El bochorno no entiende de plazos. Las nuevas revelaciones surgidas de la publicación por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos de millones de documentos más relacionados con el pederasta Jeffrey Epstein aportan más detalles sobre la turbia relación entre Andrés Mountbatten-Windsor, antes conocido como el príncipe Andrés de Inglaterra, y el multimillonario estadounidense. Su hermano, el rey Carlos III de Inglaterra, ha forzado el abandono acelerado, de noche y por la puerta de atrás, del exduque de York del Royal Lodge, la impresionante mansión que disfrutaba desde hacía décadas en el complejo del castillo de Windsor.
El monarca ya había tomado esa decisión en octubre pasado, a la luz de la gravedad de las informaciones del caso Epstein, que no han hecho más que empeorar. Ordenó que se pusiera todo en marcha para que Andrés, su exesposa, Sarah Ferguson, y las dos hijas de ambos dejaran de disfrutar de una residencia de 30 habitaciones, seis pequeñas viviendas para el personal de servicio y 40.000 metros cuadrados. Las nuevas revelaciones han añadido más bochorno a la casa real, y el monarca ha adelantado los plazos de la mudanza.
El príncipe pagó en 2003 un millón de libras (alrededor de 1,15 millones de euros) por su alquiler hasta 2078 y 7,5 millones de libras (8,6 millones de euros) para las obras de rehabilitación. Pero desde entonces, no ha desembolsado ni una sola libra esterlina más por el uso de la vivienda. De hecho, el contrato establece claramente que “la renta será de ‘un grano de pimienta’ (peppercorn, en el inglés original) al año, si resulta reclamada”. La expresión es utilizada habitualmente para describir una renta simbólica, que a todos los efectos es inexistente.
Andrés vive ya, desde esta semana, en una casa más modesta (para el nivel al que estaba acostumbrado hasta ahora), el Wood Farm Cottage, en el complejo de Sandringham, también propiedad de la familia real.
En los documentos de Epstein publicados el pasado fin de semana han surgido una serie de fotos, desconocidas hasta la fecha, de quien fuera el hijo favorito de Isabel II, que revelan el grado de intimidad que tenían él y su amigo Epstein. El expríncipe, con pantalones vaqueros y camiseta blanca, aparece a cuatro patas en el suelo sobre una mujer joven cuyo rostro se oculta. Ella está completamente vestida. Él toca su estómago, como si pretendiera masajearla. En una de las instantáneas, él mira a la cámara desde abajo, con una media sonrisa y los ojos enrojecidos por culpa del flash.
Una segunda mujer, presunta víctima de los manejos de Epstein, ha asegurado esta semana que también ella fue enviada, como mercancía, al Reino Unido para tener relaciones sexuales con el príncipe, según ha contado su abogado, Brad Edwards, a la BBC.
El encuentro entre ambos habría tenido lugar en 2010, en la lujosa mansión donde residía Andrés en el complejo del castillo de Windsor. La mujer, cuya identidad no ha sido revelada, no es de nacionalidad británica. Cuando ocurrieron los hechos que relata tenía poco más de 20 años. Después de pasar la noche con el entonces príncipe, este la llevó a visitar el palacio de Buckingham y tomar juntos el té, según ha relatado el representante legal de la mujer.
La Policía Metropolitana de Londres (conocida también como New Scotland Yard) ha confirmado ya la apertura de una investigación sobre estos nuevos datos, que han vuelto a incendiar a la opinión pública británica. Si el Gobierno de Keir Starmer, poco proclive a inmiscuirse en los asuntos de la familia real, ya presionó para que Andrés abandonara la mansión que habitaba, ahora el primer ministro le ha sugerido que, si de verdad le importan las víctimas de Epstein, como ha afirmado, acuda a testificar al comité del Congreso estadounidense que investiga los asuntos del financiero y que ha reclamado, hasta ahora sin éxito, la presencia del expríncipe.
Andrés cerró un acuerdo multimillonario extrajudicial con Virginia Giuffre —quien tenía 17 años cuando quedó atrapada en la red de Epstein—, en febrero de 2022, para zanjar la demanda que había interpuesto por abuso sexual contra el hijo de Isabel II. Nunca se hizo pública la cifra entregada por el príncipe, que jamás admitió oficialmente su culpabilidad. La prensa británica habló de unos 14 millones de euros. Gran parte de ellos salieron del patrimonio personal de la entonces reina de Inglaterra.
