Un grupo de falsificadores vio en el apagón del pasado 28 de abril, cuando la ciudadanía recordó la conveniencia de tener una linterna o una radio a pilas por si falla el suministro eléctrico, una oportunidad para hacer caja con la alta demanda de pilas. Las baterías se acabaron en muchos comercios, y las principales empresas fabricantes debían haber recibido grandes pedidos para reponerlas, pero las cuentas no salían. El conocimiento de cómo funcionan estos grupos criminales, que buscan sacar el máximo beneficio, unido a que las empresas de pilas no habían advertido ningún incremento en las ventas, dio comienzo a una investigación en la que la Policía Nacional ha intervenido 3,5 millones de pilas falsificadas, preparadas en palés para su distribución y la maquinaria que se utilizó para ponerles las etiquetas y los envases de las marcas más conocidas.
Un grupo conjunto de investigación, con agentes especializados en Extranjería y en Propiedad Industrial e Intelectual, detuvo el pasado 6 de junio a seis personas, cinco hombres y una mujer, que trabajaban y vivían en una nave industrial en Toledo donde se falsificaban estas baterías. Los arrestados, de origen asiático, quedaron en libertad tras ser puestos a disposición judicial por delitos contra la propiedad industrial, contra el mercado y los consumidores e infracción de la Ley de Extranjería. La Policía ha intervenido el cargamento de pilas, cuyo valor todavía no ha sido estimado, y que ahora custodian las marcas a las que suplantaban. Las pilas falsificadas, que no llegaron a mezclarse en el mercado, ocupaban siete camiones, según han detallado este viernes dos de los mandos del operativo en una rueda de prensa en la Jefatura Superior de Policía de Madrid.
Para un consumidor es bastante difícil diferenciar unas pilas auténticas de las falsificadas por el nivel de perfeccionamiento que tienen estas falsificaciones. Sin embargo, hay ciertos detalles, como la facilidad con la que se abre el plástico del paquete, o si pasando la uña por la parte de los polos de la pila se desprende el cierre plástico porque no está bien sellado, que pueden ser indicios de que no se trata de un producto que cumple con las garantías que ofrecen las marcas. Entre los principales riesgos que acarrea para la población que estas pilas se comercialicen están la posibilidad de explosión o que provoquen cortocircuitos en los aparatos donde se utilicen por su deficiente acabado. Cuando no está bien sellado y no funciona bien, produce corrosión: “Si lo coge un niño y se lo mete en la boca, lo chupa o entra en contacto con la piel, puede ser abrasivo o si se lo traga, no me lo quiero ni imaginar”, ha explicado José Luis Gómez, jefe de la Sección de Propiedad Industrial de la Policía Nacional.
Durante la comparecencia, en la que también intervenía el jefe de la Brigada madrileña de Extranjería y Fronteras, Víctor de las Heras, y mientras mostraban las baterías intervenidas, parte de las pilas han dejado un rastro de químicos en la mesa en la que estaban expuestas. Al cogerlas, los agentes se han dado cuenta de que algunas desprendían calor.
Aunque en estos casos, los agentes especializados intentan llegar hasta lo más alto de las organizaciones criminales, les detuvieron a comienzos de junio porque sospechaban ya las iban a distribuir. “El riesgo que tienen este tipo de productos es cuando se consiguen introducir en la cadena normal de distribución”, ha añadido Gómez, algo que no se ha llegado a producir. Los detenidos tenían preparados 75 palés entre pilas y algunos productos de tabaco que también falsificaban, como papel para liar cigarrillos.
Esos 3,5 millones de pilas constituyen la mayor aprensión que se ha realizado en los últimos 10 años, según fuentes policiales. Nunca antes se habían intervenido cuatro cadenas de producción simultánea para las diferentes fases en las que convertían unas simples pilas plateadas en pilas de las marcas más conocidas, han añadido.
El grupo investigado adquiría las pilas a través de diferentes países de la Unión Europea y las traían hasta España. Según las pesquisas policiales, se encargaban de colocar con máquinas industriales el encamisado (el envoltorio plástico con la marca) y en otras cadenas de montaje se ensamblaban en los paquetes uniendo una parte plástica y el cartón que replicaban el embalaje de las marcas. La investigación continúa para determinar en qué países de la UE se producían las baterías con el objetivo de llegar hasta sus responsables.
El grupo se había instalado en tres naves industriales de Toledo (dos en el municipio de Yuncler y una en Casarrubuelos) y oficialmente tenían un negocio de distribución de ambientadores. Para no ser descubiertos e impedir que el ruido de la maquinaria alertara a los vecinos, habían construido una habitación estanca con la que, además de amortiguar el sonido, permanecían ocultos. Tenían capacidad para preparar 30.000 unidades de pilas al día, según la investigación.
Las copias ilegales generan unas pérdidas de casi 6.000 millones de euros al año en España, según la agencia de investigación Sicpa.