El Museo del Louvre anunció esta semana el cierre de un espacio de oficinas y, por precaución, de una galería de antigüedades griegas que se encuentra debajo, tras haber detectado problemas de fragilidad en algunas de las vigas de esa zona del edificio.
El problema se descubrió a raíz de un informe técnico entregado el pasado viernes que revela que «debido a cambios recientes e imprevisibles, este informe alerta al EPML (establecimiento público del Museo del Louvre) sobre la especial fragilidad de algunas vigas que sostienen los suelos de la segunda planta del ala sur», informó la institución en un comunicado.
La galería Campana, en el primer piso y que alberga nueve salas dedicadas a la cerámica griega antigua, estará cerrada mientras se llevan a cabo las «investigaciones» sobre «la especial fragilidad de algunas vigas que sostienen los suelos de la segunda planta del ala sur» del cuadrilátero Sully, que rodea el patio conocido como la «Cour Carrée», precisó el comunicado.
La galería Campana lleva el nombre del marqués romano Giampietro Campana (1807-1880), cuya colección fue una de las más importantes del siglo XVIII en Italia y Europa.
Desde hace varios años, las autoridades del museo supervisan especialmente la estructura del segundo piso del ala sur, según el texto.
«Debido a su complejo diseño arquitectónico y a las obras estructurales y de acondicionamiento realizadas en la década de 1930, los suelos de la segunda planta de esta ala presentan deficiencias«, indicó.
En consecuencia, el Louvre ha reubicado a los trabajadores que ocupaban las oficinas afectadas y cerrado al público la denominada galería Campana.
«El EPML lanzó inmediatamente una campaña complementaria de investigaciones con el fin de determinar las causas de estos cambios recientes y llevar a cabo lo antes posible los trabajos necesarios», detalló la pinacoteca más visitada del mundo.
El museo se encuentra en el ojo del huracán por sus problemas estructurales y sus deficiencias de seguridad desde el pasado 19 de octubre, cuando sufrió el robo de varias joyas de la Corona francesa, todas ellas de un valor patrimonial incalculable, que no han podido ser recuperadas aún.
Ese día, cuatro individuos estacionaron un montacargas bajo uno de los balcones del establecimiento, dos de ellos subieron a él y con una sierra radial entraron en la galería de Apolo a través de una ventana.
En cuestión de minutos, los ladrones robaron ocho joyas, entre ellas una diadema de perlas de la emperatriz Eugenia y un conjunto de collar y pendientes de zafiros de la reina María Amelia, por un valor estimado global de más de 100 millones de dólares.
Por el momento, tres personas, todas sospechosas de haber participado directamente en el atraco, han sido inculpadas y encarceladas. Las joyas siguen sin aparecer.
Con información de EFE y AFP.










