivo, el empleo y las exportaciones de la Argentina», impulsando una agenda orientada a potenciar la inserción en los mercados globales.
El diagnóstico interno sobre el tablero de operaciones es crítico. El sector advierte que enfrenta tensiones estructurales insostenibles en el mediano plazo: una fuerte distorsión por costos logísticos, una presión impositiva asfixiante, el avance de la informalidad sectorial y un entramado de barreras burocráticas para el comercio exterior. A esto se le suma la urgencia por normalizar los millonarios saldos impositivos a favor que las empresas tienen atrapados en los distintos niveles del Estado y la urgente necesidad de recomponer el capital de trabajo.
Para sortear la parálisis de un consumo que cayó en febrero más del 3% según la consultora Scentia, el objetivo inmediato de la COPAL será operar sobre el Congreso para apurar una reforma tributaria sectorial y la efectiva vigencia de la reforma laboral.
AM/ML