Tres años después del millonario acuerdo extrajudicial, el 25 de abril de 2025, Giuffre se suicidó. Sus memorias póstumas, Nobody´s Girl: A Memoir of Surviving Abuse and Fighting for Justice (La Chica de Nadie: Memorias de Supervivencia ante Abusos y de Lucha por la Justicia), fueron un intento póstumo de lograr algo de justicia, y relató en ellas al detalle los encuentros sexuales que tuvo con el príncipe, gestionados e impulsados por Epstein.
Problemas políticos para Starmer
Los papeles de Epstein han creado una tormenta en el Reino Unido que se extiende más allá de la familia real. Los datos surgidos en torno a la relación del financiero con Peter Mandelson, el veterano político que participó junto a Tony Blair en la fundación del llamado Nuevo Laborismo, amenazan con provocar una crisis de Gobierno que afectaría al propio primer ministro, Keir Starmer.
Fue Starmer quien se empeñó, contra viento y marea, en nombrar a Mandelson, conocido como “el príncipe de las tinieblas” por su habilidad para manejarse en la sombra política y forjar alianzas, como nuevo embajador en Washington hace ahora un año. Las habilidades del personajes y sus buenos contactos en la capital estadounidense le convertían en el agente idóneo para tratar con la Administración de Donald Trump. Ocho meses después, Mandelson dimitió cuando salieron a la luz los primeros documentos de Epstein y revelaron una complicidad intensa entre ambos.
Starmer ha comparecido este miércoles en el Parlamento, para hacer frente a la sesión de control semanal. Allí ha intentado mostrarse firme y duro con Mandelson, al que ha acusado de “traicionar a su país”.
“Mintió repetidamente a mi equipo al ser preguntado sobre su relación con Epstein, antes y después de su nombramiento como embajador. Me arrepiento de haberle nombrado. Si hubiera sabido lo que hoy sé, no le habría permitido acercarse a mi Gobierno”, ha respondido Starmer al acoso de la oposición respecto a este asunto.
Pero el primer ministro ha tenido que admitir también que fue advertido, durante el proceso de selección, de que Mandelson había mantenido una relación, al menos cuestionable, con Epstein en los años previos.
Aunque se ha comprometido a entregar a la policía y en hacer públicos todos los documentos de Downing Street referentes al proceso de nombramiento como embajador del exministro de Blair y de Brown, no ha podido evitar una rebelión interna en las filas del propio grupo parlamentario laborista. En la propuesta inicial del Gobierno, éste se reservaba el derecho a no entregar la información “que afectara a la seguridad nacional”.
Ha sido Angela Rayner, la defenestrada exviceprimera ministra y hoy rival de Starmer, la que ha encabezado la revuelta, al exigir en sede parlamentaria que fuera la Comision de Inteligencia y Seguridad del Parlamento la que asumiera la competencia de decidir qué documentos se entregaban y cuáles no.
Era un modo de expresar la desconfianza de muchos diputados de la izquierda con Starmer y con su asesor Morgan McSweeny, al que culpan del giro a la derecha de muchas decisiones del Gobierno y de haber impulsado el nombramiento de Mandelson. El equipo del primer ministro ha cedido para frenar la revuelta, pero el escándalo amenaza con ser un quebradero de cabeza creciente para Downing Street.
La Policía Metropolitana de Londres ha abierto una investigación formal sobre Mandelson. Los papeles de Epstein revelan que presuntamente filtró información financiera confidencial al multimillonario estadounidense cuando el político formaba aún parte del Gobierno de Gordon Brown. Era en 2009, en medio de la crisis financiera, cuando los ciudadanos habían estallado de rabia contra los banqueros.
Mandelson intentó frenar en un principio el escándalo dándose de baja del Partido Laborista, incapaz de entender la tormenta que se avecinaba. Ha acabado abandonando la Cámara de los Lores, ha sido despojado de todos sus títulos y se enfrenta a una investigación que puede derivar en peticiones de penas de cárcel.
Y, sobre todo, ha contribuido a volver a poner contra las cuerdas a Starmer.










